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    Estío

  • Título del capítulo: Parte I
  • Fecha de publicación: 17/03/2016
  • Lecturas: 3463
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  • Notas iniciales:

    He tenido que partirlo en partes porque el largo para cada capítulo son 64 500 caracteres :D

    Sí, era un long-shot, y sé que es jodidamente largo, ¡pero créanlo o no, lo escribí de una sola sentada!

    Publicaciones:
    —Original: fanfiction.net el 24/12/2012.
    —Primer respaldo: Amor Yaoi (cuenta de mi amiga SéptimaKólera — 09/12/2012)
    Archive of Our Own el 17/01/2016.

    Todos los fics tienen que tener mi mismo nombre excepto por el que está subido en Amor Yaoi, de lo contrario es plagio. No duden en contactarme de ser así.



  •  

     

    Shikamaru, sentado en el alféizar de la ventana abierta, con una pierna flexionada y la otra arrodillada por fuera del edificio de apartamentos, al tiempo que miraba el cielo con una mueca de hastío completamente natural en él, contemplaba todo lo que había pasado en su vida hasta ahora, las decisiones que lo habían llevado a este punto. El cielo estaba despejado, con un azul cerúleo precioso que se desteñía al llegar al horizonte. Las calles estaban desiertas, vacías de bullicio como si estuviesen en duelo, con hojas de colores arremolinándose en el viento de aquella tarde de estío.

     

     

    .

    o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o°.°o

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    Naruto suspiraba en su despacho, sentado en la silla dura y estricta que tanto había anhelado, trazando con el índice el contorno de la cara joven de Sakura en la foto del equipo siete. Ahora era un hombre hecho y derecho; de quijada fuerte y cara redonda, bastante atractivo si se le preguntaba a cualquiera de las muchachas quienes suspiraban por el Rokudaime.

     

    Estaba nervioso, pues ya dentro de un par de horas tendría que ir a la fiesta de Ino («no es opcional», ¡y encima le amenazó!), quien siempre decía que, últimamente, se hallaba demasiado absorto con el trabajo y había descuidado a sus amistades. Él, muy cumplido y siempre dispuesto a complacer a sus amigos, había aceptado sin pensárselo dos veces. «Debí pensarlo mejor», reflexionó abatido, poniendo la foto del equipo siete en la esquina de su escritorio, mientras colocaba la mano del índice debajo de su barbilla y miraba el techo. «Sakura-chan…». Al ir a la fiesta de Ino se encontraría con ella, lo cual no sería muy agradable para ninguno de los dos.

     

    Una mirada melancólica de soslayo a la foto; después prosiguió a hacer su trabajo (Naruto no entendía por qué los Hokage anteriores se quejaban tanto del papeleo; él siempre terminaba la mayoría de los asuntos pendientes sin necesidad de réplicas al morir la jornada). Sakura y sus grandes ojos verdes ya no se llevaban con él como antes. Ahora había una distancia entre los dos, como un acantilado que, mientras salvable, resultaba desalentador. Sakura todavía le tenía mucho cariño; sin embargo, se ponía antipática cada vez que se cruzaban desde que tuvo que matar a Sasuke, pues ella todavía le amaba. Ella estaba mejor ahora, pero su relación no había mejorado, con miras de no hacerlo jamás. O por lo menos daba esa impresión.

     

    Una sonrisa que no llegaba a sus ojos surcó su rostro. Él todavía la amaba. Quizás los primeros amores eran muy malos de olvidar. Observó el reloj, por culpa de sus divagaciones ya casi era hora de irse, al tiempo que él todavía tenía una pequeña montaña de papeles los cuales leer y firmar. Se acumularía. hanciendo que su trabajo bien hecho sufriese… Le dio un escalofrío al recordar lo que le había costado adaptarse a las montañas de papeles.

