Fanficker's | Estío
Fanficker's
Porque tú haces la historia
logo
Índice de capítulos
    Fanfic:

    Estío

  • Título del capítulo: Parte IV
  • Fecha de publicación: 17/03/2016
  • Lecturas: 3379
    Ver reviews.


  • Notas iniciales:

    Ya nos acercamos al final, señoras y señores.




  •  

     

    Evitando a Naruto en la medida de lo posible probó ser una tarea destinada al fracaso, puesto que, a los dos días, Shiho decidió que estaba muy ocupada con otros asuntos oficiales como para entregar la traducción de un mensaje del País de la eterna Primavera, y resolvió que su vice jefe era la persona ideal para el trabajo; además de tener las cualidades adicionales de ser amigo del Sexto, y quizás convencerle a que aumentase el presupuesto del escuadrón.

     

    Al llegar a la Torre interrumpió una conversación entre Kurenai, cuyo hijo (y ahijado suyo) crecía muy sano y fuerte como un roble, y el Hokage. Como parecía ser algo importante (aunque no tanto como para ameritar cerrar con el pestillo la puerta) Shikamaru se disculpó y le dio el sobre con los documentos dentro, sorprendiéndose cuando Naruto le saludó de vuelta y le dio un pequeño sobre de papel manila; debía tener alguna clase de premio, o sanción, o algo así, aunque Shikamaru no sabía qué había hecho recientemente como para ameritarlo. Kurenai, al verlo, ensanchó su sonrisa de gata como si supiese algo divertido que él no, pero Shikamaru simplemente se encogió de hombros y se fue al trabajo de vuelta, dejando el sobre olvidado en algún lugar de los portafolios que siempre se llevaba a casa (con cosas no tan importantes, ¡nadie quería imaginarse las medidas de seguridad que debía tener la casa de Shiho!).

     

    Antes de llegar a su casa, después de una larga jornada y con los portafolios bajo el brazo, se topó con Naruto otra vez, quien iba de compras. «Qué fastidioso está resultando ser este día», pensó para sí, al ver que ese día debía ser precisamente el día que el rubio hacía su compra semanal de la casa, cuando él sabía que era el tercer día de cada semana y no el quinto.

     

    —¿Estás bien-dattebayo? —Debía tener una cara muy larga, porque Naruto lo miraba con los ojos afilados y un deje de preocupación—. Te ves tenso, no es usual en ti.

     

    —Simplemente tuve un malentendido… Y sí estoy tenso. No lo había pensado, pero me doy cuenta de que me duele la espalda. —Con la mano libre se sobó el hombro opuesto—. Qué fastidio.

     

    —¿Quieres un masaje?

     

    —¿Sabes hacer masajes?

     

    —He aprendido con la práctica; como las sesiones de entrenamiento de Kiba y mías son tan brutales, quedamos todo adoloridos, y puedo crear losKagebunshin sin dolor de espalda si les meto el suficiente chakra. ¡Sin mencionar lo malditamente incómoda que es la silla de ese despacho! ¿Acaso el Primero con todo su control de madera no podía hacer crecer la mejor silla del mundo? —Se enfurruñó—. Y ahora todos tenemos que sufrir por culpa de ese pedazo de mueble inservible. Pero bueno-dattebayo, creo que me voy por las ramas.

     

    —Siempre lo haces, especialmente cuando se trata de ramen. No sé cómo lo puedes comer todo el tiempo.

     

    —¡Óyeme! ¡No insultes al ramen-dattebayo! Además, ya no como eso todo el tiempo. —Para enfatizar su punto, levantó una de las bolsas para que Shikamaru vislumbrase, con cierta claridad a través del plástico blanco, algunas frutas y verduras y otras cosas—. He aprendido a cocinar un poco, hace la vida un poco más fácil y barata. El punto es, ¿quieres uno?

     

    —Supongo, no estaría de más. Este dolor es un fastidio.

     

    —Bueno, entonces, ¿te vienes conmigo? Tengo que dejar las compras-dattebayo.

     

    —No, mi casa queda más cerca de aquí; me da lata ir hasta la tuya. Vente a la mía.

     

    —¡Ah! No sé cómo te aguanto.

     

    —De la misma manera que te aguanté cuando eras más chico —mofose.

     

    Naruto le sacó la lengua y se fue saltando por los tejados. Shikamaru hubiese querido hacer lo mismo, pero el dolor de espalda se lo impedía, así que se arrastró los pies hasta su apartamento. Media hora después, Naruto estaba a la puerta, con una botella de aceite tibio y una gran sonrisa en su rostro. Shikamaru simplemente se encaminó al sillón grande.

     

    —No, ahí no-’ttebayo, que no hay espacio para hacerlo bien. ¡Camisa afuera! —Shikamaru se resignó, y se tendió en la cama una vez hubieron llegado—. Ponte cómodo.

     

    Sintió unas manos muy tibias en su espalda, que esparcían el aceite cálido con la destreza de un experto. Definitivamente el rubio tenía bastante práctica (o sus Kagebunshin; que venía a ser lo mismo a fin de cuentas).

     

    —Qué delgado estás, ¡debes entrenar más! Un día de estos no vas a poder ni cargar un kunai, y entonces me quedo con una persona menos con la que entrenar. —Shikamaru iba a devolverle el comentario con creces, pero, cuando las manos subieron a sus hombros, la réplica murió en sus labios—. ¿Qué demonios has estado haciendo? Tienes la espalda llena de nudos-dattebayo.

     

    —Ah… pensando… Uf…

     

    —Piensas demasiado, y no creo que por pensar se te ponga el cuerpo así.

