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    Encaje Gris

  • Título del capítulo: Una y otra vez
  • Fecha de publicación: 14/09/2020
  • Lecturas: 5
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  • Desde el viernes no había podido contactarla, habían pasado dos días y ella no contestaba mis mensajes. ¿Se encontraría bien?

    El viernes le mandé la primera docena de mensajes, cuando el día comenzó a tornarse gris. No tuve respuesta, más no quise preocuparme y pensé que me contestaría después, ya que cualquier cosa le pudo haber pasado a su celular y a su ineficiente red.

    Llegó el sábado, animado creí que tendría un mensaje suyo al despertar, pero nada. Mi celular estaba libre de nuevos mensajes de ella. Traté de buscarla, pero ante la gran tormenta que se desató, Sabo me impidió hacerlo.

    Hoy sería el día, sin importar que sucediese, tendría que verla y asegurarme que estaba bien.

    Me aliste y salí de casa. Era ya medio día y el cielo volvía a amenazar con desatarse. Camine rápido y en menos de una hora me encontré fuera de su casa. Respiré hondo y llamé a la puerta, enseguida abrió Shisui.

     

    -Que bueno que seas tú, cabrón -llevaba el ceño fruncido, se veía más molesto que de costumbre.

    -Hola Shisui, vine a hablar con Midori- hablé lo más tranquilo que pude-. Desde hace unos días no me responde y me gustaría aclarar unas cosas.

    -Claro que sí, yo te voy a aclarar tus ideas -dijo y rápidamente me golpeó la cara.

    Instintivamente levanté la mano para sobarme el lugar del golpe.

    -¿Qué demonios te pasa? –le reclamé.

    -Ni se te ocurra acercártele de nuevo.

    -¿Pero... ?-lo miré sin entender que ocurría.

     

    Él estaba más que listo para pelear, entonces vi una silueta aparecer por detrás, ahí estaba Umi sujetándole el hombro.

     

    -Déjalo entrar.

    -Pero él -me señaló sin dejar de fruncir el ceño.

    -Él debe hablar con Midori.

    -Bien -su tono de voz denotaba su enojo-. Pero en cuanto terminen, se larga -sentenció desapareciendo por el corredor.

    -Pasa Ace -me invitó Umi, a lo cual asentí-. Sabes bien de tu crimen.

    -¿Qué? –no entendía que estaba sucediendo.

    -¿Necesitas un contexto para averiguar de cuál de todos se trata?

    -No sé que ocurre, en verdad.

    -Has estado engañando a Midori.

    -¿Qué? Yo jamás he hecho algo así y mucho menos se lo haría a ella.

     

    Suspiró y luego fijó su mirada en mis ojos.

     

    -¿La amas?

    Sentí mi pecho estrujarse y mi corazón latir fuerte y rápido. Estaba a punto de responderle cuando volvió a hablar.

    -Si tanto la amas, no vuelvas a cometer estupideces -me observó firme y me dejo marchar.

     

    Subí rumbo a su cuarto, gracias a que había estado ahí antes conocía su ubicación. Toqué la puerta y escuché su voz.

     

    -Pasa -sonaba apagada y triste.

     

    Abrí la puerta encontrándome con ella acurrucada en la cama, dando la espalda y abrazando una gran almohada con sus extremidades. Me senté a su lado y le revolví el cabello, enseguida ella se incorporó y me vio fijamente. Sus ojos verdes se veían hinchados, además tenían un tono rojo, observé rápidamente su nariz del mismo tono, indicándome que  había estado llorando.

     

    -Ace ¿qué haces aquí?- aunque se veía sorprendida de verme, su voz seguía igual de apagada.

    -Te extrañaba.

    -Seguro, lo hacías mientras estabas con ella –su voz denotaba su molestia.

    -¿Qué? De qué hablas.

    -La tipa esa, con la que andas -sus lágrimas comenzaron a acumularse.

    -¿Quieres explicarme que ocurre? -la mire serio, esperaba que mis sospechas fuesen inciertas.

    -Tu chica, la verdadera. La de cabello negro ondulado, tez pálida y anteojos, la encontré en el parque el viernes y me dijo que ustedes dos...

    -Basta -la callé. Mis sospechas eran ciertas-. Déjame explicarte.

    -Entonces sí la conoces –reprochó dándome pequeños golpes en el pecho.

    -Sí, pero… -ella me interrumpió.

    -Que tonta fui al pensar que lo nuestro era algo especial, ya que tardamos muy poco tiempo en enamorarnos y hacernos novios… Pero ahora sé que no fue así, fue una locura pensar que te enamorarías más rápido de mi cuando en realidad ya tenías tiempo con ella.

    -No creo que se deba establecer un "plazo" para enamorarse de alguien, porque con el verdadero amor uno puede sentir todo aquello que creyó haber vivido antes, en tan sólo un día -la miré fijamente a los ojos.

     

    Ella dio un trago y sujetó fuertemente la almohada que tenía.

    -¿Quieres saber quien es ella? Su nombre es Sayumi -puse uno de mis dedos en sus labios, silenciándola-.  Y antes de que me digas algo más, no. Jamás he salido con ella.

    -¿Entonces cómo sabe lo de tus tatuajes?

    -¿Con eso te convenció? ¡Está loca y obsesionada conmigo! Cuando la conocí parecía normal, pero después no dejaba de seguirme o buscar alguna excusa para hablarme. Cuando me conseguí novia ella se encargó de hartarnos el uno del otro. Jamás le he tocado si quiera la mano. Sabe de los tatuajes porque una vez en la escuela, cuando salía de las duchas, la descubrí espiándome en los vestidores. ¡Está demente!

     

    Ella me vio con cierto asombro.

    -Midori, tú eres la única que puede decidir si creerme o no.

