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    Encaje Gris

  • Título del capítulo: Mis impulsos sobre ti
  • Fecha de publicación: 03/07/2020
  • Lecturas: 15
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  • Hacían varios años que no me invadía una felicidad como aquella. Sí, claro que había tenido otras novias, pero debía de admitir que ninguna era como ella, ni una tenía aquel toque, ni me hacia sentir de la misma forma que ella lograba con tan sólo fijar su vista en mi y obsequiarme una sonrisa.

    Caminaba rumbo a su encuentro, con una sonrisa de idiota en el rostro, aún no podía creer que ella aceptara ser mi novia. De pronto me encontré riendo, recordando a aquel tipo que la custodiaba; dentro de su casa Shisui había preguntado todo sobre mi, mientras que Umi sólo trataba de tranquilizarlo, proporcionándole ligeros golpes y tirones para darnos, a Midori y a mi, un momento a solas. Sin darme cuenta, sumido en mis pensamientos, llegué a aquel parque. Estaba ansioso, gracias a que ese sujeto se la había pasado vigilándonos no tuve tiempo de disfrutar de ella. Pasaríamos todo el día juntos; no escuela, no amigos, solos los dos. Era extraño, sería nuestro primer día de novios.

    Me senté en una banca, justo enfrente de la fuente como habíamos quedado. En menos de cinco minutos ella llegó, con su uniforme de escuela; zapatos negros, calcetas blancas, falda grafito, chaleco negro y camisa blanca, su cabello recogido en una trenza. Me levanté y sujeté su mochila. No me resistí más, la besé.

    -Hola -sonreí, mientras deslizaba mi mano a su cintura.

    -Hola -me regresó la sonrisa -. ¿Te hice esperar mucho?

    Negué con la cabeza y volví a unir mis labios.

    -¿Qué tal te fue ayer?

    -Pues Umi está feliz por esto, me dijo que siempre había querido tener una cita doble y que ésta era la oportunidad perfecta.

    -¿Sólo por ello?

    -Dijo más cosas -murmuró Midori e inconscientemente frunció el ceño. ¿Qué le podría haber dicho?. Comenzó a caminar hacia un puesto a un costado del centro del parque, la seguí .

    -¿Y el carcelero?

    -Umi lo golpeó luego de que te fueras –rió -. Le dijo algo como “deja a la niña en paz“.

    -Espero nos deje tranquilos la próxima vez.

    -Sino lo hace, quien sabe que pueda hacerle Umi.

    -¿Es muy enojona?

    -No la he visto enojada, sólo que… -hizo una pausa y se rió un poco-. Le molesta que me cele a mí, es muy celosa.

    -Ya veo.

    -Sí.

     

    Continuamos caminando por el parque, hasta que sentí mi estómago molesto.

    -¿Te gustaría desayunar?

    -Claro –sonrió.

    -¿Algún lugar?

    -No lo sé, por qué no probamos ahí –señaló una pequeña tienda al otro lado del parque.

     

    Caminamos al local lentamente, hasta detenernos justo en la puerta. Debía ser nuevo, porque jamás había visto una pizzería por ahí, era un pequeño pero cálido lugar. El aroma de la pizza recién salida invadía todo el pequeño cuarto, al parecer Midori tuvo la misma impresión que yo, porque rápidamente sonrió y entramos.

    El adolescente, que supuse estaba encargado de la tienda, nos observó unos instantes sin decir palabra y luego sonrió, se alejó detrás del mostrador y tomó dos cartas. Se acercó a nosotros.

    -Muy buenos días, por la hora aún no tenemos todas las pizzas listas, pero si gustan esperar alguna en especial, con gusto –nos dejó las cartas y se marchó.

    Ahora entendía la causa de su gesto, tenía razón, vi la hora, aún era muy temprano.

    Midori observó la carta y decidió, yo podía comer el resto de la pizza que eligiera.

    Platicamos mientras nuestra comida se preparaba…

     

    Abrí los ojos, quizá de un momento a otro me había quedado dormido, ella se encontraba apoyada sobre su palma, mirándome con una tierna sonrisa en el rostro. No era la primera vez que me sucedía estando con ella, aunque  la primera vez, ella se molestó por darle casi un susto de muerte.