     

    —¿¡Pero qué demonios hago!? ¡Voy a al fiesta de Ino, no puedo dejar que mi malhumor le agríe la fiesta a alguien! —Ya revitalizado, con una gran sonrisa de oreja a oreja, cerró la puerta del despacho en contra de las protestas de Shizune y Matsuri, a quienes ignoró, saliendo a toda velocidad por los techos rumbo a su apartamento.

     

    Cambiado y duchado, al cabo de un rato se encontró frente a la puerta de la casa de Ino (y Tenten y Sakura) con unas flores. Aún tenía un lío con eso de las situaciones sociales, pero Ero-sennin siempre decía que lo educado al ser invitado a la casa de una mujer era llevar flores; ello las ponía contentas siempre, y hacía que hiciesen cosas por uno, aunque nunca entendió porque se ponía con su típica mirada pervertida al decir “cosas”.

     

    —¡Hokage-sama! ¡Pase, pase! —le saludó una muy entusiasta Ino al instante de tocar el timbre con una sonrisa socarrona.

     

    —¡Qué ya te dije que no me llames así-dattebayo! —Hizo un puchero con los brazos cruzados.

     

    —Ah, pero para mí usted siempre será Ho-ka-ge-sama. —Ino casi se da la vuelta, para ir al bullicio de la fiesta, al ver satisfecha cómo Naruto le sacaba la lengua.

     

    —Eh, Ino, espera; para ti.

     

    —Naruto… —murmuró Ino, mirando de soslayo al Naruto sonrojado, que tenía enfrente, quien se rascaba una mejilla y miraba a un lado por la pena; poco a poco horrorizándose con las conclusiones que sacó—. ¡Naruto! —«¿Y ahora qué hice?», se preguntó al escuchar el grito—. ¡Ni que fuese una invitación sólo para ti! ¡También están Tenten y Shikamaru y Sakura y…!

     

    —Ino…

     

    —¡… Otra gente en la casa! ¿¡Acaso intentas usarme?! ¿Eh? ¿¡Eh!? —La mano del ramo se posó en la cintura, en una pose de presunción—. Digo, ya sé que soy muy bella y hermosa ¡pero eso significa que tengo cierto nivel…!

     

    —Ino…

     

    —… Además, en mi humilde opinión, en vez de intentar darle vueltas al asunto, enredo ése que llamas tu “vida amorosa” —Naruto sentía que una jaqueca se le venía—, aunque sea con la más bella y despampanante de la Aldea…

     

    —Ino… —«¡Señor! Nunca más sigo los consejos de Ero-sennin, sólo traen problemas!».

     

    —… ¡Deberías ser un hombre y to…! —«Eso es bajo, y ¡se acaba ya!».

     

    —¡INO! —Ino se detuvo sorprendida y le miró con los ojos grandes—. Mira, ¡sólo acepta las benditas floredattebayo! ¡No volverá a pasar! ¿¡Bien!?

     

    —Eh…

     

    —Bien. ¡Me alegro que nos entendamos!

     

    —…

     

    —¡Anda, Ino-chan! ¿Qué esperas? ¡Es hora de hacer de parranda! —Dio un gran salto— . ¡Ay! ¡Mi cabeza!

     

    —Ay, Naruto… —suspiró—. Es que te digo que no has cambiado nada. ¡Eso te pasa por boboleto!

     

    Con todo, Ino se apartó del marco para dejarlo pasar a la casa, y casi se le salen los ojos de las órbitas cuando salió Tenten de la cocina con unas garrafas de lo más grandes, de sake y otros licores, al hombro. Tenten captó su mirada atónita y una sonrisa muy… preocupante se formó en su rostro, mientras subía y bajaba las cejas. Ino abrió la boca para decirle algo; pero el timbre impidió hablar, por lo que Naruto se dispuso a ir a (lo que el presumía era) la dirección de la cocina para ver en qué podía ayudar, mientras admiraba la casa.