     

    —Cállate… qué molestia eres… um…

     

    —Pues vas duro, además no sé qué carajos Kurumega (1) te pone a hacer para que quedes así y encima para no salir. ¡Hasta yo he salido más en estos últimos meses que tú! Desde la fiesta de las chicas, no has hecho mucho; seguro que ni sabes en qué anda cada quién.

     

    —Sé que Sai entró al ANBU.

     

    —¡Eso es confidencial-dattebayo!

     

    —Y lógico encima, porque ya tiene las habilidades por haber sido parte de la Raíz. —El rubio obtuvo su venganza al tocar en un punto especialmente sensible—. ¡Ah! ¿Pero qué haces?

     

    —Me vengo. —Soltó una risilla sofocada.

     

    —Eso suena mal.

     

    —¡Pe… pero qué cosas dices-dattebayo!

     

    —Es verdad.

     

    Pero la cabeza de Shikamaru pensaba en un plan; él no estaba satisfecho con sólo ese masaje en la espalda, él quería más: quería olvido. Quería olvidar esa decisión precipitada que tomó su boca por su cuenta, e imaginar que tenía a Temari al lado suyo y levantarse con ella en sus brazos;además de que estaba algo frustrado con la falta de avance con Naruto (él no se llamaría un hombre arrecho sino de esos que se descargaban cada cierto tiempo). Así que se volteó, con el aceite tibio escurriéndose por la espalda, para ver a Naruto a los ojos. A pesar de que el rubio no había terminado con el masaje, percibía que sus músculos se encontraban mejor, ya no tan dolorosamente tensos.

     

    —¡Bah! Eres un pervertido —le recriminó mirándole fijamente a los ojos.

     

    —Definitivamente. —El rubio se coloró al ver la sonrisa de jactancia del joven Nara, y se estremeció cuando sintió una mano recorrerle la baja espalda.

     

    —¿¡Qué haces…!? ¡Deja eso!

     

    —Naruto, qué fastidioso eres. Cállate.

     

    Y le beso muy profundamente cuando el rubio estuvo a punto de replicarle con alguna tontería, acariciando la baja espalda de aquel hombre tan fuerte y sacándole un plañido que se perdió entre sus bocas. Le hizo inclinarse hasta que él se tuvo que apoyar en un antebrazo y Naruto en sus brazos, uno en cada lado de su cuerpo. El rubio intentó, al interponer su mano entre sus cuerpos, separarse con su gran fuerza, cosa que consiguió al tiempo que Shikamaru agarraba con autoridad sus cabellos rubios.

     

    —Shikamaru… esto no…

     

    —Naruto —pronunció quedamente, al tiempo que echaba Naruto su cabeza hacia atrás para Shikamaru poder atacarle más tranquilamente—. Confía en mí.

     

    Al ver cómo las pestañas doradas del otro se agitaban ligeramente antes de velar sus ojos cerúleos, rindiéndose a él en un abandono casi absoluto, no pudo librarse del sentimiento de culpa que le invadió. Lo que enseguida prosiguió a hacer fue recorrer la base del cuello hasta la quijada de Naruto con la lengua, dejando un rastro de saliva. Naruto exhaló con un deje de resignación, entreabriendo los ojos y sus labios hinchados, sacándole exhalaciones al Nara al acariciar su cabeza.

     

    Como Naruto no parecía estar en planes de irse, con más confianza Shikamaru comenzó a subirle la sencilla camiseta negra, palpándole de cuando en cuando para distraer la inquietud de Naruto, arrancándole una exhalación brusca al rozar uno de sus puntos chocolates. Una vez la camiseta estuvo por fuera, Shikamaru recorrió con la punta de sus dedos los intersticios de las costillas de Naruto, mientras Naruto tentaba su vientre plano con tanta ligereza, que casi se confundía con el tacto de un espanto por los calosfríos que le causaba, a no ser que se transmitía la calidez característica del cuerpo de Naruto. Cambiaron de posiciones.

     

    El Uzumaki ya le había quitado la coleta, sus cabellos caían en cascada por detrás de sus hombros, recorriendo su clavícula con sus labios. Shikamaru aprovechó su estado absorto para quitarle de un tirón los pantalones azules y bóxers celestes, dejando al descubierto la parte baja del cuerpo de Naruto, tan morena como el resto. Esto sobresaltó a Naruto, quien se separó abruptamente de Shikamaru y chilló algo como «¡óyeme!», sin embargo no se quejó cuando situó sus manos frías en su cintura estrecha sino que giró su cara mirando fijamente la pared mientras Shikamaru se recostaba y tanto él como Shikamaru dejaban sus sandalias tiradas en el piso. El resto de la ropa del rubio terminó a pies de la cama, con el ojiazul agazapado en cuatro por encima de Shikamaru.

     

    Shikamaru se quitó el resto de la ropa con rapidez; luego se dedicó a abstraer al ojiazul, de esa situación que le avergonzaba tanto, con otro beso profundo. Esta vez disfrutó de la participación de ambos, enfrascados en una batalla por la dominancia; se resbalaban sobre sus pieles hasta besarse las comisuras y volvían con más ahínco a la tarea principal, ponían sus lenguas una contra la otra intentando domar al contrario, se besaban delicadamente a momentos, y se separabande cuando en cuando para respirar. Dio una mordida en el labio, para conseguir que el más bajo le diese más acceso a su cavidad, y una última pelea que, gracias a su experiencia, el manipulador de sombras ganó.

