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  • Título del capítulo: Parte VI (y final)
  • Fecha de publicación: 17/03/2016
  • Lecturas: 3736
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  • Notas iniciales:



    ÉSTA NO ES LA VERSIÓN FINAL DEL CAPI. ESTOY TENIENDO ALGUNAS DIFICULTADES TÉCNICAS.




  • Shikamaru alzó las cejas. «Bueno, eso explica la prohibición».

     

    —Guau —musitó, todavía fuera de sus cabales.

     

    —¡Lo sé-’ttebayo!

     

    —Soy un borracho peligroso.

     

    —Dímelo a mí. ¿Acaso en tu clan nadie nunca se emborracha?

     

    —No, la verdad nunca he visto a un Nara borracho.

     

    Shikamaru ya se iba a voltear para que el rubio le preparase, dado que los dos se quitaron el resto de la ropa juguetonamente durante el relato del ojiazul, pero una mano morena lo detuvo por la muñeca. Con la otra, el rubio le soltó el colocho, y de inmediato los cabellos de Shikamaru se desplomaron como si el sortilegio que los mantenía erguidos en contra de la gravedad hubiese dejado de surtir efecto de repente. El rubio se acostó y apartó sus piernas.

     

    —No… es… —Se ruborizó e incorporó para mirar fijamente al pelinegro a los ojos—. Es mi turno-dattebayo, es lo justo. Además, es oportuno.

     

    —¿Estás seguro? —El rubio asintió levemente. «Supongo que dado el relato…»—. Sí, tienes razón. Es oportuno.

     

    Las palabras se le atoraron en la garganta a Naruto, quien sólo acertó a recostarse en la cama y cubrirse los ojos con la curvatura del codo. Shikamaru percibió su ansiedad y recorrió sus piernas. ¿Había alguna parte de su cuerpo que no se sintiese dura y firme? ¿Durante qué tiempo entrenaba? Aparte de verse con él y algunos amigos, el rubio tenía más responsabilidades que nunca. Tocó la parte interior de los muslos, causándole ligeras sacudidas; la parte superior apenas la rozaba con la punta de los dedos, después masajeó sus rodillas.

     

    Todo en Naruto era musculoso y fornido; aunque él esta vez era el activo, no podía evitar sentirse capado hasta cierto punto. A pesar de que el pelinegro otra vez estaba echando músculos aún era… suave en comparación a Naruto, y sin físico de adonis. Se inclinó y, mientras masajeaba los costados de Naruto, veneró su pecho. Pausó ante un pezón, no obstante, terminó por decidir en darle una lamida experimental.

     

    —¡Ah! ¡Shikamaru! —Arqueó la espalda.

     

    Naruto bajó un poco el brazo, tan sólo para ver la sonrisa de satisfacción que ostentaba el joven Nara. Un sonrojo se empezaba a extender por todas sus extremidades. Otra vez Shikamaru hizo lo mismo; esta vez más atrevido, pellizcándolos con delicadeza, frotándolos y mojándolos con su lengua, disfrutando de la cacofonía de sonidos bajitos que desplegaba el rubio con cada una de sus acciones. Siguió descendiendo por su torso, succionándolo y mordisqueándolo de a poco.

     

    No tenía prisa. Las erecciones de ambos subían con cada caricia, con cada gemido. Cuando finalmente su cara llegó al lugar dónde empezaban unos rizos rubios, se detuvo. Apartó el brazo que el ojiazul todavía tenía cubriéndole la cara, entrelazando los dedos de ambos al lado de la cabeza rubia, y le besó superficialmente. El Uzumaki ladeó la cabeza; con su otro brazo sujetó a Shikamaru firmemente de la cintura, pegando sus cuerpos, y mordió el labio inferior de Shikamaru para garantizarle mayor acceso a su cavidad. Esto era territorio conocido, algo que no intimidaba tanto al joven Hokage a pesar de tener al manipulador de sombras muy cómodo y campante entre sus piernas.

     

    Shikamaru, batallando en el beso, terminó moviendo su cuerpo contra el del moreno, presionando y frotando sus excitaciones entre sí, profiriendo gemidos que se ahogaron en el beso. Shikamaru chupó aquella piel tersa desde detrás de la oreja hasta la clavícula del rubio, dejando morados a su paso. El otro, por su lado, recorría todos los puntos sensibles de la espalda del pelinegro que podía alcanzar con sus manos, sacándole escalofríos enormes.

     

    Shikamaru interpuso una mano entre ellos para separarse, y posó sus manos en la cintura, sobándola con los pulgares desde los lados hasta el borde del ombligo. La respiración de Naruto se calmó. Shikamaru abrió la pequeña botella, untando el aceite todavía tibio sobre sus manos, hasta que sintió que estuvieron lo suficientemente resbalosas para la tarea que desarrollarían a continuación.

     

    Con determinación su mano descendió hasta las partes más íntimas del ojiazul, a las cuales él había sido él único privilegiado con acceso a ellas, y apartó un poco los glúteos prietos. El otro apretó las manos con puñados de sábanas entre sus dedos y cerró los ojos con fuerza, pues tenía un poco de miedo; el hecho de que Shikamaru estuviese ahí, mirándole tan atentamente, le inquietaba en sobremanera. El dedo corazón se perdió en aquella cavidad húmeda, introduciéndose demasiado rápido para el gusto de Naruto, quien chistó muy fuerte, no obstante, cerró la boca antes de decir palabra alguna. El de pelo largo sentía con claridad la presión en torno a su dedo. «Ahora me doy cuenta de lo estrecho que es… ¿Cómo pude recibir a Naruto aquí?». Después de un rato comenzó a penetrar al rubio lentamente al principio, aumentando la velocidad y los suspiros de Naruto, a veces moviéndolo en círculos en la medida de lo posible.

