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    Encaje Gris

  • Título del capítulo: Morir en tus manos o morir de amor
  • Fecha de publicación: 03/07/2020
  • Lecturas: 14
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  • Habían pasado dos semanas desde aquel incidente en la casa de Deiji, en el que nos enteramos que ella y Midori son vecinas. Dos semanas en las cuales las clases han sido idénticas en cuanto a contexto. Dos semanas después de mi beso. Dos semanas sin verlo… ¿Por qué? ¿Por qué pensaba en él? Quizá fue el beso que me dio, el que me dejó hechizada.

    Jamás creí conocer a un chico como él. Era sexy, no podía negarlo y, además tenía ese no se qué, que qué sé yo, que me encantaba...

    Sacudí un poco mi cabeza y por fin decidí levantarme. Era temprano, como rutina y hábito, no podía llegar tarde a la escuela. Me puse de pie y comencé a alistarme, oí a mi abuelita decir que el desayuno se encontraba listo, me apresuré. Llegué a la mesa, ella no estaba ahí, como lo habitual, ella estaba haciendo otras cosas. Mis padres, por otro lado, se encontraban trabajando.

     

    -Mi súper abuelita -pensé, mientras la veía aproximarse con un poco de ropa entre sus brazos.

    -Hija -señaló un costado de la mesa-. Te dejé tu desayuno.

    -Gracias abue -terminé rápidamente y me puse de pie-. Nos vemos en un rato -me despedí dándole un beso en la mejilla y corrí hacia la salida.

     

    Subí al autobús después de un momento. El camino siempre era el mismo; unas cuantas calles rectas, giro a la derecha, una bajada, giro a la izquierda y otras más calles rectas. Llegué más temprano de lo normal, el autobús no se había detenido tantas veces como acostumbraba hacerlo. Me desplace lentamente hasta llegar al salón, ahí estaba Dei, sorprendiéndome.

     

    -¡Dei! -la saludé enseguida y corrí hacia ella.

    -Buenos días, Aka-chan –correspondió mi abrazo.

    -¿Qué haces tan temprano por aquí? -cuestioné curiosa, dejando mis cosas en la banca de al lado.

    -Mi papá volvió a salir de viaje hoy- bostezó-. Salía temprano y decidió pasarme a dejar antes.

    -Oh vaya...

    -¿Y tú, Aka-chan?

    -Ya sabes, yo siempre llego temprano –moví un poco mis hombros. Ella sonrió. No sabía la razón exacta pero últimamente la veía más risueña que de costumbre. Quizá empezaría a formularme hipótesis de la causa.

    -Oye Dei -pregunté, de todas formas, ella no iba a sospechar las intenciones tras de mi pregunta-. ¿Has ido a casa de Midori?

    -No -respondió tranquila-. ¿Por qué? -ladeó su cabeza interrogante.

    -Es sólo que Midori me ha dicho que últimamente Shisui va mucho a su casa y pensé que para des aburrirse pues... Te invitaría –me justifiqué.

    -Ya veo -hizo una pausa-. La verdad no sé si salen, se quedan o que hacen, pero tienes razón. Debería invitar a Midori a casa.

    -Rayos -pensé. Ahora sin quererlo, le había generado una traba al apuesto Itachi.

    Dei no dijo más. No sabía como decirle o preguntarle sin ser tan brusca, estaba pensando cuando el sonido de la puerta me distrajo. Por ella venía entrando el pretexto de mi primer plan.

     

    -Buen día chicas -saludó, con una enorme sonrisa sobre su rostro, Midori. No pude evitarlo y cuando pasó a mi lado para llegar a su banca, comencé a picarle los cachetes.

    -¿A ti qué te ocurre? -pregunte entretenida.

    -¿Ace volvió a invitarte a salir? -preguntó Dei sonriéndole.

    -Sí –hizo una breve pausa-. Creo que le gusto.

    -Ay ya, por favor, ¡es obvio! -le reclamé-. La tercera es la vencida –Guiñé un ojo. Llevarían tres salidas al hilo sin que él le mandase una triste señal de humo pidiéndole algo formal, cuando se le notaba a simple vista que estaba loco por ella. Me molestaba su lentitud.

    Midori se rió al igual que Dei.

    -¿A ti también te gusta él? –le preguntó Dei. No pude evitar reírme internamente, a veces me encantaba que Dei fuese tan despistada e inocente, no lo negaría, me resultaba divertido. Midori se sonrojó un poco y asintió levemente.

    -Pues llégale –le dije y ellas volvieron a reír.

     

    Pasaron unos pocos minutos sin que hablásemos. Observé a Dei, estaba leyendo algo sobre su pupitre, entonces aproveché su distracción y le hablé a Midori, a mi otro costado.

     

    -Midori –susurré y ella volteó.

    -¿Qué sucede Aka-chan? -dijo en volumen bajo y se inclinó hacia mi para comunicarnos.

