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    Encaje Gris

  • Título del capítulo: Miedo con locura
  • Fecha de publicación: 03/07/2020
  • Lecturas: 8
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  • Salimos de casa tan pronto como pudimos. Sasuke se había quedado dormido y se nos había hecho tarde. Había recibido una llamada de Shisui hacía unos minutos para avisarme que se encontraban esperándonos para el desayuno.

     

    Sasuke me pidió manejar, le arrojé las llaves y me subí en el asiento de copiloto. Me hundí en mi asiento viendo la ciudad, estaba bastante distraído y cansado. Llevaba mucho tiempo pensando qué sería de ella.

    Ayer no la había visto, de camino a la escuela cuando iba por Sasuke pude ver a la chica de gafas y a Midori caminando juntas, pero no a ella. Recuerdo haberle preguntado de manera muy discreta a Sasuke sobre su paradero, pero él no supo que decirme, por lo que mi curiosidad quedó insatisfecha. Sin darme cuenta llegamos a casa de Umi. Bajé del auto y llamé a la puerta, enseguida salió Umi corriendo hacia Sasuke, ella siempre era así.

     

    -Itachi-kun, Sasuke-kun –dijo y acto seguido, se puso de puntillas para acariciarle la cabeza a mi hermano.

    -Buenos días –saludé.

    -Hmp –hizo su habitual sonido mi hermano.

    -¡Llegan tarde! –nos reprochó ella haciendo un puchero.

    -Pero ya estamos aquí – dije y entonces entramos.

     

    Dentro de la casa ya se encontraba mi primo, nos saludamos como de costumbre y nos sentamos en la sala.

     

    -Esta mujer aún no hace el desayuno… Se negó a iniciar hasta que todos estuviéramos presentes -Shisui estaba sentado frente a mi, con los brazos cruzados, reprochando y viendo a Umi.

    -Disculpa, pero alguien se quedó dormido –dije entre risas viendo a mi pequeño hermano.

    -Hermano –dijo algo avergonzado.

    -Te pareces a Midori –dijo entre risas Shisui.

    -¡Yo no estoy dormida! –le gritó desde arriba la chica.

    -Vaya, si que tiene buen oído -sonrió divertido ante el reclamo.

    -Hmp –dijo Sasuke y se puso en pie-. Iré arriba –anunció y se dirigió a las escaleras.

    -Itachi – Shisui me observaba un gesto raro, serio, quizá intrigado-. ¿estás enfermo?

    Lo vi confundido, no entendía por qué me preguntaba eso.

    -No, ¿por qué lo dices?

    -Tienes la cara pálida, además de ojeras -se reclinó más hacia mí, como examinándome.

     

    Sonreí. No iba a decirle que hacía unos días que no podía dejar de pensar en ella y que en especial, la noche anterior no había logrado pegar el ojo por la angustia sobre alguien a quien no conocía a ciencia cierta.

     

    -Sólo debe de ser hambre -me encogí de hombros.

    -¡Umi! –le gritó Shisui a Umi-. ¿ya estará el desayuno? -giró la cabeza para verla.

    -Esto… -salió de la cocina un poco apenada ella. Llevaba entre las manos un recipiente de plástico.

    -¿Qué pasa? –preguntó Shisui al verla.

    -Falta harina…-se veía apenada.

    -¿Y hasta apenas ahora te vienes a dar cuenta? –le reprochó.

    -Bueno, iré con alguno de los vecinos a pedir un poco –le respondió muy tranquila.

    -No, tú quédate y adelanta la comida, yo iré -se levantó.

    -Pero –dijo y frunció el ceño su novia. Shisui y yo sabíamos lo que pensaba. No tenía mucho que ellos acababan de salir de esa situación, ella parecía aún un poco insegura y los celos se hacían presentes.

    -Yo iré –les dije poniéndome de pie.

    -Gracias Itachi –dijo Umi y me entregó el recipiente.

     

    Suspiré y salí de casa.

     

    Era la primera vez que lo veía así, un vecindario demasiado tranquilo. Las antiguas casas donde Umi había vivido siempre me habían parecido lugares alarmantes, donde no podías darte el lujo de ser descuidado, y ahora, el vecindario se asemejaba a pueblo fantasma. No había mucho ruido, se sentía realmente tranquilo.