    -Ace yo... ¿qué haré la siguiente vez que alguien me mienta? ¿me seguirás queriendo? Tengo miedo de ese dolor –habló mirando el piso, refiriéndose a nuestra posible ruptura. Vaya mentira.

    -No tengas miedo de perderte en mi –le sonreí y le sujeté la barbilla-. Lo peor que te puede pasar es que yo te ame de por vida.

    -Ace, nosotros nos conocemos desde hace poco pero...

    -Estoy aquí Midori, en alma y cuerpo, listo para demostrarte mi amor.

     

    La sujete de la nuca y la atraje a mis labios, comencé a besarla mientras la recostaba de regreso en la cama. Sus piernas rodeando las mías, sus brazos en mi nuca y mis labios en los suyos. Instintivamente mi mano se posicionó en su cintura y comenzó a desnudarla, para cuando me di cuenta, estaba tocando el inicio de sus senos.

    -Umh –gimió ante mi primer tacto y entonces me detuve. Ella debía estar completamente segura de querer seguir.

    -Midori, me gustaría que nos perteneciéramos de una vez, pero... –me interrumpió.

    -Entonces sigue –sus ojos permanecían cerrados mientras sus dientes mordían su lindo labio rosa.

     

    Le tomé la palabra y me acomodé mejor para continuar con mi labor. Saqué rápidamente de mi cartera un condón y lo tiré a un costado. Primero debía hacerlo con mucho cuidado y buscando generarle el mayor placer de su vida, quería demostrarle las maravillas de hacer el amor.

    Hundí mi cabeza en su cuello y comencé a besarlo, mientras con mis manos agilizaba el proceso para deshacerme del camisón que la cubría. Lo deslicé rápidamente mientras nos separábamos por la falta de aire. Ella enseguida cubrió sus senos únicamente cubiertos por el sostén, sentí como sus piernas hacían un poco de presión intentando cubrir sus bragas. Le besé ambas manos mientras las guiaba a mi cabeza, visualicé su ropa interior unos instantes y no pude evitar sonreír, aquellas prendas sí que se veían bien sobre de ella, pero el pensar lo que me estaba esperando debajo, me hizo sonreír aún más.

    Volví a besarle el cuello y poco a poco descendí besándola hasta sus senos. Con una mano estrujé uno. La escuché gemir levemente y la sentí arquearse un poco, entonces aproveché y le desaté el sostén. Se lo arranqué de golpe y antes de que ella pudiese volver a cubrirse, me adueñé de sus pechos. Introduje uno de ellos en mi boca y acaricié su pezón con la lengua, sus manos sujetaron mi cabello fuertemente ante tal acción. Me separé de ella y la vi. Mordía su labio fuertemente mientras se aferraba con ganas a mi cabeza. Sonreí y le di un ligero tirón al otro con mi mano, mientras que volvía a la acción con mis labios.

    Me sentí ansioso, entonces me apresuré, bajé mi mano y comencé a acariciarla por encima de la tela en su parte sensible, primero un dedo rozando, sólo incitando, y luego, esquivando aquella tela y entrando lentamente en ella. Estaba húmeda, me encantaba saber que era por mi.

    Me incorporé y me saqué la camisa, luego le quité rápidamente las bragas. Sonreí, se veía realmente sensual y aquél lunar en su entrepierna, cercano a su feminidad, se veía precioso.

    Me acomodé de nuevo y le besé la entrepierna, escalando hacia su feminidad, llegando a ella y besándola, entonces gimió con fuerza, gemido que tuve que callar besándola, pensando que abajo estarían Umi y el ogro de Shisui.

     

    -Tranquila nena, estamos empezando –fue lo único que le dije. No iba a ponerla más nerviosa con mis pensamientos.

     

    Ella asintió con la cabeza mientras abría sus ojos y me veía. Fue la mirada más dulce que jamás haya visto, una mirada perdida y brillante. No me pude contener más. Me hinqué un momento y me quité los pantalones junto con el bóxer, dejando mi erección libre. Me acomodé en su entrada y me acerqué para besarla.

     

    -Trataré de que te duela lo menos posible –le avisé. Ella dio un trago y asintió. Entonces me coloqué el condón rápidamente y entré, la presión de estar dentro de ella era maravillosa, sin poderlo evitar empecé a mover mis caderas lentamente. Ella gritó suavemente ante la molestia, afortunadamente la tormenta que había surgido nos ayudaba a ocultar los sonidos.

     

    -¿Duele mucho? –pregunté.

    -No –mantenía los ojos cerrados junto con una mueca.

    -Pasará pronto.

     

    Así fue, en un momento más, aquella mueca sobre su rostro había desaparecido y en su lugar se encontraba aquél hábito suyo de morderse el labio.

     

    -¿Te gusta? –pregunté orgulloso.

    -¿Eh? –escapó en forma de gemido, sin responder nada más, junto con esa mirada perdida de nuevo. Me excitaba y me hacía querer follarla duro.

    -Te gustará más –la sujeté de la cadera y me coloqué frente de ella en un ángulo de 90°. Sujeté sus piernas y me di el impulso necesario para entrar duro. Ella gemía arduamente. Observé mi pene entrar y salir, quería llegar más y más hondo, más rápido y más fuerte. Desvié mi mirada al frente, sonreí al ver su cara roja, al parecer había observado.

     

    Un par de envestidas más hasta que sentí el orgasmo cerca, me quedé quieto unos instantes al sentir sus contracciones, luego volví a ver su cara. Sus ojos cerrados y la respiración agitada, se había quedado dormida en medio de la acción, pero ya le enseñaría como jugar mejor.


  • Notas Finales:
    Me ayudarían mucho si me hicieran algún comentario x)
    Espero les guste



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