    Pensé que Dei nos había escuchado, ya que se puso en pie, pero para mi suerte Salió, podía hablar más tranquila.

    -¿No has notado como que Dei está risueña?

    -¿Risueña? –dudó, se llevo una mano al mentón y pensó unos instantes-. Ahora que lo dices si, ha estado diferente a los primeros días.

    -¿No la has visto con Itachi? –pregunté rápidamente, no sabía a que hora regresaría Dei y amaba la idea de verlos juntos.

    -No, ni él ni Sasuke han ido a la casa. Lo más que ha pasado, es que en algunos días Sasuke me ha interceptado en el camino, acompañándome él en vez de Dei. Pero desde que supe de Dei era mi vecina, no he vuelto a ver a Itachi.

    -Ya veo –me recargué en el pupitre resignada.

    -¿Y tú? ¿Has visto a Hidan? –preguntó de repente haciendo que me despegara dando un pequeño brinco.

    -No.

    Ella sonrió de forma divertida.

    -Tus actos me dicen lo contrario -sonreía maliciosa.

    -Pero es la verdad. No lo he visto –reproché, me recargué en la banca y ella volvió a reírse.

    -Te creo. Pero tú tranquila –dijo de repente-. Hoy puedes verlo si gustas. Deberían ir ambas a la casa. Si mal no recuerdo, Umi me dijo que hoy irán los chicos.

    -No, gracias –le sonreí. Estaba agradecida por su invitación, pero no. Me rehusaba. No iba a ser yo quién iba a buscarlo, definitivamente no. Si él quería verme, él tenía que buscarme.

    -¿Tienes algo más que hacer? Sería divertido -insistió.

    -Espera –recordé-. ¿Y tu cita con Ace? –me hizo una seña de que guardase silencio.

    -No es hoy -la miré sospechosa. -Enseguida descubrirás que día es cuando me veas –finalizó en voz muy baja. Entonces despegué mi vista de ella y descubrí el aula llena, hasta el profesor se encontraba ahí. Que vergüenza.

     

    La clase comenzó. Matemáticas. Dos horas. Una pesadilla.

    Los lunes no eran del todo de mi agrado, en cambio los martes… Oh si, los gloriosos martes. En ellos tenía dos horas de mi hermoso taller y además tenía biología e historia. Esperaba ansiosa el martes. Después de esas primeras dos semanas de introducción, según el sensei, ahora estábamos listos para empezar con los ejercicios. Midori estaba más aburrida que yo, la miré recargada en su palma sobre su codo, observando a la nada. Giré mi vista al otro extremo, ahí se encontraba Dei, atenta, anotando a la par que el profesor. Suspiré y comencé a escribir. No llevaba ni un cuarto de lo que estaba escrito ahí cuando noté que el sensei se acercaba a la puerta.

     

    -Muchachos, necesito salir unos instantes. Regresaré antes de que termine la clase para que me entreguen todos los ejercicios resueltos -dijo antes de salir. Suspiré y me recargué en el pupitre. No sé cuanto tiempo estuve ahí.

    -Aka-chan -me sacó de mi trance Dei-. ¿Te encuentras bien? -sonaba inquieta.

    -No quiero hacer los ejercicios Dei -me quejé moviéndome sobre mi pupitre.

    -¿Te sientes mal? –preguntó preocupada. No podía mentirle.

    -No quiero trabajar -evadí su pregunta.

    -Toma -me pasó su libreta, sorprendiéndome, tenía ya los ejercicios resueltos. - Copia al menos.

    -Gracias Dei, pero no me agrada -torcí mis labios.

    -Casi es hora de que llegue Azuma-sensei -reiteró.

    -Bueno -le dije no convencida y la tomé. Por esa ocasión copiaría. Estaba por terminar de copiar cuando Midori se me acercó.

    -Akai, ¿cómo sacaste eso de ahí? -cuestionó, señalando el resultado de Dei.

    -La verdad... -observé la gráfica y la ecuación sin entender. -No sé – me reí, me encogí de hombros y voltee mi cabeza.- Dei , ¿por qué esto de aquí? -señalé la libreta.

    -Ah, está sencillo, mira -tomó su libreta e hizo unos cuantos garabatos al rededor del margen. - Si tienes una ecuación cuadrática entonces será una parábola y su vértice estará aquí -señaló un punto- Debido a que la ecuación dice que pasa por -1 y -3. Entonces sus focos...-continuó garabateando el margen.

    -Gracias Dei -le dije y noté que Midori le estaba poniendo atención también.

    -De nada -sonrió. - Si te surge otra duda, me dices.

    -Gracias -respondí y acomodé las cosas sobre la banca. Me fijé en Midori, aún se veía con dudas. -¿Qué sucede Midori? -pregunté.

    -No sé, es sólo que... -le interrumpí.

    -No desconfíes de Dei. Ella es muy buena con los números -le aseguré.

    No respondió. Unos minutos después, llegó el sensei.

