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    Encaje Gris

  • Título del capítulo: Cambios extraños
  • Fecha de publicación: 03/07/2020
  • Lecturas: 13
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  • Notas iniciales:
    Este FF me lo pidieron hace tiempo dos chicas.

    Espero les guste ;)



  • Lo que estaba ocurriendo en ese momento era lo que menos pensaba a mis 16 años. El viajar con mi prima Natsumi no estaba dentro de mis planes y era que, de mis familiares con la que menos había tenido contacto en todos los años de mi vida era con ella; no escuchaba y mucho menos platicábamos, tampoco sabía nada acerca de sus gustos o de su vida siquiera. No conocía absolutamente nada de ella... Y, ¿cómo era entonces que mis queridos padres se les había ocurrido la loca idea de que yo viviera con ella? Ah sí, la nueva escuela. De la nada, se habían enterado de que la mejor escuela era “Kaji“, con mucho prestigio y que tendrán los mejores resultados al salir si yo ingresaba ahí. Después de ese pequeño misterio, mis padres se habían visto influenciados por esas tontas redes de comunicación y anuncios, y era así, como me habían separado de mis ellos, de mis amigos y de todo aquello con lo que yo estaba familiarizada.

     

    Ahora me encontraba sentada en el auto, al lado de esa prima mía de la cual no conocía más que su nombre y que era muy responsable según lo que me habían dicho mis padres, era por ello que me estaban dejando a su cargo. Pensaba en todo aquello mientras observaba las nubes que dejábamos atrás.

     

    -Oye -me interrumpió ella, deshaciendo el silencio.

    -¿Si? -voltee ligeramente a verla.

    -¿Te molesta si pongo música? -acercó su brazo al reproductor.

    -No -dije y volví a dirigir mi mirada a la ventana, era cierto, en todos esos minutos que llevábamos viajando lo habíamos hecho en silencio.

     

    Escuché un ruido cerca mío, giré mi cabeza curiosa y entonces me sorprendí, tomé el volante en un rápido movimiento; ella lo había soltado y se encontraba agachada buscando quién sabe qué debajo en la guantera. Pasaron unos muchos segundos de tensión para mi y entonces volvió al volante, viendo mi posición.

     

    -¿Quieres conducir?

    -¡Lo hice por que tú soltaste el volante! -le reclamé. Sentía mis vellos erizarse y el corazón latiendo a mil.

    -Ay, íbamos en recta, no pasa nada -dijo como si fuese natural para ella hacer cosas así.

    -¡Casi nos matas! -reproché, con cierta molestia en la voz.

    -Mientes tan bien… que me sabe a verdad… - pero ella respondió cantando, haciendo de lado mis palabras.

     

    Era una broma ¿verdad? La prima que mis padres me describieron como la persona mas responsable del mundo carecía de sentido común. Empezaba a parecerme una terrible broma, pero no podía juzgar tan solo por una acción. El volumen de la canción que resonaba fue la que me trajo de vuelta, fuera de mis pensamientos.

     

    -Tienes unos ojos que me invitan a probarte, piel de duraznillo, corazón de chocolate… –cantó a todo pulmón, haciendo movimientos ligeros con la cabeza y en un instante, aún cantando, imitó el acto de tocar una guitarra. No pude evitar tensarme. Ella había dejado solo el volante y aunque su vista permanecía en el frente, sus movimientos sólo lograban ponerme más inquieta.

     

    Ella continuaba cantando y moviéndose, no pude hacer más que estresarme y para evitar hacerlo, me hundí en mi asiento. Si bien iba a morir preferiría hacerlo de una forma en la cual no me percatara de mi ascenso al otro mundo. Cerré mis ojos y me concentré en dormir, pero no pude hacerlo, sus gritos no me dejaban. Me resigné, pero permanecí con los ojos cerrados escuchándola. Quizá de un momento a otro caí en los pensamientos que tenía, logrando así perder la consciencia unos instantes, pero esos momentos que no duraron mucho, ella me agitó trayéndome de regreso.

     

    -¿Qué? ¿qué pasa? -pregunté exaltada, había sido un poco brusca la manera de despertarme.

    -Ya llegamos -dijo sonriendo y apartó su mano de mi hombro.

     

    Sobé mis ojos antes de bajar. Busqué con la mirada a mi prima, ella estaba dirigiéndose a una casa naranja, de dos pisos. Rápidamente visualice el vecindario, parecía uno de esos "privados", ya tendría tiempo de conocerlo. Salí y fui tras de ella y por fin entré a mi nuevo hogar. El lugar se veía bastante bien, tan sólo había puesto un pie en la entrada y ya me gustaba; era una sala comedor, así podía ver el televisor mientras comía.