    Me acerqué a la casa de junto y toqué el timbre, lo que vi me paralizó. Frente de mí se encontraba aquella chica misteriosa, de piel blanca y cabello rizado claro, al igual que esos lindos ojos. En sus mejillas se miraba un lindo tono rosa adornando.

     

    -¿Sí? –preguntó desconfiada, sin abrir del todo la puerta.

    -Hola –saludé y no pude evitar formar en mi rostro una sonrisa-. Vengo de parte de tu nueva vecina. Quizá parezca algo extraño e incrédulo, pero… ¿podrías regalarnos algo de harina? -le enseñé el recipiente.

    -Espérame aquí –dijo con cautela, lo tomó y cerró la puerta tras de sí. Sonreí para mí, ella era muy desconfiada.

     

    Espere en la entrada, tardó unos instantes y volvió con el recipiente entre sus manos.

     

    -Gracias –le dije sonriendo nuevamente. No pude contenerme más, mi curiosidad fue mayor y de mi boca escapó-. Disculpa, ¿cómo te llamas?

    -Deiji –respondió dudando decirme.

    -Mucho gusto –dije y estiré una de mis manos. Se veía un poco tímida así que no quise invadir su espacio. Me limité a estrechar su mano, aunque ni con ello se veía muy cómoda-. Nos veremos después, Deiji. Nuevamente, gracias.

    -Hasta pronto –dijo y cerró la puerta.

     

    No lo podía creer, me quedé parado ahí como idiota después de haberla visto. Me di unos golpes en la cara, tratando de despabilarme.

     

    -Uchiha Itachi, ¿qué diablos te pasa? Ella es sólo una niña, ¡UNA NIÑA! –me repetí mentalmente y volví a golpearme la cara. Di unos pasos para volver a la casa, quedándome inmóvil justo enfrente. Era una niña quizá, pero ella era muy diferente a las demás, o al menos, a mi poca percepción lo parecía.

     

    Llamé a la puerta, Shisui me abrió, se me quedó viendo unos instantes y después sonrió.

     

    -Hermano, sí estás enfermo -sujetó mi hombro.

    Lo observé y alcé una ceja sin entender a qué se refería.

    -Enfermo de amor- se burló-. Traes una estúpida sonrisa en la cara… - dijo sonriéndome ampliamente.

    No pude evitar sonreír nervioso y desviar la mirada. Él había dado justo en el blanco.

    -¿Y quién es la afortunada? -me había soltado y buscaba establecer contacto visual.

    -Aún no estoy seguro de quererla –dije consciente, no la conocía y lo peor al caso, ella era mucho menor.

    -Lo que digas –me dio un par de palmadas con esa sonrisa vil en el rostro y se adentró en la casa.

     

    Desayunamos y luego de eso, salimos todos juntos a enseñarle la ciudad a Midori. Recorrimos por fuera varias plazas comerciales, parques y algunos teatros. Pasábamos cerca de un parque cuando Umi gritó.

     

     -¡Quiero un helado! –saltó como niña pequeña abrazando a Shisui.

    -Claro –dijo sonriendo y enseguida buscó un lugar donde aparcar.

     

    Después de un rato logró estacionarse. Todos bajamos del auto, Umi tomó de la mano a Shisui y lo jaló dirigiéndolo a los helados, haciéndolo correr tras de ella y detrás de ellos, nosotros. En cuanto acabamos de pedir, Umi embarró con un poco de su helado los labios de Shisui, para después pasear su lengua por ellos. Pude ver en el rostro de Sasuke una mueca, me acerqué a él y le acaricié la cabeza.

     

    -Midori está sola. Ve a hablar un poco, te hará bien –le dije, él llevaba un rato sin poder sacar esa carga del pecho.

     -Hmp –dijo como el niño pequeño que era y sin más fue con Midori.

     

    Ambos empezaron a platicar, yo observaba a mi hermano y a mi primo cuando sentí una presión en el hombro.

     

    -Al menos yo tendré globos –dijo.

     

    Quité la mano de mi hombro, y me giré levemente, ya sabía que se trataba de aquél idiota.

     

    -¿Qué te trae por aquí Hidan? –le dije tratando de no ser grosero.