     

    Por su enemistad (momentánea, como se decía a sí mismo) con Sakura, jamás había estado dentro del nuevo hogar de esas tres kunoichi con exacerbado instinto asesino, así que se maravilló de lo diferente que era la casa de una mujer con respecto a la de un hombre. Estaba pintada de colores pasteles, cremas y naranjas claros, con adornos en las paredes y anaqueles llenos de recuerdos (o trofeos) que compraron u obtuvieron durante las misiones. Los sillones, ahítos en cojines con forros de diseño, complementaban a los muebles y espejos en lugar de parecer la primera cosa utilitaria sacada de la tienda de muebles. El único otro con una casa tan bonita era Sai, y él era un artista. Seguramente Ino y Sakura eligieron la decoración.

     

    (Contrario a la opinión popular, a pesar de que amaba el naranja, él nunca pintó los muros de su casa de ese color. Desde chico siempre había tenido paredes blancas como lienzos que guardaban sus recuerdos solitarios. Nunca lo admitiría, mas fue un alivio cuando su salario le permitió mudarse a uno más espacioso de lienzos en blanco, sin escenas de recuerdos de soledad y sangre guardadas entre pintura descascarillada).

     

    Tenten se fue por delante a hablar con Kiba y Hinata, los recién llegados, después de saludarle. Se asomó a la puerta de la cocina y se apresuró a irse, cuando una voz lo detuvo.

     

    —Naruto.

     

    —¡Ho… hola Sakura-chan! —respondió nervioso; la boca fruncida de Sakura hablaba por sí misma.

     

    —Hola, lleva esto. —Le señaló con las manos uno de los tazones dónde ponía las burundangas que se consumirían en la fiesta.

     

    —Claro…

     

    Los tomó de inmediato y evitó esa mirada de jade, una piedra lisa que guardaba el frío. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Sakura era un invierno ahora mismo. No podía esperar a ver la primavera.

     

    Era extraño ver a Naruto tan sumiso. Muchos se lo recriminaban, pero, lo que no sabían, es que él sí había intentado arreglar las cosas con Sakura con su determinación típica mas los resultados fueron… menos que satisfactorios. Y quizás habían ameritado algunas visitas al hospital y un gran regaño de Tsunade, cuando volvió a regañadientes con la quijada rota por la enésima vez, de que no volviese a hacer lo que sea que estuviese haciendo. Lo mejor de momento era esperar a que se le pasase. Sakura-chan tenía un corazón muy bueno, pero tal vez era más brava de lo que debía ser un doctor; toda digna de ser la sucesora de la nieta del Shodaime.

     

    Cargando todos los tazones rellenos de dulces, palomitas de maíz y otras cosas, se fue corriendo a la mesa plegable con mantel plástico blanco que recién Ino había puesto pegada a una de las paredes de la sala, y al lado de la cual estaban las garrafas de bebidas alcohólicas de Tenten. Leyó uno de los nombres, bastante interesado. La Senju se hubiese muerto de la envidia si supiese que tenían awamori (1), una bebida algo difícil de conseguir al sur del País del Oso. A su lado, Ino mezclaba un buen ponche a partir de shôchû (1), ayudada de Tenten. Puso las cosas en la mesa, dispuesto a regresar a la cocina, cuando, de pronto, casi salta de un susto al sentir un brazo alrededor de su cuello.

     

    —¡Naruto! —exclamó Kiba, balanceando una bandeja plástica, de color azul chillón, llena de emparedados y con una gran sonrisa de felicidad—. ¡Hace rato que no te veo fuera de ese endemoniado despacho!

     

    —¡Kiba! ¿Cómo has estado? ¿Y cómo le va a tus genin?

     

    —Bah, bien y progresando, ya sabes. A diferencia de nosotros, no creo que estén listos tan pronto para su primer examen chûnin.

     

    —¿¡Eh!? ¿En serio? ¡Pero si ellos eran muy buenos candidatos a ser los equipos novatos! Hace rato que no mandamos uno a los exámenes… Hubiese sido tan genial; además, ¡así le mostraría a Gaara quién manda! —con el puño en el aire proclamó lo anterior Naruto. Kiba puso la bandeja en la mesa—. Y yo que estaba tan emocionado-dattebayo. —Giró sobre sus talones a encarar a Kiba con un dedo—. ¡Me has decepcionado, Kiba!

