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    Estío

  • Título del capítulo: Parte II
  • Fecha de publicación: 17/03/2016
  • Lecturas: 3445
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  • Notas iniciales:

    Sigan viendo la relación cómo estos dos cabezas huecas se juntan.




  •  

     

    Shikamaru y Temari tenían una relación interesante. Había una corriente por debajo de todas y cada una de sus interacciones; pero ninguno había hecho nada al respecto durante mucho tiempo gracias al «maldito machismo de Shikamaru» (Temari), y a que las cosas estaban muy bien como estaban, y no había necesidad de complicarlas más (Shikamaru).

     

    Con el tiempo, ese equilibrio cómodo comenzó a cambiar. Cuando Temari se volvió emisaria entre la Hoja y la Arena, se empezaron a ver con más frecuencia y descubrieron que tenían algo en común: la desesperación ante la insistencia de la gente a complicarlo todo (claro que, según Shikamaru, Temari era igual a todo el resto del mundo en ese aspecto, y que él lo sería de no ser tan perezoso). Cuando Temari le hizo saber a Shikamaru de su atracción, él enseguida le enteró que era recíproco; y comenzaron una relación algo informal en todos los sentidos, que florecía entre las estadías de Temari en la Aldea, aunque habían siempre ciertos roces por pequeñeces. (Pero estaba bien así. Así funcionaban).

     

    Cuando a Temari la llamaron de vuelta, de forma semi-perenne, a la Arena para ser una jônin las cosas se deterioraron. Rápido. Shikamaru, al ser una de las personas más importantes del escuadrón de Criptografía, no podía salir mucho de la Aldea, debido al miedo perfectamente razonable de perder a una de las mentes más brillantes del lugar; así que las visitas eran muchísimo más infrecuentes de parte de Shikamaru, lo cual irritaba a Temari. La corriente que hacía que su relación fuese siempre cambiante se empezó a acumular (el pelinegro comenzó a razonar que, quizás, su relación no estaba hecha para la larga distancia) y cada vez que se veían desembocaba el encuentro en una pelea. Las cosas se empeoraron cuando el joven Uzumaki fue nombrado Hokage por fin; puesto que Shikamaru era uno de sus más preciados amigos y consejeros, así que era muy lógico que quisiese tenerlo cerca. Ellos peleaban por cualquier nadería y, muchas veces, al terminar la discusión yéndose cada uno por su lado, se preguntaba por qué él, tan perezoso, se molestaría en reñir por algo tan insignificante como eso.

     

    Naruto era un muy buen amigo, que se preocupaba mucho por todos. Cuando Shikamaru le rogó a Naruto que, por favor, le dejase ir a la Arena, Naruto entendió a qué venía el asunto e, inmediatamente, le envió con un equipo genin recién graduado en una misión de clase C, a llevar un mensaje de “vital importancia"”para el otro rubio. (Quizás de vital importancia para Naruto. Shikamaru no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás y reírse al entrarle la curiosidad, por la zorruna sonrisa de Naruto, y por abrir el mensaje en el despacho mismo frente a Naruto: «Gaara: la última vez que te vi, hace ya un par de años, se me olvidó preguntarte; y casi todas mis misiones allá me dejaron muy poco tiempo pero… ¿hay puestos de ramen en Sunagakure?»).

     

    De buen humor, a pesar de tener que ir por tres días por un desierto horrible, las cosas no se mantuvieron igual cuando llegaron a Suna. Su última pelea fue tan grande que el mismísimo Kazekage se vio obligado a entrometerse, y a obligarles a pasar un tiempo a solas para que se tranquilizasen. El último día, Shikamaru hizo de tripas corazón, y fue a la puerta de Temari para disculparse y declarar sus sentimientos, cuando Temari misma le informó que no debían continuar esa relación.

     

    Shikamaru no presumía entender los misterios femeninos. Fue por eso que aceptó con ecuanimidad el dictamen de Temari, a pesar de que ella misma le informó, después de que él terminó su confesión, de que su afecto era recíproco; fue por eso que salió con cara de piedra de la Aldea de la Arena, acompañado de unos muy entusiastas jônin y genin que acababan de conocer al Kazekage, felices por ello. No se dio cuenta qué tanto le importó eso hasta que estuvo en su diminuto apartamento, tirado y con lágrimas recorriéndole las mejillas sin saber cómo pararlas. Al comer lo mínimo necesario y tener muchísima menos energía de lo habitual, despertó la preocupación de Chôji (tolerable) y la atención de Ino (sálvese quién pueda). Fue por eso que, cuando Ino llegó tronando a su puerta, no puso ningún pero a su invitación para ir a la fiesta, y no protestó cuando Ino le echó un atuendo más festivo de lo que en verdad se sentía para que se lo pusiese.