    Enseguida me enderecé y visualicé los platos sobre la mesa, comenzamos a comer.

    Después de charlar y terminar con la comida, salimos de ahí.

     

    Ella se detuvo un momento y observó el parque, dándome curiosidad.

    -¿Ya tenías planes para nuestro día? –cuestioné impertinente.

    -¿Tienes alguno? –mencionó ella sonriendo, mirándome con cierta picardía.

    Sonreí y levanté un poco mi ceja, si me dejaba elegir…

    -Bueno, hoy tendrás que recompensar todo aquello que no hicimos ayer

    Ella rió ante mi comentario.

    -Ven -la sujeté de la mano y empezamos a caminar. La casa donde vivía estaba moderadamente cerca, podíamos pasar el resto de la mañana ahí. Después de unos minutos, nos encontramos justo fuera.

    -¿En dónde estamos?

    -En casa -sonreí y abrí la puerta, dejándonos entrar. Ella se veía tímida, se sentó en la sala y clavó la mirada en el piso.

    -Tranquila, no hay alguien más en casa -me senté a su lado

    -¿Y tus padres?

    -Ellos murieron hace ya varios años -respondí y noté como ella se tensaba con mi respuesta -. No pasa nada -me acerqué a ella y besé su frente. La vi por unos instantes. Me encantaban esos ojos tan resplandecientes. Recorrí con mi mirada su cuerpo y antes de que ella pudiera articular una palabra, me encontraba besándola. Fui cuidadoso, no quería sobrepasarme con ella, en verdad la quería para mi.

    Después de varios minutos besándonos, nos separamos. Escuchamos un ruido, sabía exactamente de donde provenía.

    -¿Qué fue eso? -preguntó curiosa.

    -No es nada.

    Midori se puso de pie y me vio sospechosa.

    -Está bien, te enseñaré -me puse de pie, entrelace mi mano con la suya y comencé a caminar hacia aquel cuarto. Abrí la puerta, enseguida Bepo se arrojó contra mi.

    -¡Que lindo! -mencionó ella acercándose a él y acariciándole.

    -¿Te gusta?

    -Me encantan los perros -sonrió ella y se agachó, ese Chow Chow se encontraba panza arriba, disfrutando que mi novia le palpara la barriga.

    -Parece que le agradas.

    -¿Eso crees? ¿cómo se llama?

    -Bepo -lo llamé y la bola de pelo blanca se levantó y saltó sobre mi. Lo sostuve unos instantes.

    -Lo educaste bien

    Sonreí.

    -No es mío, es de un amigo.

    Ella dirigió su mirada a mi, pero se detuvo en lo que había atrás.

    -¿Quieres entrar?

    Me observo tímidamente, le sujete la mano y entramos.

    -Son muchas -mencionó viendo toda la habitación. Dio unos cuantos pasos y se detuvo enfrente de las fotografías de mi último proyecto; algunos árboles, edificaciones y un par de chicas. Ella frunció el ceño.

    -¿Te gustaría ser mi modelo para la siguiente sesión?

    -Yo no soy como ellas -desvío la mirada.

    -Lo sé -sonreí -. Tú eres asombrosa.

    Se sonrojó ante mi comentario. Estaba por besarla cuando de su bolsillo sacó su celular, lo observó y su rostro comenzó a adquirir un cierto sonrojo.

    -Mierda -susurró para después disculparse-. Umi acaba de avisarme que irán por mi a la escuela. Instintivamente busqué mi móvil en el bolsillo para ver la hora, faltaba casi media hora para que ella "saliera" de la escuela, no sabía como había pasado.

    -Vamos -mencioné desganado, el día se me había ido demasiado rápido y la verdad era que no quería separarme de ella.

    Caminamos de regreso a la escuela, llegamos justo a tiempo, un par de minutos después empezaron a salir sus compañeros. Deiji se acercó a nosotros.

    -Hola –nos saludó.