     

    —Ay, qué delicado, Naruto-sama. —Kiba sonrió con autosuficiencia al ver cómo se le subían las colores a Naruto.

     

    —Kiba… —le amenazó traqueándose los nudillos.

     

    —Ya, ya; que haya paz. —Se entremetió Tenten entre los dos—. Kiba-kun —le encaró Tenten después de mirarlo arriba abajo—, ¿se puede saber por qué todavía tienes tus armas aquí?

     

    —No me había fijado-dattebayo —comentó mientras veía cómo Kiba se ponía pálido.

     

    —Anda, Tenten-chan, no le vas a quitar a un shinobi su único consuelo…

     

    —Eso es porque eres tan bueno que apestas en los tres vicios shinobi, apostar, sexo y alcohol. Eres como un Naruto que huele a perro mojado.

     

    —¡Ey…! No insultes a Akamaru.

     

    —Tienes razón-dattebayo, porque, de lo último que escuché de Hana-chan, Akamaru ya tenía una novia; una perra muy morena con cola esponjosita.

     

    —No sabía eso.

     

    —Sí, sí; para que te enteres, Tenten-chan, que Akamaru ¡es mejor que Kiba consiguiendo pareja!

     

    —¡Tú no hables, Naruto! —le recriminó Kiba.

     

    —Sí, sí; pero lo mío es falta de tiempo porque ando en otras cosas… en cambio tú, tú no tienes excusa, querido amigo —emitió una risilla—; fíjate que te he dado el equivalente de vacaciones a largo plazo… por lo menos hasta que se vuelvan chûnin.

     

    —¿Qué hay de Tenten? ¿¡Ah!? Ella tampoco.

     

    —Claro, pero yo estoy ocupada en cosas útiles para Hokage-sama. Ahora, dame tu funda.

     

    —¡No quiero! —Se cruzó de brazos.

     

    —No seas infantil, dámela.

     

    —¡No!

     

    —Kiba —sacó una kusarigama (2) de la nada con una nube de humo—, dámela.

     

    —¡Mira, Naruto, ella sí puede tener armas!

     

    —Yo me lavo las manos de esto-dattebayo. Además, ¿sabes lo díficil que es desarmar a Tenten? Ni siquiera Shintoku-san[3] le puede sonsacar todas las armas.

     

    —¡Eso es porque nunca me acuerdo donde están todos los sellos! Además, a Ino no le hará gracia que le llames a su padre “lee-mentes”-san.

     

    —A Inoichi le gusta, dice que le hace gracia.

     

    —Lo que a Inoichi le hace gracia y a Ino le hace gracia son dos cosas muy diferentes, y lo sabes. Y tú —agarrando a Kiba del cuello de la camisa que ya se iba de puntillas— no creas que me he olvidado de ti.

     

    Le puso la hoz contra el cuello con cara de pocos amigos y, con un kunai de su funda, le cortó la tira que ataba la funda al muslo y la agarró. Tenten era muy habilidosa con sus manos. Dejó la kusarigama en la mesa al lado de la bandeja con emparedaditos, y se puso a ojear.

     

    —¿Desde cuando usas senbon, Kiba-kun?

     

    —Hace rato, Tenten-chan; Genma-san me enseñó a petición de Kurena-sensei. A Hinata también, como tendemos más al rastreo, Kurenai-sensei dijo que necesitábamos un arma que no se notase mucho.

     

    —¿Y por qué soy la última en enterarse de estas cosas? ¡No es justo!

     

    —Ah, pues, no sé. ¡Pensé que Hinata te habría dicho! ¿No son ustedes todas compinches?

     

    —A mí me gustaría aprender, ¡se ven geniales!

     

    —Tu puntería no es exactamente la mejor del mundo, Naruto-kun. —Se carcajeó Tenten.

     

    Naruto hizo su típica mueca, sacando el labio.

     

    —Anda, no seas así, que bien que sabes que es cierto.