     

    Arrastrado, de camino analizó su situación. «Sí, quizás es mejor que vaya a la fiesta. Conociendo a Tenten, lo más seguro es que haya montañas y montañas de alcohol. Una resaca es problemática, creo, pero mis pensamientos ahora mismo lo son aún más». De esa forma Shikamaru se dispuso a olvidar, como muchos dipsómanos que llenaban los bares de la Aldea, sus pesares con la botella. «Y además, el alcohol mata las neuronas», cosa que sabía gracias a las interminables charlas de Sakura sobre la moderación que ella misma no cumplía, «quizás así trabajo menos si mi sesera tiene menos contenido…». Un poco divertido ante sus pensamientos, decidió que la fiesta no había sido tan mala idea. No ayudó con la preparación, escondiéndose en la lavandería mirando el cielo negro como boca de lobo, pero sí se dispuso a ver charlar a todo el mundo, mientras tomaba vaso tras vaso, hasta que no supo muy bien dónde estaba ni como quedó en su apartamento.

     

    Ahora mismo tenía un fuerte dolor de cabeza que, por suerte, no era tan fuerte porque alguien había tenido la consideración de quitarle su colocho tan apretado, y un mareo incontenible que quería que se acabase de una buena vez. Había tenido un sueño bastante placentero, Temari de protagonista, que protestaba y protestaba como siempre hasta que finalmente levantó sus brazos en señal de derrota y musitó un «me rindo». Fue bastante movido. Abrió los ojos, que le picaban, y todo se veía un poco desenfocado. «¿Quién me llevó a casa?», se preguntó bostezando con toda parsimonia. Despertó en una laguna de oro resplandeciente, y percibió un suave cuerpo durmiente al lado de él. «Genial, me he acostado con Ino», y volvió a cerrar los ojos con pesadez. Para su pesar, su mente comenzó a chirriar sus engranajes invisibles; «pelo dorado… Pero si Ino…». Al darse cuenta a quién exactamente pertenecía esa figura impecablemente curvilínea, pegó un alarido al tiempo que se estrellaba contra la pared.

     

    —… Jum… —Un ojo cerúleo lo miró adormilado por encima del hombro esculpido de su forma femenina—. ¿Shikamaru…? —Poco a poco se abrió desmesuradamente al darse cuenta de la situación en la que estaban—. ¡SHIKAMARU!

     

    Enseguida, Naruto saltó de la cama, pegándose contra la pared opuesta a la ventana con cara de muerte. Shikamaru tenía una migraña muy grande y ganas de vomitar por culpa de la resaca. El Sexto era de lo más problemático. Miró con pereza la excesivamente atractiva apariencia de su primera técnica original; mientras, Naruto se doblaba por el costado de la cama, recogiendo sus ropas con prisa. No pudo evitar notar, con cierta consternación al sentir cómo sus cachetes se calentaban, el residuo seco entre esas piernas torneadas y arrebatadoramente femeninas. Un hilo de sangre bajó por su nariz. Quejose. «Qué problemático…».

     

    Una vez hubo terminado de recoger sus efectos personales, Naruto se apresuró a salir del cuarto de Shikamaru, con toda la celeridad posible para alguien con cierto mareo y en estado de desnudez. Shikamaru suspiró, e intentose dirigir al baño para vomitar su malestar, pero terminó cayéndose por su falta de equilibrio. Enseguida, un rubio Naruto, hombre, sin camisa y en pantalones, cabellos rubios alborotados y con tan sólo una sandalia puesta entró a la habitación a toda prisa muy preocupado.

     

    —¿Estás bien? —interpeló el ojiazul con cierta consternación.