    -Hola Dei –sonrió Midori-. ¿pasó algo?

    -Pues sólo te perdiste de la historia del profesor Franky y los regaños de la profesora Tsunade –resopló-. Gracias al cielo mañana es jueves –hizo una pausa-. ¿Cómo les fue?

    -Muy bien –respondí-. Faltó tiempo pero bien.

    -¿Y… -Midori iba a hablar cuando Akarui apareció.

    -¡Midori-chan! –se quejó, llevaba el ceño fruncido-. Mañana debes de darme detalles, de-talles –sonrió y luego se despidió para irse.

    Deiji sonrió.

    -Aún no puedo creerlo Dei –mencionó Midori.

    -¿Uh?

    -¿Cómo es que con Akarui como amiga aún no haz tenido novio?

    -No lo entiendo.

    -Pues ella…-Midori iba  a hablar cuando escuchamos la bocina sonar.

    -Rin –escuchamos un grito siguiente, proveniente de dentro del auto.

    -Bueno, hasta mañana –se despidió y antes de dar el paso para marcharse Midori la sujetó del hombro.

    -No –sonrió-. Ven.

    Midori se acercó al auto y abrió la puerta.

    -¿Está bien? –alcancé a escuchar, luego ella entró en el auto, haló a Deiji y me hizo una seña para que entrase.

    -Buenas -saludé.

    -¿En dónde tenemos que dejarlo? -ahí estaba su cárcel, de nuevo.

    -Iremos a la casa, amor, aún tenemos asuntos pendientes y supongo que Rin quiere platicar un rato con Ace.

    Escuché como se quejaba haciendo sonidos, pero no artículo ninguna palabra.

    -¿Qué tal la escuela? -intentó empezar la charla él, vi como Rin se tensó ante su pregunta.

    -Bien -respondió Deiji-. Aunque algo aburrida.

    Vi a el chico sonreír y a Umi fruncir el ceño. No hablamos más, en unos minutos llegamos a su vecindario.

    -Muchas gracias, lamento la molestia.

    -Cuando quieras, ven a jugar con Rin uno de estos días -le sonrió Umi y cada quien entramos a la respectiva casa. Umi me invitó a sentarme en el sofá, Midori tomó asiento al lado mío.

    -Hey -se quejó él.

    -Basta Shisui, deja a la niña en paz -nos defendió Umi.

    -Pero él...

    -Rin, ¿por qué no le enseñas tu cuarto a Ace? -sonrió.

    -¿Qué? -se estremeció Shisui.

    -Te avisaré cuando la comida esté lista –sentenció y nos pusimos en marcha.

    -Oye pero qu…-alcancé a escuchar mientras subíamos.

     

    Ella me guió amablemente hacia su cuarto, la segunda puerta del lado izquierdo. Dentro, coloqué su mochila al costado de su escritorio, luego me acerqué a ella y me senté a su lado en la cama.

    -¿Estás bien? –le pregunté, se veía nerviosa, no entendía el por qué.

    -Sí… bueno…

    -¿Qué pasa? –sonreí.

    -Es sólo qué… -desvió su mirada al piso.

    Me acerqué rápidamente a ella y la besé.

    -No sucederá algo que no quieras –nos separamos y acerqué mi mano a su cintura.

    Ella cambio su rostro a uno con cierta picardía.

    -¿Y entonces?

    -Esto –volví a besarla, sentí como su lengua rozaba tímidamente mis labios. No lo pensé más, la acerqué con aquél agarré e introduje mi lengua en su boca. Sentí su mano apoyada en mi pierna sujetarme un poco.

    Llamaron a la puerta, se abrió rápidamente y nos separamos de golpe.

    -Niños –nos sonrió ella con una mirada evidente de perversión. - Bajen a comer –mencionó sin más y se fue.

    -¿Qué fue eso? –escapó de mi boca.

    -Gracias que fue Umi. Si hubiese sido Shisui estaríamos fritos –tomó mi mano-. Ven, vamos a comer –me dio un corto beso y bajamos.