     

    -Tus cosas están arriba, en la segunda puerta del lado izquierdo -me dijo-. Puedes cambiar de habitación si quieres.

     

    Asentí con la cabeza y me dirigí a las escaleras que se encontraban del lado derecho, ocultando el baño. Arriba visualicé un gran pasillo con puertas a los lados, comencé a caminar y explorar las habitaciones. La primera del lado derecho una habitación, la segunda un baño y la tercera otra habitación. Revisé el lado izquierdo, dos puertas, ambas habitaciones. Ella había elegido las mas grandes como nuestras alcobas, no iba a juzgar su decisión así que comencé a desempacar.

     

    No noté el pasar de las horas hasta que necesité encender el foco para continuar, lo bueno fue que ya estaba por acabar. Terminé y me recosté en la cama, di un largo suspiro, cerré los ojos. Recordaba las palabras de mis padres y el último abrazo de mis amigos, habíamos salido sumamente temprano y no había podido conversar más con ellos, aunque solo habían pasado unas horas ya los echaba de menos.

    Escuché un sonido muy familiar y automáticamente abri los ojos, se trataba del timbre pero, ¿acaso podría ser mi imaginación?  No, claro que no. Natsumi había dicho que tenía muy poco tiempo viviendo aquí, así que no entendía quién podría ser. Mi curiosidad fue mayor y terminé por bajar las escaleras.

     

    -Umi... -Alcancé a escuchar desde arriba. La voz se escuchaba grave y tosca. Definitivamente esa no era la voz de mi prima. Me puse en cuclillas intentando visualizar al dueño de la voz.

    -Te extrañé tanto -escuché seguido de algo que pude identificar como un beso, entonces consideré seriamente no bajar, huyendo de la manera más sigilosa posible, pero mis piernas fallaron torpemente y resbale, cayendo y haciendo ruido.

     

    Ante mi, en los siguientes minutos pude contemplar a mi prima y a un chico guapo de cabello negro así como sus ojos.

     

    -¡Midorin! ¿Estás bien? –me preguntó Natsumi aún observándome. El chico de cabello negro se agachó y estiró una de sus manos para auxiliarme, la tomé y me ayudó a ponerme en pie-. ¿Midorin? –repitió, quizá estaba escuchando mal, ella estaba agregando una “n“ a mi nombre.

    -S-sí –dije sobándome un poco discretamente. El golpe en realidad no había sido fuerte, sino más bien algo vergonzoso, había terminado cayendo sobre mi trasero. Me sacudí un poco disimulando y los observé, en algún momento él la había abrazado pasando un brazo por su cintura, al parecer ella se dio cuenta de mi observación por que entonces me dijo:

    -Midorin, él es mi novio, Shisui –dijo movilizando un poco su mano.

     

    El chico se acercó y estiró su mano, imité su acto pensando que sólo la estrecharíamos, pero no fue así, el jaló de mi mano y entonces besó mi mejilla.

     

    -Uchiha Shisui –dijo él y sonrió.

    -Numa Midori –dije y solté su mano.

    -Muy bien, ya que ahora todos nos conocemos, que les parece si ¿vemos una película? – dijo Umi y enseguida nos acercamos a la sala.

    -Habrá que ver que hay en la tele –respondí no muy convencida.

    -No, tengo aquí… -dijo Natsumi corriendo a un mueble-. ¡Películas de terror! –dijo levantándolas rápidamente, muy emocionada, como si fuese una niña pequeña.

    -Me encantan las películas de terror –dijo Shisui feliz, sentándose en el sofá cerca del televisor.

     

    Tomé asiento al lado de él, Natsumi puso la película y luego se sentó a su otro lado, no sin antes haber apagado la luz. La película estaba apunto de comenzar, entonces nos percatamos que nos hacían falta botanas.

     

    -Iré a hacer palomitas -les dije y me puse de pie, caminé a la cocina y busqué el maíz, abrí algunos cajones cerca de la estufa pero no lo encontré. Regresé a la sala a preguntar su ubicación, sonrojándome por lo que vi. Natsumi estaba sentada sobre Shisui, de frente a él, besándolo desenfrenadamente. Me giré y volví a la cocina dando un largo suspiro, no sé como no lo vi venir si es que claro, estaba todo silencioso. Me quedé ahí esperando unos minutos pero tal parecía que ellos no planeaban separarse. Unos minutos más Natsumi entró en la cocina.