     

    —¡No hay respeto en este mundo!

     

    —Claro que no, sino no habrían chistes, querido. Oh, por cierto, Kiba, ¿Hinata trajo los jugos y sodas?

     

    —No tengo ni idea, mira tú. —Tenten palideció, y empezó a temblar, lívida, mascullando frases inconexas como loca.

     

    —Lee-kun no va a tener jugo… y ahora le va a dar… habrán daños… me van a matar… ¡Sa… SAKURA…! —Sakura se asomó por la puerta de la cocina y la armera se abalanzó en sus brazos llorando.

     

    —Tenten-chan… —empezó, sin saber muy bien qué hacer, sobándole la cabeza—. ¿Se puede saber qué pasa?

     

    —No hay jugo, Sakura-chan, ¡no hay jugo!

     

    —Bueno, hay en el ponche; no veo el problema. —Sakura miró a Kiba.

     

    —¡LEE! ¡Lee…!

     

    —Oh. —Palideciendo.

     

    —… ¡Es el problema! Sí, «oh», ¡exacto!

     

    —Bueno, supongo que… —La verdad, Sakura no quería que Lee viniese por lo de su Suiken; mas ella no pudo rehusarle una invitación porque, con todo y su mal hábito de pedirle citas, le parecía una gran persona—. Supongo que… supongo que siempre le podemos pedir a alguien que lo vigile.

     

    —¿No sería mejor preguntarle a Hinata? —inquirió Naruto.

     

    —¡Es verdad! ¿¡Sabías que te amo!? —exultó Tenten, corriendo de los brazos de Sakura a los hombros de Naruto, besándole en las mejillas rojas como la grana con cada palabra—: ¡Gracias, gracias, gracias, gracias!

     

    —Esto… ¿de nada?

     

    —¡Gracias! —Un último beso en la nariz, y se fue donde Hinata más rápido que ligero.

     

    —¿Y a ella qué le pasó? —se preguntó Kiba en voz alta; Sakura suspiró y se dirigió a la mesita con con más tazones en las manos (Chôji comía bastante y había que asegurarse que hubiese suficiente comida para todo el mundo).

     

    —Tú no sabes, Kiba-kun, pero al parecer Lee es un maestro del estilo del puño borracho, ¡y se le es natural!, así que, conque tome una gota de sake, causa una devastación enorme… La primera y última vez que tomó sake —miró de reojo a Naruto, que ahora se tocaba la mejilla con una sonrisa boba— me contó Tenten que fue tan mala, tan mala, que resolvieron nunca más pasarle guaro en esta vida. Creo que traumatizó de por vida al equipo Gai, ¡ni Gai se atreve!

     

    —Eso es… guau…

     

    —Exacto. —Dejó a Kiba sorprendido. mientras Naruto siguió a Sakura por más cosas. Al volver, Kiba le habló.

     

    —¿Escuchaste eso?

     

    —¿Escuchar qué?

     

    —No tienes remedio, cualquier chica se te abalanza encima y ya quedas vuelto un mogo. Ese poco de maestros que has tenido no te han servido, ¡oh, gran Hokage pervertido!

     

    —¡No me llames así-dattebayo! Además, ya desearías que una chica tan bonita como Tenten se te abalance encima.

     

    —No es mi tipo, me gustan con más —se puso las manos por delante, mirándole con sonrisa presuntuosa— pechonalidad.

     

    —¿Y ahora quién es el perve?

     

    —¡Ja! Lo dice la persona que inventó un jutsu sobre una chica desnuda.

     

    —Sí, el jutsu con que derroté al Tercero —se jactó Naruto—. ¡Lo que pasa es que no puedes comprender mi genialidad-dattebayo!

     

    —Sí, claro. Lo que sea, sólo no le pases tragos a Lee.

     

    —¿Por qué?

     

    —¿Por qué? Porque de lo contrario Sakura te castra, ¡caray! —Un calosfrío les recorrío a ambos el cuerpo entero. Que Sakura fuese doctora era una de las cosas más espeluznantes que habían.