     

    Nos sentamos a comer, en la cabecera se encontraba aquél tipo mirándome fijamente. Ya me estaba cansando, si no respondía sólo era porque ella me lo había pedido.

    Empecé a comer enterrando el tenedor.

    -¿Ace? –preguntó Midori.

    -Lo siento –respondí. inconscientemente estaba desquitando mi ira con algo.

    Continuamos comiendo si más distracciones. Logré tranquilizarme un poco. Luego fuimos a la sala, estábamos platicando cuando…

     

    Abrí los ojos, la sala estaba vacía pero aún así podía escuchar varias voces. Me puse en pie y mi mirada se encontró con aquél chico parecido a Shisui.

    -Buenas tardes –se levantó de la mesa y me estiró la mano.

    -Buenas –respondí.

    Él sujetó los hombros de Midori.

    -Por favor –le dijo él, enseguida vi el rostro de Midori palidecer.

    -Va-vamos –sujetó mi mano y regresamos a su habitación.- Demonios –empezó a dar vueltas por la habitación.

    -¿Sucede algo?

    -Itachi me está pidiendo la tarea porque Sasuke decidió enfermarse justo hoy y si no se la entrego Shisui sospechará –mordió su labio-. Mierda, mierda, mierda…

    -¿Y porqué no le dices a Deiji?

    Midori levantó la mirada sonriendo.

    -Gracias –besó mis labios, tecleó algo en el celular, esperó unos segundos y luego me hizo una seña para bajar.

    -Itachi –lo llamó, él se encontraba aún platicando con ellos.- Vamos.

    -A dónde –se puso de pie y comenzó a avanzar.

    -Dei es mucho mejor en los estudios que yo, ella podrá explicarte todo con más detalle, más rápido –se excusó.

     

    Salimos de la casa, afuera se encontraba Deiji esperándonos.

    -Vamos –sonrió y nos invitó dentro de su casa.

    -Dei, ¿te molestaría explicarle a tarea a Itachi? –le sonrió con complicidad mi novia, ella sólo le regresó el gesto.

    Ella colocó los libros sobre la mesa y empezó a hablar, después de varios minutos acabó.

    -Muchas gracias –le sonrió Itachi.

    -Por nada –respondió e hizo una pausa-. Midori, ¿me darías un par de minutos?

    -Claro –sonrió, enseguida Itachi y yo nos alejamos.

     

    Me quedé mirándolas un poco, luego por alguna razón desvié mi mirada encontrándome con el rostro de idiota de ese chico. Sí, rostro de idiota, sabía identificarlo, aquél cuando estás enamorado de una chica. No me contuve más.

    -Oye –su mirada entonces se fijó en mí. - ¿Qué carajo estás viendo? –cuestioné. Una cosa era que cuidaran de mi novia de manera absurda y otra que quisieran robármela.

    -Esto… –su cara empezó a ponerse roja, dio un trago y desvió la mirada.

    -Te lo dejaré claro, ya es mi novia, mía.

    Él se rió levente, cerró los ojos e hizo una mueca.

    -¿Qué te parece gracioso?

    -Midori es una gran chica –dijo y sentí algo revolverse dentro-. Pero no estoy enamorado de ella.

    -Espera –giré mi rostro, ahí se encontraba Deiji riendo.

    -Tú –él clavó su mirada en el techo-. ¿Estás enamorado de Deiji? –me sorprendí.

    -Me gusta como sonríe –desvió su mirada hacia ellas.

    -Te ayudaré –sonreí-. Serás el primero.

    Vi como se tensaba.

    -¿Qué? –preguntó incrédulo.

    Giré mi cabeza al escuchar a Midori despedirse. Ellas se acercaron a nosotros, Deiji se despidió y salimos.

    -¿Fue de ayuda? –preguntó Midori sonriéndole.

    -Mucha –sonrió.

    Estábamos por entrar a su casa cuando mi celular sonó, lo saqué rápidamente e identifiqué la llamada. Mierda, había olvidado que Sabo llegaría a la casa hoy debía ir por él.

    -Tengo que irme –avisé y besé a Midori rápidamente, para después salir corriendo.




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