     

    Shikamaru gruñó de vuelta. Naruto suspiró, y recogió el flacuchento cuerpo de Shikamaru, poniéndose un brazo por detrás del cuello para ayudarlo a ir al baño. Se tomaron un tiempo, pues Shikamaru tenía la mala costumbre de arrastrar los pies. Se arrodilló frente al inodoro y expulsó todo el contenido de su estómago, mientras un rubio le sostenía los cabellos para que no se le ensuciasen, y otro buscaba algo en el botiquín del espejo del baño. Una bochorno invadió sus mejillas otra vez al recordar vagamente el sueño, haciéndole especialmente consciente de la mano en su cabeza. Cuando se se hubo limpiado con papel higiénico, el otro rubio le ofreció un vaso de agua y una pastilla para los dolores de cabeza (casi se sorprendió hasta que razonó que, como Naruto pasaba mucho tiempo con la Quinta, era de esperarse que supiese cómo tratar a alguien con resaca). Su cabello cayó alrededor de su cara puntiaguda.

     

    Mientras se refrescaba con el vaso de agua, luego de ingerir la pastilla, reflexionó sobre la situación actual. Era casi… cómoda. Naruto y él se avenían bien. «Vamos a tener que hablarlo». Le pasó el vaso a (lo que el asumió era) la réplica. y bajó la cadena.

     

    —Naruto, sobre esta mañana…

     

    —Shikamaru, ¿podemos pretender que no pasó nada-dattebayo?

     

    Con cierta reserva, asintió lentamente. «Esto va a ser complicado. Qué fastidio». Naruto asintió con una pequeña sonrisa de agradecimiento, y se retiró de su presencia con un sonrojo de sofoco. Respiró profundamente, trastabillando trastabilló hacia su cama. Qué suerte que hoy no tenía trabajo. «Pensándolo bien, ése es el último lugar en que quiero estar», se dijo a sí mismo mirando la evidencia del acto. Se desplomó contra una pared, apenas percatándose que sólo tenía su suéter naranja fuego de la noche anterior puesto encima.

     

     

    .

    o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o

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    Shikamaru tenía que admitir que Naruto era de veras ingenioso. No sabía cómo lo hacía, o quizás era la suerte endemoniadamente buena del rubio, pero cada vez que intentaba hablarle del asunto, que él estaba muy seguro que también tenía rondando por la cabeza, siempre había una intromisión; ya fuesen unos genin y su sensei muy entusiasmados de recibir una misión de las mismísimas manos de Hokage-sama, o un chûnin con más papeles y asuntos de las patrullas y la Academia que él no tenía permitido escuchar, por lo que se debía retirar de inmediato, o Kakashi (¡Kakashi!) estaba “cubriendo” al ojiazul con excusas cada vez más ridículas (y, claro, como era Kakashi todas ellas eran perfectamente razonables). No que Shikamaru invirtiese mucho esfuerzo en encontrarse con el rubio, sería una molestia si lo hiciese.

     

    Pero el pelinegro quería más. De hecho, se puso a pensar profundamente sobre su actitud y sobre sí estos últimos días, mientras miraba las nubes desde el techo del edificio que contenía el escuadrón de Criptografía. Naruto y él estaban… cómodos el uno con el otro. O por lo menos solían estarlo antes de que esa experencia crease una distancia en una amistad perfectamente holgada y agradable para los dos. Además, estaba impulsado con cierta sed de venganza hacia Temari, por destrozarle tan cruelmente sus sentimientos (sin importar que en el fondo de su mente reconocía que Temari, por ser Temari, debía tener alguna razón, por más débil que fuese) y no se le ocurría mejor manera que revelarle que sostenía una relación con otro hombre.

     

    Por supuesto que él muy bien sabía que eso era irracional. Con el sistema de clanes siendo tan importante en el mundo shinobi, esa clase de relaciones no eran muy bien vistas. Para nada. Y no quería perjudicar a su amigo. De todos modos, él tenía muy claro que le gustaban las mujeres definitivamente, pero si había algo que podía impulsar a un Nara a hacer algún esfuerzo, o ignorar las partes más racionales de su mente, era la curiosidad. La maldita, maldita curiosidad.