     

    Se miraron, un poco de saliva les goteaba por la barbilla. Shikamaru podía sentir cómo su hombría se despertaba y, contemplando la respiración acelerada del rubio, determinó que él también comenzaba a excitarse. Shikamaru se limpió su barbilla y boca con el dorso de la mano, en lo que Naruto deslizó una de sus manos por entre los cabellos lacios del pelinegro con cierto cariño, al tiempo que se apoyaba en la otra. Shikamaru prosiguió a recorrer muy lenta y tortuosamente aquella ancha espalda, esa cintura pequeña, caderas estrechas;, antes de amilanar al rubio y espantarlo de ahí, saltó directament a explorar un poco sus muslos, especialmente la parte interna, y evitando así la ingle. Ello agitó a Naruto, haciendo que emitiese soniditos, y casi provocó que se desplomase sobre sus rodillas.

     

    Shikamaru suspiraba pensando en piel sonrosada, rubio atrigado y ojos azul cobalto, mientras repartía besos y caricias atrevidas por la piel de Naruto. Su cuerpo era duro y esculpido por el entrenamiento. Antes de colar sus manos por cada resquicio del cuerpo del rubio, no tenía ni idea de que se podían sentir tantos músculos a flor de piel. «Me pregunto si Lee será parecido», deseó saber con su curiosidad metiche tan típica de su clan. Naruto era tan callado que, de no notar lo relajado que lo volvía él, derritiéndose entre sus manos, Shikamaru hubiese pensado que se trataba de una escultura.

     

    Naruto, por su lado, masajeaba los hombros de Shikamaru, descendiendo por su torso delgado despacio, muy despacio, pasando por todos los puntos sensibles posibles con sus manos anchas. Shikamaru alcanzó con su mano el aceite de masaje, todavía tibio, algo agitado por la anticipación.

     

    —Naruto —pronunció con la gran calma que no sentía.

     

    —… Dime —articuló sin aliento. Como toda respuesta, le mostró el aceite en su mano. Al ver que Naruto no entendió, lo tomó de la muñeca, y depositó el aceite en su mano diciendo, «creo que es hora de darle otro uso». Naruto ingenuo era mas no tonto, abrió mucho los ojos y farfulló—. Esto es… Pero… —Clavó su vista en el pelinegro, con una intensidad que casi lo hizo estremecer—. Shikamaru, ¿estás seguro?

     

    —Confía en mí. —Y se volteó, tendido en la cama con las piernas algo abiertas.

     

    Naruto se extrañó del gesto de Shikamaru, en cierto modo esperaba que se refieriese a él; sin embargo, el Nara ya había razonado su decisión de hace un tiempo atrás: Naruto nunca estaba completamente cómodo con la intimidad que se había asentado entre los dos y, como no quería alejarlo, había decidido que él debía ser el que cediese al comienzo.

     

    Naruto, al percatarse súbitamente de lo lejos que habían llegado las cosas, se quedó quieto como una estatua. Shikamaru se preocupó al no advertir movimiento alguno por parte el rubio, sin embargo, se tranquilizó un poco en medio de su mar de culpa cuando sintió una mano cálida posarse sobre su baja espalda, que luego se retiró. Naruto embadurnó en aceite a su mano derecha, su mano más hábil, y la siniestra se posó en su caderas, como para avisarle de lo que iba a pasar a continuación.

     

    Un dedo apartó las carnes de sus interiores, Shikamaru siseó por lo bajo. Le sorprendió cómo alguien que, en cierta medida, era tan pudoroso y virginal como Naruto, supiese de esas cosas, pues se figuraba que tal vez tendría que explicarle. «Aunque supongo que no debería extrañarme; después de todo Naruto es el heredero de Jiraiya-sama», caviló mientras se mordía los labios, y apretaba los puños sobre las sábanas al sentir un segundo dedo en su interior.

     

    —Me sorprende… que te lo tomes con tanta calma, chico reacio —comentó.

     

    —Cá… Cállate-dattebayo. Simplemente trato de pensar que eres una mujer —soltó con gran sinceridad.

     

    De algún modo ese comentario le afligió, calándole con mala espina muy dentro de su mente, a pesar de que era un modo de pensar perfectamente razonable y de que él hubiese hecho lo mismo de estar en la misma posición de Naruto; al menos, a pesar de faltarle forma en su figura de lápiz, con su cuerpo delgado y cabellos largos debería ser más fácil tergiversar la situación. Eso no hacía que la presión en su corazón disminuyese. Hería.

     

    Los dedos comenzaron a moverse despacio para que no le lastimasen. Le costaba acostumbrarse a aquella sensación tan incómoda y extraña en su cuerpo. Quizás percatándose de su incomodidad, el rubio dejó de mover sus dedos, optando por dejarlos quietos un rato. Esto fue mejor para Shikamaru, que tuvo tiempo de acoplarse a la situación; por lo menos hasta que el otro metió un tercer dedo en su interior que le arrancó un siseo de bastante volumen. La mano sobre sus caderas lo masajeaba para que se olvidase del dolor, surtiendo un cierto efecto. Se relajó. Un vaivén comenzó, sonrojándose al sentir cómo los dedos se separaban entre sus carnes, al principio poco y luego bastante, dando un poco de vueltas. Rozaron con un punto muy sensible de él que le sacó un gemido bastante sonoro, y los dedos apretaron ese punto otra vez, causando calosfríos y sacudidas por su delgado cuerpo.

     

    Los dedos salieron y Shikamaru enseguida entendió. Se puso en cuatro. Una mano trémula recorrió su espalda antes de que un brazo lo rodease por la cintura y sintió cómo algo se introducía lentamente en su orificio virgen. Era… diferente. Se detuvo y ambos soltaron un suspiro que no sabía que contenían y luego la virilidad untada de Naruto siguió con su camino hasta sentir esas caderas estrechas contra sus glúteos.

     

    Había oído que la primera vez de esa forma dolía, y era bastante incómodo para la persona en su posición, mas, aparte de cierta incomodidad inicial, él no sintió mucha molestia porque Naruto era un amante muy considerado. De hecho, más que considerado, era muy atento. Se notaba de veras que no quería hacerle daño entre los millares de caricias y besos con que le colmaba la espalda, mientras dictaba un vaivén lento pero placentero para los dos.