     

    —Bueno, lo que es yo, me voy a saludar a Hinata.

     

    —Sí, dale; a la cocina por mi lado. Por cierto, ¿has visto a Shikamaru? Ino me dijo que está aquí.

     

    —¿Shikamaru está? No me había enterado. En todo caso, ¡encuéntralo tú, que para algo tienes nariz!

     

    —Sí, pero me tendría que concentrar y pensar me da una lata tremenda ahora mismo.

     

    —Eso te pasa por bruto-dattebayo.

     

    —¡Oye! —le intentó recriminar Kiba, echando pestes en silencio. Naruto sólo soltó una carcajada, encaminándose a la sala.

     

    Tenten pasó de largo ya más tranquila, con varias bolsas plásticas llenas de gaseosas, vasos de poliestireno y plásticos de colores y jugos. Tanto desbordabánsele los brazos, que tuvo que llevar varias bolsas ensartadas en los brazos. Qué suerte que era una shinobi, de lo contrario, todas esas bolsas le pesarían de la manera más horrible y le darían calambres en sus pobres extremidades. «Creo que Hinata exageró». Regresando de la cocina, Kiba le hizo la observación a Tenten que él pensaba que sólo Sakura, Ino y ella eran las que ponían la fiesta, mas la castaña despejó la duda rápido, al explayarse explicando que era un regalo de las chicas a los chicos.

     

    Ino y Hinata platicaban animadamente sobre alguna misión a la que las enviaron juntas. Naruto no se había fijado a la entrada, tratando de aplacar a la furiosa de Ino, pero Ino tenía una camiseta pegada blanca de una tela brillante, con un diseño de flores por todo lo largo y ancho de la espalda; unos aros gruesos de plata que se perdían entre su cascada de rubio platino; zapatos tan plateados como las pulseritas de su izquierda y una falda a medio muslo, con una cadenita cromada a modo de correa. Se había hecho una trenza con su larga cabellera que caía sobre su hombro derecho y estaba parada con una mano en la cintura y en la otra tenía una bebida.

     

    Hinata no podía estar más diferente a como normalmente estaba: llevaba un vestido verde pálido hasta las rodillas, ceñido, de falda volada; con unos diseños de gotas extrañas parecido a las mitades del taikyoku-zu (4), nadando como peces de bordes de hilo amarillento en el vestido, y, como único adorno, una gargantilla con una piedra del mismo color que los ojos de Sakura. Naruto se adelantó a interrumpir la conversación; al verle acercarse Hinata no pudo evitar ruborizarse de manera encantadora, sintiendo cómo se coloraba cada vez más, mientras más se acercaba Naruto. Naruto estaba vestido con una chaqueta azul oscuro y una camisa blanca con los tres primeros botones desabrochados para que se viese la réplica del collar del primero, y unos pantalones algo ceñidos azul claro; conjunto que en su totalidad hacía saltar a la vista sus ojos cerúleo de reflejos turquesa (Naruto tenía todo un guardarropa nuevo cortesía de, sorprendentemente, Chôji. Chôji siempre alegaba —con poco éxito— que de estar en un equipo con Ino se aprenden una o dos cosas acerca de la moda).

     

    —¡Hinata-chan! —La estrechó con un abrazo de oso—. Hace rato que no te veo; espero que te vaya excelente-dattebayo.

     

    —Na… Naruto-san. —A pesar de que, cuando lo pidió, ella fue la primera persona en dejarle de llamar «Hokage-sama» de entre sus amigos, todavía no había conseguido que regresase al -kun típico de ella—. Sí, me va bi…

     

    —¡Naruto! —Le propinó un cascote—. ¡No interrumpas conversaciones ajenas!

     

    —¡Ay, Ino-chan! No seas tan gruñona. Además que me parece que han pasado años y años sin verle la cara a Hinata.

     

    —En verdad sólo han sido unos cuantos meses… —Jugó con sus deditos. Naruto se acercó a Hinata hasta que sus narices casi se tocaron, achinando los ojos.

