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    Encaje Gris

  • Título del capítulo: El extraño de pelo largo
  • Fecha de publicación: 03/07/2020
  • Lecturas: 9
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  • Abrí los ojos lentamente, me sentía exhausta. Cansada me puse de pie y bajé las escaleras. Me senté unos instantes en el sofá, bostecé un poco descubriendo que aún tenia sueño, sin embargo, me dirigí a la mesa. Ahí estaba la nota que mi padre había dejado anunciándome su partida. Como de costumbre estaba sola.

    Fui a la cocina y revisé el refrigerador, tomé algunas papas, zanahorias, un par de naranjas. Hice mi desayuno, lo llevé a la sala y me acurruqué en un asiento. Estaba por empezar a comer cuando escuché mi celular sonar desde el cuarto, dejé el desayuno y corrí hasta la habitación, seguramente era él. Tomé el artefacto y lo llevé hasta mi oreja.

     

    -¿Si?

    -Mi pequeña, ¿cómo estás?

    -Hola papá.

    -¿Ya desayunaste?

    -Estoy en eso. ¿Qué tal el curso?

    -Bien, sólo que se extenderá. Llamaba para avisarte que llegaré por la madrugada.

    -Cuídate

    -Tú también. Mantenme al tanto de tu condición.

    -No te preocupes papá, ya estoy bien.

    -¿El resfriado?

    -Como nueva.

    -Bueno –mencionó no muy convencido.

    -Enserio, ya me verás por la noche.

    -Llegaré tarde, será mejor que no te desveles, mañana tienes escuela -dijo ocasionándome confusión, ¿mañana? ¿qué día era? ¿lunes? Me despegué el celular del oído un instante y vi la fecha, domingo. - ¿Cariño?

    -Si papá, dormiré temprano -colgué la llamada y vi de nuevo el celular. - Domingo -repetí. No sabía qué había ocurrido con el sábado, se había esfumado, tanto así que no tenia ni idea de que había hecho.

     

    Sujeté el celular y me dirigí abajo. Desayuné y seguido me bañé. Noté que la fiebre ya no estaba, supuse entonces que el día anterior había permanecido todo el día en cama. Después de la ducha fui a mi mochila, revisé mis libretas recordando que había faltado el viernes. Abrí mi celular, me recosté en la cama y le marqué a Akarui.

     

    -¡Dei-chan! -dijo feliz tras escucharme.

    -Hola Aka-chan.

    -¿ESTÁS BIEN? -preguntó algo histérica al teléfono-. Faltaste el viernes y, y, ¡no me contestaste el teléfono hasta hoy! -reprochó.

    -Lo siento -dije-. Hiberné desde el viernes y al fin salí de mi capullo.

    -¿Pero estas bien? -sonaba bastante preocupada.

    -Sí, en verdad -sonreí. Mi amiga siempre se preocupaba demasiado por mi.

    -Bueno -me dijo dudosa.

    -Esto... Aka-chan... Sobre la tarea... -pregunté un poco avergonzada.

    -Ah si, pues Tsunade-sensei dejó investigar sobre el ciclo celular, envió a Shizune con la tarea, ya ves que el jueves no fue -hizo una pausa-. Ero-sennin nos pidió leer…- lle interrumpí.

    -¿Ero-sennin?-

    -Jejeje –se rió-. Es que tú no sabes lo que ocurrió el viernes.

    -¿Algo malo?

    -No, lo que sucede es que Naruto lo apodó así y el viejo ese, el solito se acuñó el apodo –dijo sin poder aguantarse la risa.

    -Esta bien –dije sin entender.

    -Bueno –dijo tomando aire-. Pero de la tarea, dijo algo, no recuerdo que... Ah y Kakashi-sensei nos puso unos ejercicios de tarea, puedo ir y enseñártelos.

    -No quiero molestarte Akai.

    -No es molestia, después de la comida iré -dijo firme.

    -Gracias -no refuté, conocía a Akai y podía ser bastante terca.

    -Nos vemos.

    -Si y adelanta la tarea -sugerí.

    -Ah -se quejó-. No quiero hacerla.

    -Podremos hacer juntas la de Kakashi-sensei, pero, haz las demás sin mí.

    -Esta bien –no sonaba muy convencida.