     

    Una voz se escapó de entre sus labios cuando el rubio dio con ese mismo punto que le causó tanta satisfacción cuando le ensanchaban. De ahí en adelante, todas las estocadas fueron un poco más fuertes y profundas para llegar a ese mismo punto. Casi podía ver su cordura volando lejos de sí, apenas percibiendo los gemidos, el sudor de los dos, el sonido de piel contra piel. Cuando sintió que llegaba al punto álgido del placer, expulsó toda su semilla entre las sábanas amarillas. Un medio minuto después, el rubio le siguió, derramándose en su interior.

     

    Se desplomó en la cama, falto de fuerzas, y juntó sus piernas una vez Naruto se hubo salido de su interior y tendido boquiarriba al lado suyo. Observó la respiración agitada del rubio, cómo se llevó una mano a la cabeza para apartarse la galluza de la frente, y dejar su cabello echado hacia atrás sobre la almohada, en un ademán nervioso. El brazo aún seguía en el aire y la mano estaba posada sobre sus sienes. Shikamaru decidió tomar las riendas del asunto y tratar de eliminar ese nerviosismo, murmullando con la boca cerrada. Alzó perezosamente el brazo más cerca de Naruto y le acarició una mejilla con bigotes, con el dorso de la mano, con lentitud.

     

    —¿Es esto tan malo… Naruto? —El rubio le clavó los irises de sus ojos entrecerrados sin moverse de su posición, con sentimientos indescriptibles nadando en ellos.

     

    —No… no lo es-dattebayo.

     

    Se viró para ovillarse y dormir, dejando a Shikamaru complacido con los resultados, preguntándose cómo sería la mañana siguiente entre los dos, mientras el sueño apagaba uno a uno sus sentidos.

     

    Y, por lo menos para Naruto, la mañana fue confusa y vergonzosa. Estaba acostumbrado a levantarse temprano todo el tiempo, por lo que se se encontró mirando el techo crema del apartamento de Shikamaru la mañana siguiente antes de salir el sol. Miró perezosamente al joven Nara, y enseguida se sonrojó por lo acaecido la noche anterior entre las sábanas de esa cama. Se levantó de inmediato, se duchó y, mirando muy apenado el cuerpo pálido y durmiente de Shikamaru, resolvió hacerle un desayuno como disculpa.

     

    Salió de la casa con prisa, eviándolo durante muchísimas semanas. Sabía que era una actitud infantil, pero él no era muy bueno lidiando con sus sentimientos y, después de eso tan íntimo que tuvo lugar entre ellos que cambió la naturaleza de su relación otra vez, necesitaba tiempo para pensar y calmarse. No era fácil y menos para él, porque, a pesar de lograr hacer amigos tan fácilmente, le costaba acoplarse aún después de todos estos años a sus emociones (normalmente las ignoraba y esperaba que el problema se terminase, como cuando pasó por la pubertad. Lamentablemente las cosas ya no eran tan simples como cuando era un adolescente ingenuo).

     

    Aunque debía reconocer que, tratar de evadir al genio de Shikamaru sin que los demás se diesen cuenta que intentaba evitarle específicamente, era un excelente ejercicio de estrategia y organización de horarios y otras cosas, al siempre concertar las reuniones con la jefa (o cuando ella tenía pereza, el vicejefe) del escuadrón de criptografía con los de halconería o sus asesores. Esto era porque, si le tenían que decir algo muy urgente o muy importante que no podía ser en frente de otras personas (es decir, cada muerte de obispo en tiempos de paz) podía mandar a buscar taxativamente a Shiho y a nadie más, para que le informase de la situación. Y otros trucos más.

     

    Así, en un día nublado, que amenazaba con caer otra nevada pues el clima había estado muy raro últimamente, Naruto se encontraba en su despacho después de leer mecánicamente todos los papeles que pasaron por su escritorio, por varias horas y sin parar, con la foto del equipo siete en su mano y la otra trazando la cara de Sakura. Pero en lugar de fantasear (en el buen sentido) con una Sakura mayor, de mirada de nuevos pastos primaverales en vez de ademán de invierno, se le venía a la cabeza cierto pelinegro con cara de aburrimiento ante la vida. No sabía cuándo había comenzado a pensar más a menudo en Shikamaru, hasta el punto de reemplazar a cierta mujer preciosa de cabellos rosas, pero el hecho era que sus sentimientos estaban definidos y nada más tenía que aceptarlos.

     

    Dejó la foto en paz, pues lo hacía más por costumbre que por otra cosa, y suspiró y miró al techo fijamente hasta que su secretaria, Matsuri, trajo más papeles a su escritorio. Le dio las gracias un poco distraído, sin ver la mirada de preocupación que le asestó, mientras salía por la puerta para suspirar y ponerse a trabajar como un esclavo otra vez (en su humilde opinión, no le pagaban lo suficiente por todo el trabajo que hacía, mas se vería muy mal si se aumentaba el sueldo; por eso no lo hacía). Se topó con un informe de una misión fallida clase C, debido a que uno de los genin presentes se acobardó. Eso lo dejó de piedra, no tanto por los genin puesto que estaban recién salidos de la Academia, sino por su actitud en esos momentos. «¡Estoy siendo un cobarde!», golpeó la mesa con un puño decidido. «Al terminar la jornada voy a hablar con Shikamaru». Y así decidido y con nuevo brío, se dedicó con ahínco a los papeles hasta la hora de salir.