     

    Salió un dedo y entraron dos, mas no pudo hacer los movimientos necesarios para preparar al rubio bien, puesto que esa cavidad se volvió todavía más estrecha por la intranquilidad del rubio.

     

    —Cálmate.

     

    —Lo… lo intentaré-dattebayo.

     

    Sin embargo, el rubio no se calmaba, lo que motivó a Shikamaru a acariciar otra vez el interior de esos muslos. «No me había fijado antes, pero sí que tiene las piernas largas». Esos movimientos circulares, rítmicos y constantes poco a poco fueron relajando a Naruto hasta que Shikamaru pudo empezar a mover los dedos como tijeras, y meter un tercer dedo con cierta facilidad. Cuando determinó que ya era suficiente, los sacó y guió a su miembro erecto a esa entrada con su mano. Una vez hubo introducido el bálano, un escalofrío le recorrío todo el cuerpo; era muy difícil controlarse. «¿Cómo Naruto lo consiguió?».

     

    Intentó proseguir lentamente para que el rubio se acostumbrase, sin embargo, no pudo más y se introdujo de una estocada que le sacó un alarido de dolor al rubio, haciendo que éste se encogiese entre las sábanas con los ojos al borde de las lágrimas. La respiración de Shikamaru estaba agitadísima, sentía un líquido caliente correr desde la entrada de Naruto, y sabía muy bien que él era la causa, no la génesis. El olor a hierro le empezó a inundar el olfato.

     

    —Na… Naruto. Creo que deberíamos parar ahora mismo.

     

    —No —le cortó, tajante, y con la respiración agitada.

     

    —Pero estás…

     

    —¡Que no quiero!

     

    Y, como queriéndole incitar, meneó las caderas, provocando así unas sensaciones lúbricas a todo lo largo de su erección. Ante tal motivación, Shikamaru prosiguió a iniciar otra penetración lo más lentamente posible, pero ese interior le enloquecía. No pudo evitar embestir con fuerza una segunda vez, sacándole esta vez un grito de dolor a Naruto; no obstante, el rubio comenzó a menear las caderas de esa manera obscena otra vez, que lo encendió tanto que lo hizo otra vez, con más velocidad y lo más profundamente posible. Esta vez un gemido de placer, por haber dado en cierto lugar, salió de los labios del rubio; quizás producto del contraste entre el gozo y el dolor.

     

    Envalentonado y exhortado por los gemidos del rubio, tomó tan fuertemente de las caderas al ojiazul que dejó impresas por el resto de la noche las marcas de sus manos y, echándose las piernas a los hombros para poder profundizar más, empezó a subirle la velocidad paulatinamente. Al principio era bastante doloroso las embestidas para el ojiazul, pero por lo menos su orificio dejó de sangrar cada vez que el manipulador de sombras se perdía entre ese calor acogedor; tan dolorosas que Naruto estaba llorando en la cama. Cuando comenzó a llorar al instante Shikamaru quiso parar, más Naruto le advirtió que «serás maldito si planeas dejarme así», y cada vez que hacía algo que le producía sacudidas de placer pedía por lo bajito «más…» para envalentonar a Shikamaru.

     

    —Na… ah… Naruto. No sé cómo te las ingenias pa… para… para tener tanto control…

     

    —Tengo… un… puto demonio sarcástico en mi interior… suficientes rencillas para que me duren hasta el siguiente… milenio … y…¡AH…! ¿Me preguntas esas mierdas?

     

    Shikamaru tuvo que conceder que había algo de cierto en eso que decía el rubio. Decidió agarrar el trozo de carne caliente del rubio y masturbarlo violentamente (para la gran sorpresa de Naruto, pues nunca se habían tocado tan abajo cuando “jugaban” o tenían sexo, excepto en cierto lugar), deduciendo correctamente que quizá al rubio le gustaba más rudo que a él, siendo recompensado con una multitud de gemidos bajos y temblores de placer en el cuerpo del rubio. Con una exclamación violenta, el rubio derramó su esencia en la mano de Shikamaru. Momentos después, al sentir las contracciones oprimir su falo, se vertió dentro del rubio.

     

    Con cuidado salió, sintiéndose bastante culpable al ver el pequeño charco de sangre en sus sábanas. Naruto gimió un poco y trató de ovillarse, mas sintió una inmensa punzada de dolor entre sus piernas. Shikamaru lo recogió en sus brazos y lo acomodó en las almohadas, ganándose una sonrisa agradecida de Naruto, quien estaba muy cansado como para quejarse de ser tratado como una mujer.

     

    —No te irás corriendo en la mañana esta vez, ¿verdad? —inquirió mientras estrechaba al adolorido de Naruto entre sus brazos, arropando a ambos con la sábana de dormir.

     

    —Ah… No creo que pueda salir corriendo, ¡eres un maldito salvaje-dattebayo! —exclamó con “indignación” y una sonrisa juguetona en el rostro.

     

    Shikamaru inmiscuyó su mano por entre las nalgas de Naruto, presionando con delicadeza la entrada. Naruto siseó y golpeó a Shikamaru con cara de pocos amigos (eso iba a dejar un moretón).

     

    —Todavía está irritado… ¿estás seguro que estarás bien?


  • Notas Finales:
    rxdcfvhbjnkml



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