    -Te veo en un rato.

    -Te quiero Dei.

    -Te quiero Aka-chan, gracias -colgué el teléfono.

     

    Busqué el ordenador y comencé con la investigación para biología, encontré varias fuentes. Estaba leyendo cuando el sonido de música me distrajo. ¿Acaso era mi imaginación? Preste más atención, pero no pude concentrarme, el sonido se hizo más intenso desconectando mis pensamientos. Me acerqué a la pared y le di un par de golpes, si mi oído no fallaba, el sonido venía de la casa de junto, sin embargo, la consecuencia de mi acción fue que el volumen de la música aumentara.

     

    -Genial -pensé sarcástica. Me levanté de mi asiento y bajé. Tomé mis llaves y cerré la casa; llamé a la casa de al lado. Pasó un momento, insistí y entonces la puerta se abrió. Un chico alto, de cabello largo, con un rostro familiar abrió.

    -Hola -dijo al verme.

    -Buenos días -saludé cortés. Me distraje un instante, al abrirse la puerta las voces de unas personas resonaron fuertemente como eco, agité un poco mi cabeza. - Disculpa -fui directa, siempre lo era.- ¿Te importaría bajar el sonido de tu música?

    -Disculpa -dijo -enseguida les diré.

    -Gracias -dije y me di la vuelta.

    -¿Te sientes mejor, Deiji-chan? -escuché tras de mi y sentí un escalofrío, ¿acaso ese extraño me había llamado?

    -¿Perdón? -me giré un poco sorprendida.

    -Les diré que le bajen a la música -hizo un gesto y volteó.

    -Gra-gracias -le repetí y me retiré rápidamente.

     

    ¿Qué había sido aquello? Jamás en mi vida lo había visto, pero entonces ¿por qué su rostro se me hacia tan familiar? Quizá estaba imaginándolo todo, era eso.

    Subí las escaleras y seguí con la tarea. Sin darme cuenta las horas pasaron. Me entretuve un rato luego de acabar con mi tarea leyendo un libro, me gustaba leer historias policiacas y de terror, aunque jamás lograban ponerme los pelos de punta, me resultaban de alguna manera interesantes. Despegué la mirada tras escuchar algo peculiar.

     

    -Esa risa –pensé.

     

    Me asomé rápidamente por la ventana, efectivamente, ahí estaba Akai pero no estaba sola, sino que, junto a ella había un chico acosándola. Me levanté deprisa y salí disparada a bajo. Abrí la puerta y observé al susodicho seriamente.

     

    -Vamos bombón, Jashin-sama es bueno- le dijo, la apretó contra él y le sonrió. No lo entendía, ellos… ¿¡se conocían!?

     

    Akarui le regresó la sonrisa, pero quitó de ella el brazo del chico.

     

    -Ejem –dije aclarando un poco mi garganta, haciendo que ambos notaran mi presencia.

    -¡Dei-chan! –dijo emocionada Akarui, separándose de él y corriendo a abrazarme.

    -¿Tú? –dijo y comenzó a reírse aquél tipo-. El mundo si que es bastante pequeño.

     

    Lo observé y alcé una ceja, jamás en mi vida lo había visto.

     

    -No tienes que entender –dijo él y estiró una de sus manos-. Devuélvemela.

     

    Sonreí irónica. Si pensaba que le iba a prestar a Akai aunque fuese por un instante, estaba equivocado. Sujeté más a mi amiga entre mis brazos.

    -Nena –le dijo el sujeto a Akarui como reprochándole. Ella sólo rio, pero en ningún instante hizo movimiento alguno para separarse de mi.

    -¿Vamos? –le dije a mi amiga, refiriéndome a entrar, acariciándole la cabeza.

    -Sí –me respondió.

     

    La solté unos instantes y abrí la casa. El tipo en algún momento se acercó, ya que cuando me di la vuelta, él tenía sujeto uno de los brazos de Akarui. Acercó su cara a la oreja de mi amiga, dejé la puerta abierta y me aproximé precipitadamente, alcanzando a oír parte de lo que el fulano decía.

     

    -Quien fuera zapatero para curtir tu cuero –dijo y le mordió el lóbulo.