     

    Al morir el día, dobló la túnica de Hokage y la dejó en su silla; salió del edificio, saludando muy alegremente a su secretaria con rastas negras en los cabellos; sin siquiera percatarse de la mirada brillante que le dirigió al saber que ésa era la sonrisa radiante sólo de ella, la que le dedicaba al salir de su despacho todos los días; caminando hasta la entrada del departamento del edificio donde se encontraba el escuadrón de Criptografía, esperando muy pacientemente a Shikamaru; cosa que a nadie le extrañó pues pensaban que habían estrechado su amistad. Veía el vaho de su respiración y se frotó las manos. Cuando vio salir a un cierto pelinegro con cabeza de piña enseguida, le saludó. El Nara le devolvió perezosamente el saludo de vuelta y ambos saltaron al tejado más cercano.

     

    —Hola —dijo Naruto por lo bajo y rascándose la mejilla con un dedo.

     

    —Qué molesto eres, Naruto. Uno pensaría que sería más fácil encontrar al Hokage cuando se ha terminado el día.

     

    —¿Todo este tiempo… me has estado buscando-dattebayo…?

     

    —Bueno, no todo; después de las primeras, no sé, cuatro o cinco semanas me rendí. Pensé que luego bajarías la guardia, pero has mejorado bastante así que, eventualmente, dejé de hacerlo porque era muy aburrido. Eres tan obstinado que es un fastidio.

     

    —Típico, Shikamaru, típico. Dejar de hacer las cosas por pereza, ¿cuándo aprenderás a hacer cosas por tu cuenta? —Por dentro sentía un alivio enorme al saber que el otro se lo tomaba con tanta calma.

     

    —Nunca, aprender es un fastidio. Tuve suficiente de eso en la Academia.

     

    —Ajá, te entiendo, tampoco fueron mis mejores años-dattebayo.

     

    —¡No me digas!

     

    —¡Tú no hables! Sólo solías ver nubes tumbado por ahí, escapándote todo el tiempo de clase con nosotros.

     

    —Aún sigo «viendo nubes tumbado por ahí», aunque es algo difícil ahora mismo.

     

    —Sí, este invierno está inusualmente frío. Tuve que pedirle consejos a Koyuki-chan, ¡administrar ahora es bastante diferente! Se me ha inflado el presupuesto con unas compras de emergencia… Suerte que Konoha es una Aldea próspera, que no pasaremos muchas carencias-dattebayo. —Se ajustó el borde de la capucha para protegerse la parte baja de la cara.

     

    —Qué suerte, porque tenemos una historia muy problemática.

     

    —¡La historia del mundo en general es problemática! Con todas esas fechas difíciles de recordar que se le confunden a uno en la testa, y me dan dolores de cabeza cada vez que me piden que me acuerde de una. ¡Lo peor es que la vieja me hizo estudiar la bendita historia de los países elementales-’ttebayo!

     

    —Ésa no es una idea tan mala.

     

    —Pero es aburridísima y tuve que traerme a Konohamaru y a Gamakichi a que me explicasen las cosas. A Konohamaru le pareció genial, por supuesto; dijo que era un buen entrenamiento para preparar a mi sucesor, o alguna pendejada así, pero Gamakichi no me lo perdona, y se la pasó toda la maldita sesión de estudio recordándome lo del entrenamiento de Senjutsu-dattebayo.

     

    —Ah, verdad, que eres un Sabio; no que te quede ese título. ¿Cómo fue ese entrenamiento?

     

    —Fue en Myôboku-zan cerca de unas estatuas de humanos rana… Ay, olvídalo, ¡algunas cosas es mejor olvidarlas!

     

    —¿Tan horrible fue?

     

    —Más bien sofocante, ¡y ni me recuerdes la comida! ¡Qué asco!

     

    —Insectos, me imagino.

     

    —Insectos, lombrices y otras cosas que hasta el sol de hoy no sé lo que son. ¡Cómo extrañé mi querido ramen! Ay, hablando de ramen, tengo que comprar más que se me está acabando en la casa-dattebayo.

     

    —Comer bien se hace al ingerir todos los grupos alimenticios.

     

    —¡El ramen tiene todos los grupos alimenticios! Agua, carne, vegetales, condimentos y tallarines, ¡sí señor! —Asintió decididamente.

     

    Ya se encontraban enfrente de la puerta del apartamento de Shikamaru; ese ejercicio les había calentado sus músculos. Sacudieron sus zapatos en el tapete de la entrada. Una vez dentro del apartamento, Naruto puso su capucha por encima de la mesita de café, enfrente del sillón grande, y se sentó ahí; Shikamaru se encaminó a la cocina y abrió una alacena baja.

     

    —¿Has estado entrenando?

     

    —Algo, sí —comentó, ausente, tocándose un bícep con la mano opuesta—. Lee me llamó a capítulo, quejándose que estaba «dejando pasar la primavera de la juventud» y me ha puesto en un régimen de entrenamiento de lo más brutal. —Sacó una botella blanca y la puso encima de la alacena—. Fue fastidioso, pero tenía razón; me había descuidado, y además estoy listado como un shinobi activo. Lo siento, el único licor que te puedo ofrecer es sake. ¿Quieres? —Naruto asintió y Shikamaru lo sirvió en dos vasitos pequeños, y le dio uno al rubio, sentándose al otro lado del sillón grande y puso la botella de sake en la mesa.

     

    —No sabía que tuvieses alcohol en la casa.

     

    —No solía, pero desde que me diste la prohibición de beber socialmente, ya sólo puedo hacerlo dentro de mi casa. Supongo que puedo estar contento que al menos puedo tomar y no es una total.

     

    —Supones bien. —Rió, algo apenado.

     

    —¿Por qué fue?

     

    —¿Podemos hablar de otra cosa? —«Debió haber sido por lo que pasó esa noche. Qué raro, Naruto no abusa de su poder».