     

    Y no podía sino sentir curiosidad al imaginarse cómo sería mantener una relación con Uzumaki Naruto, Sexto Hokage de la Aldea escondida entre las Hojas, y todo por culpa de un encuentro en el cual terminó sexeándose a su segundo (o tercero, si se contaba a Ino en sus mejores días) mejor amigo por alguna jugarreta cruel de un destino muy aburrido y sin mucho qué hacer. Además, no es que Naruto era feo; de acuerdo a las mujeres era muy guapo. Él podía reconocer cuando había un hombre que era un mejor espécimen que él, sin ningún problema y sin la envidia que acompaña a muchos otros hombres cuando lo hacen (sería muy problemático no ser realista respecto a la situación de uno. Ciertamente la mujer menos problemática sería la que se fijase en él, o eso creía antes de conocer a Temari). A fin de cuentas, si ojeaba a Naruto de la manera justa, se le podía hallar cierto parecido con Temari. Tal vez su cabello de trigo no era tan vivo como el dorado de Naruto, pero también era picudo, rebelde y enmarañado (ella siempre se quejaba del tiempo que tenía que pasar peinándolo); así como sus ojos cobaltos eran quizás un poco más opacos que los cerúleos del siempre optimista Naruto, pero no es como si el cerúleo y el cobalto fuesen azules tan lejos entre sí, en un mal día se podían confundir el uno con el otro.

     

    Quizás eran razones demasiado egoístas para iniciar una relación que podía acarrear consecuencias tan graves para alguno de los dos, o ambos, y muy ciertamente no debía usar el corazón de su amigo de esa forma; mas estaba molido de siempre andar cediendo en esta vida, y tal vez llegaría a tener de nuevo a su rubia problemática entre sus brazos (sin importar que una cosa no tuviese que ver con la otra. Shikamaru estaba cansado de actuar tan lógicamente todo el tiempo. No era un Aburame).

     

    Estos pensamientos eran los que lo tenía entretenido mientras se hallaba frente a la puerta del despacho del Hokage, en un henge y con un bunshin al lado, con su mejor esfuerzo para que pareciese sólido, con la apariencia de un par de chûnin que le debían un favor (nacer en un clan shinobi tenía sus ventajas; se conoce a todo el mundo —o por lo menos la porción útil de él—). Tocó a la puerta y entró. Enseguida un par de ANBU descendieron a su lado, con las shinobigatana (1) desenvainadas contra su cuello. De inmediato, deshizo el jutsu y alzó ambas mano en señal de paz.

     

    —¿Shikamaru? ¿Qué rayos haces aquí-dattebayo? ¿Y por qué armar todo ese teatro? —le exigió, con un gesto exasperado.

     

    —Necesito hablar contigo, Naruto. —Con una mano en la sien, como quien espera un gran dolor de cabeza, el susodicho movió su mano para echar a todos los agentes ANBU presentes en su despacho; un total de seis escondidos entre las rendijas o algo así.

     

    —Debí suponer que no podía evadirte para siempre —rezongó tan bajo que el pelinegro casi no escuchó eso, mientras hacía los sellos de manos pertinentes para activar los sellos de privacidad del despacho—. ¡Bien! ¿Qué bestia quieres? —le interpeló molesto, especialmente al ver que Shikamaru miraba en torno, con curiosidad, cómo unos símbolos aparecían en la pared.

     

    —Debemos hablar, Naruto.

     

    —Y dale con eso otra vez. ¿De qué?

     

    —Sabes muy bien de qué quiero hablar.

     

    —En lo que a mí respecta, no pasó absolutamente nada —recalcó lo último con cierto enojo—. Así que ya puedes irte de aquí.

     

    —Es evidente —se acercó hasta estar casi ceja con ceja; Naruto se sonrojó con la cercanía pero le sostuvo la mirada— que no es así. Me evitas. No me hablas. Como si yo fuese un extraño. —El rubio desvió la mirada—. También quiero que las cosas sean como antes, pero no me dejas razonarlo contigo.

     

    —Es que… es demasiado, Shika. —Shikamaru se sorprendió de que usase ese apodo; no lo llamaba así desde que eran niños.

     

    —Naruto…

     

    —¡Ni siquiera me gustas…! Pero es que te veías tan… —Se pasó una mano por la cabeza, nervioso—. Tan contento. Pensé que hacía eso y luego lo olvidaba y seguíamos con nuestras vidas muy tranquilamente, pero…

     

    —Pero las cosas no siempre resultan cómo uno quiere, ¿verdad?