    -Suéltala –le dije molesta tras ver lo que le hacía y oír su comentario.

    -Estaré tras de ti conejita –la soltó y le mandó un beso luego de soltarla.

     

    La jalé rápidamente del brazo y nos metimos a la casa.

     

    -¿De dónde conoces a ese tipo? -le cuestione a Akarui. Ella estaba sonrojada, llevaba una sonrisa que trataba de ocultar de su rostro.

    -Bueno, no es que nos conozcamos en realidad -dijo e hizo una pausa-. El empezó a hablarme desde el viernes.

    -Ajá -dije alzando una ceja, esperando una explicación.

    -El viernes lo conocí a él y a Ace, ¡Ace resultó ser el hermano mayor del que Luffy siempre nos habla! -dijo Akarui emocionada.

    -¿Y él es amigo de Ace?- seguía sin entender la situación.

    -Podría decirse que Hidan odia a Ace -mencionó Akarui recordando.

    -¿Hidan?

    -Sí.

    -Ya no entiendo.

    -Ahí te va -dijo e inhaló-. El viernes salí de la escuela y me quedé afuera esperando a Midori, entonces vi que había un chico sentado, me le acerqué y lo toqué pero no respondía y pensé que estaba enfermo o algo cuando de repente levantó su cabeza y me asustó, y pues bueno, me puse a hablar con él. Seguí esperando a Midori y de pronto alguien pasó un dedo por mi espalda Dei, ¡era Hidan!

    -Pero... ¿Ahí entonces ya lo conocías?

    -No, no, ahí él, como un completo extraño, se acercó a mi y me pasó el dedo por la espalda, me giré y me sonrió. Me invitó a salir mientras intentaba acorralarme, pero Ace me rescató de ese momento, creo que fue desde entonces que Hidan comenzó a odiarlo. Después de eso, le llamaron a Hidan y se fue.

    -¡¿Y entonces cómo rayos es que estaba ahí afuera contigo?!

    -¡No lo sé! Bajé del camión y comencé a caminar para llegar hasta aquí y cuando me di cuenta, él estaba al lado mío -se encogió de hombros.

     

    Hice cara de asco.

     

    -Ya sé. Pero... -sonrió ampliamente.

    -Ay no Akai.

    -Sí -dijo y se mordió el labio-. Es muy, muy sexy.

     

    Suspiré resignada. Mi amiga siempre solía fijarse en tipos muy extraños: estaba aquél chico moreno que trabajaba cerca del negocio de su mamá, que nunca podía acordarse de los pedidos y siempre ponía sal de más; luego, el otro chico, mucho mayor que nosotras, que iba y venía, con los mensajes de la empresa de nuestros padres, con unos gustos muy extraños, usaba pantalones que le llegaban cerca del tobillo y camisetas muy pegadas, además de que siempre se la pasaba fumando; y el último, más actual, un chico de talla pequeña, reservado, que solía parecer deprimirse a menudo. En verdad no entendía el patrón por el cual mi amiga siempre se enamoraba.

     

    -Ay Dei, ahora entiendo como nunca has tenido novio – movía su mano, mientras caminamos a la sala y nos dirigimos a mi cuarto.

    -Pues nadie se ha fijado en mi -me encogí de hombros.

    -Como no -se detuvo de golpe y se giró para verme.

    -Tan es así que ni siquiera he besado y lo sabes.

    Akai se quedó callada e hizo una mueca.

    -¿Lo ves? -le recriminé.

    -No, no. Éstas ciega Dei –respingó haciendo un ademán con las manos.

    -Claro que no.

    -Yo diría que más que nadie se haya fijado en ti, tú nunca te has fijado en alguien -dijo e inmediatamente me reí.

    -Sabes que me cuesta eso de las relaciones.

    -¡Te cuesta todo lo fácil! -reprochó

    -Eso no es sencillo -me defendí.

    -Es muy obvio cuando tienes a un chico interesado en ti -giró y siguió caminando.

    -Para ti es fácil -me encogí de hombros.

    -Sólo tú te lo complicas.

    -Claro que no, a veces sólo son amables –me justifiqué y ella suspiró resignada.