     

    —Supongo. Ahora, Naruto, ¿se puede saber por qué me evitaste esta vez por tanto tiempo?

     

    —Porque sigo siendo un estúpido-dattebayo. —El pelinegro le miró sorprendido al admitir con tanta facilidad eso—. Me es… me cuesta tratar con otra gente así y al día siguiente, bueno… —Se encorvó con los antebrazos sobre los muslos y una mano desordenándose los cabellos—. Entré en pánico-dattebayo.

     

    —¿En pánico? —No pudo evitar alzar las cejas.

     

    —Pues sí… Es algo tan nuevo… Jamás había estado tan cerca de alguien-dattebayo. —Otra vez Shikamaru sintió ese peso en su estómago. Naruto soltó una carcajada corta y continuó—: Siento joderte con mis cosas, debo parecerte como un bobo en estos momentos. ¿Alguna vez has pasado por esto-’ttebayo?

     

    —No sabría decirte… supongo que es diferente para todo el mundo. —Se encogió de hombros y sirvió más sake—. Aunque me imaguno que es un, no sé, algo como un alivio que no te parezca asqueroso. —Se tomó el trago.

     

    —Supongo… ¿Por qué la vida es tan rara? ¡Siempre se las arregla para complicarse! Es tan molesto…

     

    —Y es por eso que hago lo menos posible. Entre menos cosas, menos se complica.

     

    —¡Tú buscas cualquier excusa para tu soberana pereza!

     

    —Puede ser y hasta puede que un día la gente se las trague.

     

    —No lo creo, ya la gente te conoce demasiado bien aquí-dattebayo.

     

    —Entonces me mudo a la Niebla o algo así; lejos donde me dejen en paz.

     

    —Pero entonces te mandaría a buscar, necesito un asesor que no me coarte-dattebayo.

     

    —Pues has hecho un buen trabajo “usándome”, ¿sabes?, con lo de evitarme todo este tiempo.

     

    —¡Caramba contigo! ¿¡Me lo tienes que echar en cara!? ¡No soy un irresponsable! Ni que hubiesen habido decisiones críticas o algo por el estilo, no estamos en guerra como para preocuparnos por esas cosas.

     

    —Ah, la guerra. Me gustan las cosas así, tan tranquilas. Ver mi vida ahora mismo, excepto la parte donde esa mujer me saca el jugo, me gusta. Es bastante tranquila, casi como una nube.

     

    —Nunca voy a entender tu fascinación con las nubes-dattebayo.

     

    —No molestan a nadie y son tranquilas. Me gusta tomarme mi tiempo. —Bostezó.

     

    —¡No cabe duda! —Echó la cabeza hacia atrás, dejando escapar una risa refrescante.

     

    —¿Sabes qué también me gusta?

     

    —N… n… no… —tartamudeó al ver cómo Shikamaru se acercaba felinamente dónde él, hasta quedar encima, con los brazos a ambos lados de su cabeza y él con la cabeza en el apoyabrazos del sillón.

     

    —Besarte —contestó con total sinceridad.

     

    Naruto contuvo la respiración por unos instantes, que le parecieron una eternidad, en lo que la cabeza de Shikamaru descendía para unir sus labios contra los suyos. Un ósculo sencillo, que se tornó en un beso hambriento, un beso que no podía saciar su sed del otro. De alguna manera, aunque no lo admitiesen, se habían extrañado; esa intimidad extraña se tornaba más cómoda con el tiempo al acostumbrarse al tacto del uno al otro. Se separaron ya cortos de aliento, tan cerca que podían percibir el aroma a alcohol en la respiración agitada del otro.

     

    —Shikamaru…

     

    —Dime. —El aliento del pelinegro contra su oído le alteraba.

     

    —¿Por qué…? Digo, es decir; ¿cuál… cuál fue tu razón para comenzar con esto-’ttebayo? —balbuceó.

     

    El pelinegro gimió molesto y retrocedió, dejándose caer en el otro asiento del sillón, desparramado entre el apoyabrazos y el respaldar, con todo su peso en antebrazo que se encontraba encima del apoyabrazos del sillón. Atisbaba a Naruto desde el rabillo del ojo. Naruto se extrañó del gesto tan raro de Shikamaru, pero decidió callar de momento. Cerrando los ojos, Shikamaru exhaló fuertemente.

     

    La tentación para mentir era demasiada, sin embargo, sería aún más problemático si Naruto se daba cuenta de la verdad después, asumiendo que podía mentirle exitosamente en primer lugar. El rubio había mejorado muchísimo con los años; era capaz de percibir mentiras respecto a asuntos importantes o que le interesasen, y, lamentablemente, esa respuesta caía enambas categorías. Podría hacerse el loco, y negar una respuesta, mas Naruto era muy porfiado; le sonsacaría la respuesta tarde o temprano. Por alguna razón, temía que eso causase que el ojiazul le odiase y no quisiese verlo nunca más en su vida y mucho menos que le dejase estar tan cerca así. Al mal paso, darle prisa.

     

    —Porque estabas ahí.

     

    —¿Eh…?

     

    —Después de esa mañana —los dos sabían muy bien a que se refería—, me entró la curiosidad. Era como una comezón que me tenía que rascar. Y, bueno, sumado a lo de Temari… —Shikamaru tragó saliva al notar que los ojos de Naruto se iban afilando—. Te le pareces un poco. Quería distraerme y sé que fue muy est…

     

    —Gracias —interrumpió con una voz gélida y autoritaria—. Creo que escuché lo suficiente, Nara.