    -Un mandado de Kakuzu, pero entonces los vi por aquí y me preguntaba si… sí bueno…

    -La chica de gafas no está aquí -respondí tajante, era evidente su interés superficial en ella.

    -Ah –se quejó él-. Que desperdicio de tiempo. Si hubiese sabido que… -continuó hablando, yo dirigí mi vista a mi hermano, al parecer poco a poco iba mejorando su relación con Midori. Siempre me había preocupado la manera en la que solía hacer amigos, así que me gustaba ver a Sasuke interactuar-. El mandado de Kakuzu.

    -Ajá –le respondí sin mucho cuidado.

    -Bah –dijo, estaba por irse cuando noté que se quedaba quieto, su mirada se fijaba en un punto. Observé lo que veía. Un chico alto acompañado de otro un poco más pequeño, acercándose a Midori-. Ese cabrón…

    -¿Los conoces? -pregunté intrigado, no sabía dónde se había relacionado, pero él parecía sumamente molesto, se le notaba a simple vista.

    -Ese pendejo fue el que no dejó que me llevara los melones…. –me dijo y emprendió caminoo-. ¡Oye tú! –le gritó Hidan al chico, pero él no volteó.

    -Oye Hidan –me acerqué, sujetando su hombro.

    -¡CABRÓN! –gritó y corrió hacia él.

    -Idiota –pensé y fui tras de Hidan, fue un poco tarde. El chico despistado no vio llegar a Hidan, quien le dio un golpe en la cara. Llegué justo detrás de eso sujetando a Hidan, evitando una pelea.

     

    Empezaron a discutir verbalmente, pero todo se tranquilizó cuando Midori se acercó al pecoso. Logré “tranquilizar“ a Hidan y aunque no muy convencido se fue. Midori nos presentó al pecoso, Ace, quien resultó ser hermano mayor de Luffy, el pequeño compañero de Sasuke.

    Después de aquella repentina escena, nos despedimos y volvimos a casa, era tarde e iba a obscurecer, estábamos por despedirnos cuando a Umi se le ocurrió una loca idea.

     

    -Sasuke, Itachi, quédense a dormir –nos dijo con una sonrisa picaresca.

    -No cabremos –me excusé.

    -Aquí sobran habitaciones, además nos divertiremos juntos –dijo tomando de la mano a Sasuke, metiéndolo a la casa de nuevo. Mire el rostro de Sasuke, se veía feliz, sus ojos brillaban como los de un niño pequeño ansioso, aunque claro, él no iba a decírmelo, sabía que estaba deseoso por quedarse.

     

    Suspiré resignado.

     

    -Está bien Umi, nos quedamos -le dije y ella sonrió complacida.

     

    Nos sentamos todos juntos en la sala. Umi encendió el televisor, una de las series que ella solía ver.

     

    -Que aburrido -esputó Sasuke sin contenerse.

    -Creo que me iré a dormir -dije poniéndome de pie.

    -Eres un chico listo, enseguida descubrirás cuales son las habitaciones que no puedes ocupar -dijo Umi guiñándome un ojo.

    -Buenas noches - me despedí y comencé a subir las escaleras, abrí el primer cuarto del lado derecho, para mi sorpresa estaba vacío, solo una cama. Cerré la puerta tras de mi, me aventé a la cama y cerré mis ojos. Empecé a pensar, a analizar que era lo que me pasaba. ¿Esa niña simplemente me causaba curiosidad? No, era diferente. No la conocía, entonces no podía decir que era amor, aunque tampoco podía mentirme a mi mismo y decirme que lo que estaba sintiendo ya lo había experimentado. Estaba por dormir cuando la tos de alguien me despertó, tosía fuertemente. Me senté en la cama molesto, estaba por bajar a reclamar cuando se calló. Volví a acomodarme, respiré hondo y luego...

     

    -¡KYA!- Sabia perfectamente que ese grito era de Umi. Me puse de pie y baje por las escaleras con cuidado, ya que todo estaba obscuro.

    -¿Qué pasó? -pregunté curioso entre la inmersa obscuridad.

    -De un momento a otro, se fue la luz -me respondió de algún lado Midori.

    Saqué mi celular y los alucé. No entendía por qué ellos no habían hecho lo mismo.