     

    Entramos a mi habitación, mi pequeña amiga corrió hasta mi cama, aventando su mochila a un lado, acostándose y sujetando uno de mis peluches entre sus brazos. Siempre que nos veíamos era así. Sonreí y me dirigí a su mochila buscando la libreta con la tarea, así la saqué y la llevé conmigo al escritorio. Terminé de copiar y comencé a desarrollar los problemas.

     

    -Si la fuerza A se desplaza hasta llegar al punto B en un plano con una inclinación de 32º ¿Cuál es la… -giré la cabeza encontrándome con la mirada atenta de Akarui.- ¿Qué sucede? -estaba de lado, aún recostada, observándome con demasiada atención.

    -¿Cómo lo haces Dei?

    -¿Qué?

    -Eso…-señaló con su mano hacia el escritorio-. Yo me aburro.

     

    No pude evitar sonreír, los números eran mi especial fuerte.

    -Sólo son números, los ves, piensas un poco y se hacen solos, es fácil.

    -No es fácil, fácil la historia -se giró, jugando con el peluche entre sus brazos, arrojándolo al aire.

    -Aburrida, memorizar fechas, lugares, nombres, no sólo puedes razonar.

    Akarui calló.

    -Te gané –le dije con una sonrisa.

    -No quiero hacerla –dijo y se tapó la cara con una almohada.

     

    Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que ella se levantó de golpe, aventando la almohada hacia un mueble y asustándome un poco.

     

    -¡Ya sé! –dijo feliz Akai.

    -¿Qué? -pregunté sin entender.

    -¡VEAMOS YAOI! -gritó animada. La observé unos instantes. Ella siempre quería leer o ver esa cosa.

    -No -dije autoritariamente. Me rehusaba rotundamente a ver eso.

    -Anda, sabes que mi internet no es bueno y pues, ya que estoy aquí…

    -Mejor ven a hacer la tarea.

    -No quiero –dijo volviéndose a aplastar.

    -Ya acabé, ven a copiar al menos.

    -Está bien –mencionó, se puso de pie y se acercó.

    Me levanté de mi asiento, pude sentir algo revolverse en mi estómago, recordándome que no había almorzado aún.

    -Akai, ¿me acompañarías a comer?

    -Claro Dei, vamos –dijo con una sonrisa y nos pusimos en marcha.

     

    Bajamos, ella llevaba las libretas en las manos. Me acompañó mientras comía unos pedazos de pizza que tenía guardados en el refrigerador. Estaba por terminar cuando escuchamos unos gritos afuera, sabía que provenían del tipo de hacía tan sólo unas horas antes, Hidan.

     

    -Quédate aquí –le dije a Akarui. Fui a la puerta de la entrada y salí.

     

    Afuera estaba la persona de mis sospechas y otro chico parecido al de la mañana, con otro rostro que se me hacía familiar, sólo que éste en realidad se me asemejaba más.

     

    -¿Podrías dejar de hacer ruido? –le pedí educadamente.

    -¿Tú de nuevo? –dijo él molesto-. ¿no te bastó con llevarte a mi sabrosura?

     

    Ése apodo me molestó de sobremanera.

     

    -Ella no es algo tuyo, así que cierra la boca y deja de ponerle sobrenombres absurdos –dije acercándome a él y empuñando mis manos.

    -¿Eeeh? –dijo arrogante-. ¿Y tú que puedes hacer para impedírmelo? Yo le puedo decir como quiera a mi me-lon-ci-to –dijo haciendo un gesto repugnante con las manos.

     

    No pude contenerme, estaba a la distancia perfecta, así que le tiré un puñetazo en la cara que lo hizo sentarse en el suelo, al parecer no se lo esperaba. Su amigo se empezó a reír a carcajadas al verlo así.

     

    -¡Uy! –le dijo-. ¡Te sentó una chica! –le dijo sobándose la barriga.

    -¡Cabrón! –me gritó con una cara enojada.

    Retrocedí un poco. El chico se tocó la mejilla y se puso rápidamente en pie.

    -Esta me las pagas –dijo acercándose.

    -Oye Hidan, no –le dijo el chico que lo acompañaba, sujetándolo y alejándolo de mi.

    -Jódete Shisui, eso no es una mujer ¡y a los cabrones me los chingo! –dijo soltándose de su agarre y corriendo hacia a mi.