    -Pónganle su nombre a la hoja y entreguen sus problemas resueltos -pidió y recogió las cosas del escritorio. Pasamos las hojas hasta al frente, luego el sensei las recogió y se fue.

     

    Suspiré, me acosté en el pupitre y cerré mis ojos. Me sentía extraña y para colmo, apenas iban dos horas de ese día. Parpadeé varias veces seguidas y me levanté de golpe.

    -¿Qué paso? -pregunté rápidamente, sabía que me había quedado dormida.

    -Te dormiste justo antes de que llegara Franky-sensei.

    -¡¿Y por qué no me despertaron?! -pregunté un poco molesta.

    -Lo intentamos -se justificó Midori con los brazos cruzados-. Pero alguien tiene el sueño muy pesado.

    -¿Qué dijo el sensei? -cuestioné rápidamente, quizá tendrá trabajo extra o algún regaño.

    -Nada, tuvimos que mentir -rió Midori-. Le dije que tu mascota acaba de morir –sonrió.

    -Así que, para mañana, Kurozaki se llamará Kurozaki segundo -mencionó Dei refiriéndose a mi gato.

    -Ya, enserio ¿qué paso? ¿Qué les dijo? -no podía creerles.

    -¡Es enserio! -dijo Dei  y entonces entendí que era verdad, Dei no solía mentir.

    -Franky-sensei no es tan estricto y después de la historia que le soltamos... No tuvo objeción para dejarte dormir -Midori se encogió de hombres.

    -Sí, dijo algo como que debiste haber faltado.

    -Rayos- Ambas rieron. Hubo un silencio y entonces lo recordé. -¡¿Y el taller?! -grité un poco.

    -Kakashi-sensei siempre llega tarde, así que hay problema- me sonrió Midori. Observe a Dei.

    -No iba a dejarte sola si Midori debía irse -sonrió y me dio una palmada.

    -Perdón -agaché mi cabeza en señal de disculpa.

    -Ya veremos como lo pagas -se puso de pie Midori-. Nos vemos al rato -corrió fuera del salón.

    -Sabes que puedes contarme lo que quieras, ¿verdad? -Dei me observaba con una angustia tangible. Me enojé conmigo misma por un momento, no quería preocupar a Dei y eso era lo único que estaba logrando.

    -Disculpa, gracias -le sonreí y ella me regresó el gesto.

    -Si puedo hacer algo por ti, dímelo.

    Lo pensé unos instantes, era el momento, la cuestionaría.

    -Si puedes. Tengo una pregunta-. Ella asintió con la cabeza y me vio fijamente. -¿Estás enamorada de alguien? -Ella me sonrió y negó con la cabeza.

    -¿Por qué? –Dei enarcaba una ceja, curiosa sin entender el por qué de la cuestión.

    -Ash -me quejé y crucé de brazos. Me gustaba la idea de verla al fin, enamorada. Ella rio y al verla así, no pude creer que fuese mentira.

     

    Dei y yo empezamos a recordar aquellas aventuras que habíamos vivido juntas. Recordaba conocer a Dei desde pequeña así que nuestros padres siempre nos enviaban juntas a algunas actividades. Dei era muy buena en los deportes, quizá se debía a que ella aprendió artes marciales desde pequeña, sin embargo, ella jamás había demostrado inclinación por alguno.  Por mi parte, siempre me habían gustado la jardinería. No estaba segura del por qué, las flores comenzaron a atraer mi atención desde muy pequeña.

     

    Esperamos las dos horas para por fin salir, Midori pasó al salón a buscarnos y emprendimos camino juntas. Salí junto con Midori, caminando por el enorme pasillo, entonces giré la cabeza para ubicar a Dei; ella venía más atrás, caminando muy lento ya que iba hablando con el sensei, entonces lo vi. Esa sonrisa y aquella acción… ¡A ella le gustaba Kakashi-sensei! Casi me detengo y grito a todo pulmón mi descubrimiento, a no ser porque lo que estaba frente mío fue aún más impactante. Me vio, sonrió y levantó sus cejas, seguido me sonrió de manera sensual.

     

    –¿Me extrañaste primor? –dijo y sin permiso besó mis labios. Me quedé estática, ¿acaso estaba soñando? Sujetó mi mano. -Ven, antes de que… -le interrumpí.

    -No, espera -me detuve de golpe soltándome de su agarre.

    -Nena -me sonrió dejándome ver sus dientes-. Esto es un secuestro y sinceramente, si no cooperas -se acercó a mi oreja y la mordió-. Será más excitante.

     

    Sentí un cosquilleo dentro de mi estómago, me gustaba. Me tomó de la muñeca y corrí detrás de él, intentando seguir sus pasos. Lo vi girar la cabeza y morder su labio en varias ocasiones, no sabía que pensaba o que veía y menos el porqué, pero la expresión en su rostro me gustaba. Nos alejamos bastante de la escuela, hasta llegar a un parque, frente de él, estaba estacionado un auto.




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