    -¿Por qué no has ido a ver los fusibles? -le dije a Shisui.

    -Porque esta mujer no me deja -Umi estaba abrazada a él.

    -No -dijo y se aferró con más fuerza-. Tú sabes lo que siempre pasa en lo oscurito.

    Suspiré y caminé con dirección a la cocina, unos metros más y busqué en la caja de fusibles, efectivamente uno estaba fundido.

    -Tendrán que ir a conseguir uno nuevo si quieren luz -les anuncie volviendo con ellos.

    -Iré con alguno de los vecinos -se ofreció Midori.

    -No señorita -dijo Shisui-. El que debe de ir es un caballero. Es muy tarde para que una jovencita salga. ¿No es así Itachi? -sonrió maliciosamente.

     

    No hablé, sabia las intenciones tras de sus palabras.

    -Enseguida vuelvo -dije y salí. Inhalé fuertemente estando fuera, empuñe y les ordene a mis piernas dar un par de pasos.

     

    Aquella enorme casa azul se veía obscura por lo que no creía que hubiese alguien en casa, pero aún así llamé a la puerta. El timbre sonó, pero nadie salió, volví a tocar, pero nada, entonces desistí. Estaba por darme la vuelta cuando una luz se encendió. Me quedé de pie unos instantes cuando la puerta se abrió. Era esa chica de nuevo, Deiji.

     

    -Hola -la saludé al verla, pero no respondió-. Quizás pienses que somos unos irresponsables, pero la verdad es que tenemos muy mala suerte. Se nos acaba de fundir un fusible y nos preguntábamos si...

    Ella empezó a toser fuertemente, vi su rostro, se veía pálida.

    -Da-dame unos minutos... Por fav... -volvió a toser..

    La observé detenidamente, el sonrojo en el rostro que traía esta mañana era mayor, impulsivamente me acerqué a ella y sentí su frente, estaba ardiendo.

    -Oye -le dije, pero al instante ella retiró mi mano.

    -¿Cuántos fusibles te faltan? - Ella hablaba con dificultad

    -Deberías descansar un poco.

    -Gracias, pero estoy bien -dijo sonriéndome levemente.

     

    Me dejé dominar por mis impulsos; empujé la puerta, me metí en su casa cerrándola tras de mi y le sujeté los hombros. Ella me vio sorprendida.

     

    -No voy a hacer nada malo, sólo voy a obligarte a que descanses -le dije haciéndola caminar dentro de su propia casa.  Ella soltó una risa pequeña y tímida que me gustó.

    -Ni siquiera sabes a donde vamos. Déjame darte los fusibles y entonces, después de eso te prometo irme a dormir -dijo quitando de ella mis manos-. Espérame aquí -me dijo dejándome sentado en la sala.

     

    Ella se fue atravesando una puerta, unos pocos minutos después escuché un fuerte golpe, me puse en pie y corrí buscando en las habitaciones donde se encontraba ella. Al fin la encontré, estaba en el piso, al lado de una cajonera abierta. La sujeté del hombro empujándola un poco y llamándole, ella no respondió, así que la levante con cuidado, poniendo una mano bajo sus rodillas y otra en su cintura, la llevé a la sala y luego, con muchas dudas, empecé a subir en búsqueda de su habitación. Al parecer tenia un buen instinto para encontrar lugares puesto que su alcoba fue lo primero que hallé. Con mucha vergüenza entré la habitación de Deiji; era bastante grande, me sorprendí al ver que era algo inusual, no era rosa ni muy femenino, con una cama grande en el centro y algunos libreros. No quise seguir invadiendo, así que sólo la acosté en la cama, pero enseguida ella se aferró mi pecho. No pude evitar sonrojarme, no sabia porque ella me ponía así. Intenté separarme, pero ella me abrazó.

     

    -Calor -dijo y acaricié una de sus mejillas. La contemplé un momento, llevaba ese pijama rojo y negro de la mañana, su cabello estaba revuelto, su respiración era corta pero rápida. Estiré mi mano cubriéndola con una sabana. Pasé una de mis manos por su mejilla, me acerqué un poco, su piel blanca y suave...

     

    La tentación fue mayor...

     

    La besé.




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