     

    Se levantó bruscamente, se puso su capa encima, y salió a trompicones del apartamento de Shikamaru; estrellando la puerta con fuerza tal que salieron grietas alrededor de todo el marco. Iba a tener que mandar a arreglar eso. Tembló un poco; jamás había visto al Uzumaki tan enfadado. Con lo amigable que era Naruto, era fácil olvidarlo, pero le habían elegido Hokage por una razón. Puso su cabeza entre sus manos. No sólo había destruido su relación con Temari mediante unas palabras sin pensar sino que ahora, por ser tan egoísta, había arruinado lo suyo con Naruto.

     

    Los próximos días fueron un calvario; el ojiazul no le evitaba pero, de alguna manera, eso volvía peor su tormento al verlo en el despacho clavándole miradas subrepticias que los demás ocupantes no notaban, o cuando lo saludaba con una falsa sonrisa cordial de oreja a oreja que se clavaba en su corazón como el frío se calaba en sus huesos con ahínco (ya las nevadas habían cesado). Se sentía tan desolado en medio de la aberrante tormenta de nieve que el rubio desataba alrededor de él, pues se suponía que Naruto era un sol que caminaba entre las lluvias de invierno, iluminando las calles con su presencia.

     

    Al cabo de un tiempo, no soportó más la escarcha que se formaba en su alma cada vez que pasaba tiempo con el rubio por sus obligaciones, o cuando Chôji y Kiba se iban a beber (el no podía, gracias al bendito sobre manila) y los arrastraban consigo, por lo que decidió ser de armas tomar.

     

    A eso de las cuatro de la tarde, que ya anochecía, se escabulló detrás de Naruto cuando él tomaba su atajo a Ichiraku, para que no lo molestase la gente mientras trataba de caminar tranquilamente,y, aprovechando que las sombras se alargaban, intentó alcanzar a Naruto con ellas; no obstante, Naruto lo percibió enseguida, saltó y terminó con los pies pegados a la pared, como acuclillado, lo cual se veía extraño con la capa encima. Al ver de quién se trataba, su rostro adquirió un aspecto amenazador; se movió tan rápido que Shikamaru no le pudo seguir el paso, agarró uno de sus brazos, lo torció detrás de él y, con su mano, le estampó el costado de la cara contra la pared.

     

    —¿¡Se puede saber qué carajo quieres-dattebayo!? —Naruto estaba furioso.

     

    —Hablar —dijo lo más tranquilamente que pudo, a pesar de estar haciendo una mueca de dolor. El brazo se sentía como una tortura y Naruto lo torció un poco más, sacándole un siseo.

     

    —Conque hablar… De eso ya hemos hecho bastante, ¿no crees? ¿¡Por qué mejor no me dejas en paz!?

     

    —De veras… que necesito hablar contigo —profirió un grito mudo de dolor cuando el rubio le torció aun más el brazo—. Naruto, por favor… déjame explicarme. —Oyó una inspiración brusca, y sintió cómo Naruto apretaba aún más su muñeca antes de soltarla.

     

    —Ya te explicaste-dattebayo y creo que lo dejaste muy claro. —Se recostó contra la pared desviando la mirada—. ¿Ahora qué me vas a decir? ¿Que quieres usarme otra vez? ¡Mira que tonto fui, seguro que nada más te distraías conmigo hasta que Temari viniese! —le espetó a Shikamaru que ya había volteado a verle.

     

    —¡Las cosas no son tan simples!

     

    —¿Ah, no? Pues, que yo sepa, mientras yo estaba de tonto facilitándote las cosas, tú y Temari partieron en buen pie —«conque de eso se trata…», pensó cuando Naruto le recriminaba con el índice, agitado y con las mejillas coloradas—; ¡así que puedes irte con ella! Si quieres, te hago un permiso y todo y convenzo a Gaara para que pase y nos inventamos algo ahí.

     

    —Qué fastidio eres Naruto. —De repente comenzó a llover a cántaros, el clima de invierno era un fastidio.

     

    —No, ¡tú eres el fastidio-’ttebayo! Ahora, si me disculpas, te agradecería mucho que me dejes en paz. —Comenzó a proseguir su camino.

     

    —¿Sabes? —El sonido de su voz detuvo a Naruto—. Temari vino para disculparse y decir que sí a, tú sabes, poner las cosas en orden como quién dice. —La voz se le comenzó a quebrar—. Pero yo dije que no. No sabía por qué y aún no sé por qué, y creo que me intimida un poco indagar en eso, pero le dije que no.

     

    —¿Y como sé… que no me mientes? —Clavole sus ojos azul cerúleo por encima del hombro.

     

    —… —El pelinegro dio un paso vacilante hacia adelante—. Yo no miento, Naruto. —Y Naruto supo que era verdad.

     

    —Entonces… —lágrimas heladas comenzaron a surcar sus mejillas—. ¿Por qué?

     

    —Lo siento. —Alcanzó al lado suyo—. Pero es que soy terriblemente egoísta. Ni siquiera tuve en cuenta tus sentimientos y, podría disculparme, pero no me importó mucho aquello.

     

    —Eres un imbécil, Shikamaru-dattebayo.

     

    —Lo soy. ¿Quieres comer ramen con este imbécil? Me da lata cocinar hoy, y ya te he seguido hasta aquí. —Limpió con el dorso de su mano fría las lágrimas que se confundían con la lluvia.

     

    —Dale, pues. No es que no me has advertido de antemano de tus defectos.

     

    Fue grato poderse besar de nuevo sin tener más obstáculos entre los dos, con la lluvia ocultándolos a la vista de las patrullas de shinobi que recorrían la Aldea, y poder estrechar el cuerpo más chico, fornido y cálido del rubio, para entibiar su cuerpo de témpano. Ser sincero con el rubio era la mejor opción. Fue todavía más satisfactorio ingerir el ramen caliente con una conversación amena, y aún mejor tres semanas después, cuando acabaron fogosamente entrelazados en su sillón, tan cercanos otra vez. Y otra. Y otra más. Sí, el tiempo transcurrió de una manera deliciosa por esos, meses a pesar de que sentía cómo disminuía su masculinidad al ser todavía el pasivo (paciencia, se decía, paciencia). Porque Naruto era como el verano y a él no le importaba gozar de esa candidez acogedora.