     

    Me preparé para su llegada, pero alguien se interpuso entre nosotros, logrando que él detuviese su andar. Hidan se frenó justo enfrente del sujeto delante mío. No pude ver que movimientos hizo, pero la persona que se encontraba frente de mi, obstaculizando la llegada del obsceno, lo repelió un poco lejos.

     

    -Ve a dar una vuelta, toma aire y cuando te tranquilices, vuelve –le ordenó más que pedir, el extraño de pelo largo.

    -Pendejos –dijo el impúdico haciendo una seña y se alejó molesto.

     

    Volteé para dirigirme a casa, di un par de pasos cuando escuché una voz:

     

    -¡Oye! –se acercó a mi sujetando mi hombro alguien, me giré y observé a uno de los chicos, el pelinegro de cabello corto.

    -¿Sí? -lo observé desconfiada.

    -¡Tienes una derecha estupenda! –me halagó el chico. No pude evitar reír, era extraño que alguien te dijera eso.

    -Gracias –le dije, pero me limité a eso, él era un extraño.

    -Oye, no seas así de huraña, al menos dime tu nombre, se podría decir que soy tu vecino… -dijo, lo vi incrédula, no lo había visto jamás-. Nos acabamos de mudar, bueno, mi novia se acaba de mudar a esa casa –dijo señalando la casa naranja junto a la mía.

    -Ah -me limité a responder.

    -Vamos, no seas tan seria -dijo brindándome una sonrisa-. Yo soy Shisui y este de acá -dijo señalando al otro muchacho-. Es mi primo, Itachi. ¿Tú cómo te llamas?

    -Deiji.

    -Pues un placer, nos veremos seguido por aquí Deiji-chan.

    -Mucho gusto -dije y me dirigí a la casa.

     

    Abrí la puerta y entré, busqué a Akarui en la cocina, pero no la encontré, subí a mi alcoba, ahí estaba ella, viendo por la ventana y riéndose.

     

    -¿Aka-chan? -le dije desde el marco de la puerta.

    -¡Dei! -me dijo ella y quitó su vista de la ventana.

    -¿Qué estás haciendo? -pregunté. Ella estaba sobre el mueble, inclinada cuando la vi.

    -Pues... Escuché un poco y sabía que si salía te molestarías... Así que opté por la mejor opción, ¡ver y oír todo desde la ventana!

     

    Reí un poco, si bien era cierto que tenía bastante tiempo de conocer a Akarui, no pensaba que ella supiese tanto de mi.

     

    -¿De qué te ríes Dei?

    -No es nada... Mejor dime de qué te reías tú.

     

    Hizo una mueca en el rostro y levantando las cejas de par en par.

     

    -¡Le gustas al primo! -dijo a la par que se levantaba del mueble.

    -¿Ah? -escapó de mi boca, no entendía porque decía esas palabras tan absurdas.

    -Yo lo vi, ¡él te defendió!

    -Si, algo así, al parecer es un hombre con modales.

    -Vamos Dei, además es guapo -tomo asiento en la cama.

    -No lo conozco –moví la cabeza de un lado a otro, desconfiada.

    -¡Pues vamos a conocerlo! Como si estuviera tan lejos -dijo haciendo un ademán con las manos. - Sólo tenemos que salir y tocar el timbre, y…

     

    Suspiré.

     

    -¿No quieres conocerlo? -ahora estaba preocupada.

    -No estoy segura, ambos chicos se me hacen familiares de alguna manera.

    -¿Si? Yo pensaba que era sólo mi imaginación -se llevó una mano al mentón.

    -¿Acabaste de copiar?

     

    Akarui rió.

     

    -Me distraje con el ruido -se excusó y se levantó de la cama. - Ahora termino.

     

    Por fin terminó de copiar, entonces ambas bajamos. Platicamos un rato más de las clases, de los compañeros, por fin recordó la tarea de Jiraya-sensei, una lectura. Estábamos tan entretenidas platicando que no nos dimos cuenta de la hora. Era tarde, estaba por obscurecer, así que decidí llevar a Akarui a su casa. Tomé mis llaves y salimos. Cruzamos a la acera de enfrente cuando escuchamos el grito de Hidan dentro de la casa naranja, seguido del sonido de la puerta abrirse.