     

    —¿Estás segura de que estás bien? Te ves toda roja. —Colocó la mano en la frente—. ¿Tienes fiebre? —Hinata se volvió más roja aún.

     

    —S… sí. —Ino miraba todo con expresión divertida.

     

    —¡Pero siempre me dices eso! Eso que tienes no es natural, ¡deberías hablar con la vieja o con Sakura-chan! Podría ser una de esas cosas crónicas que le dan a la gente.

     

    —No… no te preocupes, Naruto-san.

     

    —¡Jum! —Naruto la examinó otra vez, no muy convencido—. Bueno, por lo menos ya no te andas desmayando por ahí. ¡Cielos! Eso ocurría casi todo el tiempo.

     

    —Na… Naruto-san…

     

    —Dime.

     

    —Yo… yo en verdad quería saber… por qué no obtuve un… equipo este año.

     

    —¡Es verdad! ¡Yo también quiero saber eso!

     

    —Son secretos de Hokage-dattebayo. —Les guiñó el ojo a las dos.

     

    —¡No digas eso! ¡Quiero saber para mejorar! —La rubia se cruzó de brazos—. ¡Porfa, por fa por fa, por fa, por fa, por fa…! —Ad infinitum.

     

    —¡Basta-dattebayo! Dale, les cuento: no están listas. —Hinata se encogió afligida, mientras la cara de Ino se tornó en una mueca de furia.

     

    —¡Pero Kiba tiene uno! ¡No es justo! ¿Es porque somos mujeres?

     

    —Kiba está acostumbrado a pensar en equipo-dattebayo, en cambio, todos nosotros (sí, me incluyo también) desde que nos volvimos jônin o más alto, nos acostumbramos a misiones en solitario.

     

    —¡Kiba también! Él era uno de lo que más misiones tomaban.

     

    —Cierto-dattebayo, pero Kiba depende del trabajo en equipo todo el tiempo: recuerda que todos sus jutsus son con Akamaru-’ttebayo. Ustedes no están listas. Aunque, ahora que lo pienso, es una lástima que Shino, Chôji y Tenten no solicitaron genin, hubiesen sido magníficos sensei. —Una mano rascaba la barbilla, pensativo.

     

    —¡No es justo! ¡Yo quiero un pequeño equipo de secuaces!

     

    —Pe… pero… ¿por qué no me consideras lista? —Naruto suspiró.

     

    —Porque eres demasiado tímida-dattebayo. Un sensei debe ser capaz de intimidar a sus alumnos —paró una mano para que Ino mantuviese la boca cerrada— y, sí-dattebayo, sé que eres perfectamente capaz de intimidar a la gente, ¡pero lo eres demasiado! ¡No quiero traumatizar al futuro de la Aldea-dattebayo! ¿Tienes idea del miedo que eres capaz de meterme, Ino-chan? ¡A mí, el gran Uzumaki Naruto! No, no, no-dattebayo. ¡Eres como la Anko de nuestra generación…!

     

    —¿¡Qué…!? ¡Cómo te atre…!

     

    —… Y si sigues así —la encaró con el índice— nunca te daré un equipo genin-dattebayo.

     

    —¡Naruto…!

     

    Hinata miró algo apenada cómo Ino perseguía a Naruto por toda la casa, hasta que el rubio salió por la ventana e Ino le siguió por detrás. «Creo… que sé a lo que Naruto-kun se refiere con Ino». Suspiró. «Y yo que quería hablar con Naruto-kun… Harán tres meses y cinco días que no le veo».

     

    Pasado un rato, ya todo el mundo había llegado. Encontraron a Shikamaru en la lavandería, mirando el cielo oscuro, y lo arrastraron a la fiesta sin mayor reparo (cortesía de Ino). Hablaron, jactaronse, bebieron, comieron (Shikamaru estaba sorprendido de que hubiesen conseguido la comida suficiente para que Chôji no se la acabase toda mientras se la pasaba pegado a la mesita, zampándose todo lo habido y por haber, por lo que supuso que las chicas debían llevar un buen rato planeando esto), jugaron a “Misiones” (versión ninja de verdad o reto), póker, dardos (no una buena idea con una Tenten sin sus cinco sentidos y muchos senbon sacados de quién sabe dónde) y lo más importante: se bajaron las considerables cantidades de alcohol que proporcionaron en la fiesta.