     

    —Seh… —Soltó una risa trémula—. La he armado, ¿verdad? Ya no volverá a ser lo mismo-dattebayo.

     

    —Qué fastidio. Sí, nada volverá a ser lo mismo. —Puso las manos en los bolsillos en una actitud de suprema indiferencia.

     

    —¿Cómo carajo puedes estar tan tranquilo-dattebayo? ¡Me exasperas!

     

    —Porque puedo ver las cosas.

     

    —¿Y qué ves?

     

    —Veo que los dos cometimos un error. Veo que quizás no hay manera alguna de repararlo . Pero sobre todo… —Naruto se inclinó un poco, atento—. Veo que ya no hay marcha atrás.

     

    —Las dos últimas me suenan a los mismo-dattebayo. ¿Estás diciendo que tenemos que dejar de ser amigos?

     

    —Qué tonto eres. —«¡Ey!», pero fue ignorado—. No, a lo que me refiero es que, si no se puede retroceder, sólo nos queda avanzar.

     

    —¿A… avanzar-dattebayo? —«Espero que no sea lo que creo que es a lo que se refiere…».

     

    —¿No quieres experimentar? —Por alguna razón, la manera tan casual en que lo dijo Shikamaru lo ponía el doble de nervioso.

     

    —E… Esto… Este… —Se aclaró la garganta—. ¡Ese no es mi equipo-’ttebayo! Además, ¡eso no es correcto! —Shikamaru afiló los ojos.

     

    —¿Es de esas personas que discriminan, Hokage-sama?

     

    —No… Yo no… —suspiró cerrando los puños sobre su escritorio, dejándose ver vulnerable—. No podría, Shikamaru. Sé demasiado bien cómo se siente. Es sólo que no me va, ¿sabes? Y de todos modos, ¿qué hay de Temari?

     

    —La situación entre Temari y yo no tiene remedio. Las mujeres son un gran problema.

     

    —¿Y es por eso que quieres… experimentar-dattebayo?

     

    —¡No! —Ahora era su turno de estar abochornado—. ¡Claro que no! Oh, bueno, ¡no tengo idea! —«Qué fastidio es Naruto, demasiado impredecible»—. Pero independientemente de eso —intentó retomar el control de la conversación—, no es como si tuviésemos alternativas. Yo, bueno, no me importa, ya sabes; y no es como si Sakura te fuese a parar bola un día de estos.

     

    —¡Eso no es tu asunto, Shikamaru!

     

    —¡Pero es cierto y lo sabes! Eres demasiado bueno; todo el mundo sabe que eres hombre de una sola mujer, y ella anda demasiado ocupada ocupando rencillas viejas; ¿sabes lo problemático que es verlos a los dos, contigo de perrito y Sakura como frígida? No es como si te fueses a enamorar otra vez y no es como si yo quisiese saber de esa palabra, “amor”, de momento. Podrías considerarlo.

     

    —No es tan simple.

     

    —¡Y es por eso que me he tomado toda la molestia! —Lo fulminó con la mirada—. Qué problemático eres.

    Shikamaru se dio la media vuelta, algo decepcionado con cómo le salió el asunto y por cómo perdió los estribos con Naruto. Sus puntos eran válidos y, además, él llevaba la razón, así que no supo que fue lo que lo poseyó a decir, antes de abrir la puerta, mirando a Naruto fijamente, lo siguiente:

     

    —¿Sabes? Fuiste mi primero. Mi primer hombre —admitió sonrojado mirándole fijamente, para luego voltearse mas una voz suave le detuvo.

     

    —Y tú mi primero. Mi primera vez. —Una mueca de culpabilidad surcó por unos segundos el rostro del pelinegro—. Lo pensaré, ¿bien?

     

    Uzumaki Naruto, el shinobi número uno en sorprender a la gente.

     

     


  • Notas Finales:

    [1] Shinobigatana, mejor conocida como ninjatô, es la espada que se dice que, por su tamaño y peso, era la que portaban los shinobi (en verdad me gusta más como suena shinobigatana). Es recta, con filo en un lado, de menos de 60 cm o 24 pulgadas y de empuñadura cuadrada; y la hoja disminuye un poco su tamaño al llegar a la punta para (posiblemente) ser ocultadas en un shikomizue o bastón falso.




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