     

     

    .

    o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o

    .

     

     

    Shikamaru emitía un aura tranquila y satisfecha a cierto nivel, que todo el mundo notaba, maravillándose que era posible que el (normalmente descomplicado) joven genio Nara pudiese estar aún más laxo. Claro que no le indicaban nada porque también lo percibían como bastante contento, a pesar de tener la misma expresión de siempre, con la mirada perdida en el espacio sideral del techo de su pequeña oficina.

     

    Así se encontraba, dirigiéndose con mensajes descifrados de mediana importancia, provenientes de la Hierba, metidos en un cartapacio de color rojo brillante (nada que fuese un riesgo a la seguridad si alguien lo veía) para ver a Naruto por ese día, caminando con buen paso. Últimamente el Hokage había estado muy ocupado y no le había visto pero ni la sombra en el último par de semanas. Saludó a la secretaria de Naruto, esa genin de peinado extraño.

     

    —Hola.

     

    —¡Shikamaru-han (2)! ¡Qué raro verle así de repente!

     

    —Sí, bueno, es que esto —dijo sacudiendo el cartapacio— lo ameritaba.

     

    —Hokage-sama ahora mismo está en una reunión con Haruno-han, ¿por qué no viene más tarde?

     

    —Nah, sería un fastidio tener que volver a subir todas esas escaleras desde el escuadrón de Criptografía en el edificio de al lado. No, mejor interrumpo. Si es con Sakura no debe ser muy importante.

     

    —Pero la cita fue concertada de antemano…

     

    —Sakura siempre está muy ocupada, si fuese algo importante mandaría a una enfermera —explicó descartando sus preocupaciones—. Debe ser algo personal, creo que puedo interrumpir por un asunto oficial.

     

    —Oh, muy bien, pues. —Y se dedicó a seguir haciendo lo que sea que la secretaria de Naruto hacía (Shikamaru no tenía ni idea).

     

    El pelinegro abrió la puerta muy lentamente. Ahí estaban Naruto y Sakura; Naruto parado, lo que ya de por sí era bastante inusual, y los dos hablaban muy animadamente, aunque con cierta tristeza en sus gestos, muy quedo. Algo le quemaba las entrañas, sentía que ya no tenía sangre sino agua hirviente recorriéndole las venas. Naruto siempre había gustado de Sakura y ahora aquí la tenía, en actitud muy vulnerable y más cerca que la distancia mínima aceptable (que tratándose de Naruto y de sus abrazos, palmadas y saludos frecuentes, ya de por sí era bastante mínima).

     

    «Estoy celoso… ¿cuándo comencé a celar a Naruto?», se preguntó, mientras sentía cómo las colores se le subían a la cara del enfado. Inspiró y espiró profundamente tratando de centrarse; ya iba a entrar cuando Sakura, de repente, prorrumpió en lágrimas y se aferró a Naruto con todas sus fuerzas, y Naruto le besó la frente y la abrazó de vuelta. No quería ver más, «y más le vale a ese idiota tener una explicación», pensó, a pesar de que él bien sabía que Naruto no era de esa clase de personas. Volteó a ver a la pelinegra.

     

    —Pensándolo bien, ¿por qué mejor no se lo das tú cuando esté libre? —comentó al aire, con la misma cara de indiferencia con la que llegó—. Así me ahorro el viaje de vuelta y un momento incómodo al interrumpir a Naruto.

     

    —¿No es eso algo súper importante y secreto?

     

    —Importante sí, pero tampoco hay la necesidad de hacerlo confidencial.

     

    —En ese caso, ¡encantada! —Le tendió el cartapacio y ella lo guardó en una gaveta—. ¡Que tenga un buen día!

     

    —Gracias, igual. —Alzó la mano como despedida y se devolvió por donde vino.

     

    Ya en su oficina, concentrado en el chakra de Sakura con todas sus fuerzas, le irritó todavía más percatarse de que pasó más de una hora antes de que Sakura saliese de la torre Hokage (él no era un sensor, podía concentrarse en personas cerca pero no precisar su ubicación). Estaba impaciente a que se terminase la jornada. Lástima que estuviese furioso, porque las nubes de primavera, tan grandes y esponjosas que se podían ver por la ventana, eran preciosas.

     

     


  • Notas Finales:

    [1] Kurumega 狂めが (loco+ojos), viene de juntar 狂気 (kyôki, locura —el primero significa algo como «loco», y una de sus otras maneras posibles de ser leído es kuru, y el segundo es espíritu n.n—) y 眼鏡 (megane, めがね, anteojos). Básicamente, le está llamando «lentes locos» a la pobre de Shiho xD (me inspiré en Kaminomi, dónde Keima es otamega).

    [2] -han, pronunciación en Kansai-ben (el dialecto de Osaka) de -san. De hecho, aparece en una de las sagas de relleno de la primera parte, en la que Naruto tiene que cumplir una misión con Ino e Ino tiene que substituir a una princesa o algo así mientras hace dieta para que el prometido no piense que es fea xD No me acuerdo de los episodios, ¡fue hace tanto tiempo y me da pereza buscarlo en la Wikipedia! Así que podemos decir que ese dialecto sí existe en el mundo de Naruto xD (bueno, ya estoy usando material de las pelis así que…).




Denunciar

Dejar Review como: Invitado o Iniciar Sesión



Este capítulo no tiene reviews aún.