     

    Ya moría el bullicio, con todo el mundo marchándose de uno en uno muy entrada la madrugada y el joven Hokage, tan bueno como siempre, se quedó atrás para ayudar un poco con la limpieza, junto al Aburame y las dueñas de la casa. Todavía se encontraba relativamente sobrio (la Aldea pensaba que Naruto no podía emborracharse. Falso, simplemente se tardaba algunas veces más en ebriarse que una persona normal. Después de experimentar la primera resaca de su vida, decidió que sería la primera y última vez que le pasaba eso, y que no le veía el punto a ese vicio shinobi —en verdad no le veía el punto a ninguno; ni siquiera podía entender cómo la gente se endeudaba jugando a las cartas, ni el elemento de peligro, pues él no hacía otra cosa que ganar y el sexo… Tal vez un pervertido sí, pero él no era la segunda venida de Jiraiya, gracias—).

     

    —¿Dónde está Ino-chan…? —preguntó, al no verla en la sala.

     

    —Guacátela, siento que voy a vomitar. —Sakura se dobló sobre sí misma.

     

    —Ino-chan —bostezó— no pudo más con la migraña del sake y se fue a su cuarto. Dice que, cualquier cosa que no terminemos ahorita, ella lo limpia en la mañana.

     

    —Ah, ya veo.

     

    —Naruto, ¿podrías llevar a Shikamaru a su casa? Está ahí medio dormido en el sillón de allá.

     

    —¡Claro, Sakura-chan! —exclamó con entusiasmo.

     

    —No tan alto… mi cabeza…

     

    —Lo siento —comentó apenado en un susurro—. Ya va, ya va.

     

    El mundo le daba vueltas. Un poco. Posiblemente. No estaba muy seguro. Por lo menos todavía poseía su sentido de equilibrio. Se echó Shikamaru al hombro, preguntándose por qué habría tomado tanto. Nadie que conocía había visto a un Nara borracho. Y así, con un peso muerto en el hombro que se removía como si se fuese a levantar de un momento a otro, se encaminó a uno de los tantos edificios dónde vivían shinobi en su mayoría.

     

     


  • Notas Finales:
    [1] Awamori es una bebida alcohólica japonesa destilada a partir del arroz y es oriunda de Okinawa. Se toma mucho en tragos y cócteles, aunque la bebida más popular es mezclada con agua y hielo. Se usa un hongo negro durante la fermentación, y granos de arroz largos tiempo de Basmati en vez de los cortos típicos japoneses.
    [1] Shôchû se destila a partir de malta, batatas, o arroz y se originó en Kyûshû, y es sumamente popular en Japón; el proceso es un poco diferente al del awamori, y además usa una variedad blanca del hongo.

    (2) Kusarigama es un arma que consiste en una hoz unida por una cadena a un peso en un extremo, normalmente una bola de metal. Kohaku, el hermanito de Sango en Inuyasha, posee una.

    [3] Shintoku 心読 (mente+leer), viene de 心読者 (shindokusha, «lector de mentes»). En japonés, a la hora de hacer un apodo, se puede elegir un epíteto y jugar con las lecturas alternativas de los kanji, o hacer eso y reducirlo a su mínima expresión; ¡incluso juegos de palabras! Cuando hagan un apodo, ¡diviertánse!

    [4] Taikyoku-zu es como le dicen los japoneses al taijitu (es decir, el símbolo del ying y yang). Los coreanos le dicen tangeuk y ellos lo hacen con las dos mitades dispuestas horizontalmente, una roja (tierra) y otra azul (cielo), y se puede observar en todo el centro de la bandera de Corea del Sur.




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