     

    -¡Primor! -le gritó él al verla, sin fijarse en mi.

     

    Empuñé mis manos e impulsivamente llevé atrás a Akarui, entonces el obsceno me observó.

     

    -Cabrón... -dijo resentido.

     

    Detrás de él salieron los dos chicos pelinegros de la mañana y alguien quien no creí ver... El engreído mayor, Uchiha Sasuke.

     

    -Dei, ya vámonos -me dijo tomándome de la mano mi amiga, dándome pequeños tirones.

    Afirmé con la cabeza y apresuré el paso, me detuve de golpe cuando nos gritaron.

    -¡Dei-chan! ¡Aka-chan! -escuché tras de nosotras, giré la cabeza desconfiada encontrándome con otra sorpresa. Midori estaba justo detrás sujetando sus rodillas, agotada de tanto correr.

    -¡Midori-chan! -la abrazó Aka-chan-. ¿Qué haces aquí?

    -¡Hidan me dijo que te había visto en la casa de al lado, pero no le creí y resultó ser cierto!

     

    Aka-chan se echó a reír.

     

    -Hasta tuvo un conflicto con Dei, ¿no te dijo?

    -¿Qué? –preguntó Midori sin entender.

    -Nada –respondí-.  Apenas y lo conozco –le dije y agaché la mirada, notando la presencia de una chica pequeña quien me miraba de forma extraña, entrecerrando sus ojos y con la quijada levantada. La observé unos instantes-. ¿Sí?

    -Ella es mi prima, Natsumi –dijo Midori presentándonos a aquella chica.

    -Te odio –me dijo viéndome con recelo.

    -Pero, pero, ¡Dei es muy linda! –me defendió Akarui.

    -¡Odio que sea tan alta! –dijo haciendo un pequeño puchero y después se me acercó-. ¿Y el clima qué tal?

     

    No hablé, me molestaba que me preguntaran cosas absurdas como esa, sabía que era alta a comparación del promedio de chicas. Me limité a desviar mi mirada hacia donde se encontraban los chicos. Oí como ellas seguían platicando mientras yo buscaba a ese sujeto. El arrogante, el vecino, el primo y… ¿dónde demonios estaba él?

     

    -Hidan, déjala –dijo entre rizas alguien, entonces giré mi cabeza.

    El fulano estaba ¿mordiendo? Un dedo de Aka-chan y lo peor de todo es que ella no le decía algo.

    -¡Oye! –le dije y al instante se separó.

    -No me he olvidado de ti cabrón, sólo lo dejaré pasar esta vez porque debo irme.

    -Tú siempre debes irte –le dijo Aka-chan sonriéndole.

    -Iré por ti, nena –dijo y en un rápido movimiento, le sujetó la cara y la besó.

     

    Me quedé en shock, no supe porqué mi cuerpo no reaccionó ni cuanto tiempo estuve así, sólo sé que, fue el contacto el que me sacó del trance. Sentí una mano sobre mi hombro. Giré mi cabeza para encontrarme con su dueño.

     

    -¿Puedo saber para donde se dirigen? Nosotros ya nos vamos –dijo Itachi soltándome.

    -Dei iba a… -habló Akarui, pero fue silenciada por otra voz.

    -¿Podemos llevarlas? –preguntó Midori sonriéndole a su prima.

    -Sí, ¿por qué no? Sólo déjame despedirme de los chicos –dijo ella sonriendo y se alejó.

    -Oye –escuché decir a Aka-chan.

    -¿Sí? –dijo el chico que se encontraba a mi lado.

    -A ti te gusta Dei, ¿verdad? –le dijo levantando las cejas de par en par.

     

    No pude evitar sonrojarme, ¡¿cómo se le había ocurrido decirle eso?!

    Él se rio un poco tras de oírla.

     

    -Es linda –dijo y colocó su mano sobre mi cabeza.

    -Tú siempre tan caballeroso –le dijo Midori burlándose de él.

    -¡Ya vámonos! –escuché a uno de los chicos decir a lo lejos.

    -Espera, espera, ¿cómo te llamas? –le sujetó del brazo Aka-chan, impidiendo que se fuera..

    -Itachi –escuché y luego se alejó.




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