     

    -¿Por qué tardas tanto Midorin?

    -No encontré las palomitas -dije, ella se paró sobre un banquillo para buscar encima de una alacena. No me había dado cuenta de su tamaño hasta que se paró junto a mi sosteniendo aquella bolsa.

    -Listo -dijo brindándome una sonrisa-. Mañana te enseñaré donde están cada una de las cosas- me entregó la bolsa y se giró.

    -Gracias -le dije y antes de que pudiera pedirle la cacerola para hacerlas, ella ya me la había pasado junto con la mantequilla. Volvió a la sala dejándome la labor.

     

    Hice las palomitas y volví haciendo ruido con los platos, chocándolos entre sí, no quería encontrarme otra escena similar. Nos sentamos y comenzamos a ver la película. En el transcurso mi prima gritaba como desesperada, no lo podía creer, ¿era enserio que le daba miedo?, ella se ocultaba detrás del hombro de su novio y lo abrazaba. Así pasamos toda la película hasta que acabó.

     

    -Midorin, ve a dormir, mañana inician tus clases -me dijo Natsumi-. Yo limpiare un poco -se excusó, yo sabía que la verdadera razón era para quedarse a juguetear un rato con Shisui. No iba a juzgarla, quizá si yo tuviese novio también haría lo mismo.

    -Hasta mañana -me despedí agitando la mano y subí las escaleras. La verdad me extrañaba un poco que las clases empezaran un miércoles en vez de un lunes, pero tampoco iba a quejarme por más vacaciones.

     

    Me recosté en la cama pero para mi sorpresa no tenia ni una pizca de sueño, en su lugar extrañamente pude escuchar como en realidad Natsumi sí estaba lavando los trastes. Me asombré, mis suposiciones sobre ella habían sido incorrectas, debía conocerla más para adivinar sus movimientos. Cerré mis ojos intentando dormir, pero no lo logré. Después de unos minutos los abrí y entonces di un brinco, mi corazón palpitó más rápido e instintivamente me envolví en la sabana cubriéndome. Había algo ahí, justo como en aquella película, observándome; busqué a ciegas el celular que se encontraba en el buró y lo llevé conmigo dentro de las sábanas. Vi la hora, pasaba de la media noche. Intenté pegar el ojo pero sentí que aquella sombra me observaba, volví a revisar la pantalla del celular y me sorprendí, ahora eran las dos de la mañana, ¿cómo carajo había pasado tanto tiempo sin siquiera yo notarlo? Bueno de alguna manera estaba más tranquila, aquello ya no tenía que estar ahí, ¿verdad?

     

    -Tranquila Midori –me dije. Me armé de valor, tomé la sábana y me descubrí de golpe inclinándome al frente, pero en ese instante escuché un grito, erizándome todos los vellos de mi cuerpo, me quedé paralizada. Quería gritar, pero de mi boca sólo salió un sonido vago. Enfoqué mi visión, no había algo en el cuarto, sólo estábamos algunas cajas que faltaban de desempacar y yo.

     

    -Ah –escuché y entonces me molesté conmigo misma. Aquel grito no pudo haber sido otra cosa y gracias a mi sugestión, lo había mal interpretado todo. Volví a recostarme en la cama y continué estuchando ese sonido. Fingí no escuchar algo, el cansancio del viaje por fin se estaba expresando, cerré mis ojos y caí dormida.

     

    -Midorin –llamó a mi puerta alguien-. Levántate o llegarás tarde el primer día –dijo mi prima abriendo la puerta, para después cerrar y marcharse.

     

    Me puse de pie de mala gana, me vi en el espejo. Genial, hoy era el primer día de escuela y llevaría unas ojeras cual mapache. Comencé a vestirme rápidamente, no quería que la primera impresión que diera fuera que yo era de esas personas que siempre llegaban tarde. Bajé rápidamente, sorprendiéndome. Natsumi tenía la mesa lista, así como una bolsa sobre de ella.

     

    -Anda, empieza a comer o se nos hará tarde –me dijo ella, estaba arreglada, sentada del otro lado de la mesa comiendo, sin prestarme atención. Me senté y comí con ella, me puse de pie, lavé mis dientes y regresé a la sala-. Sube al auto –me indicó y salí.

     

    Chequé el reloj de mi celular, llegaría temprano. Estando un momento afuera, pude escuchar unos gritos en la casa de al lado, pero no pude distinguir que era lo que decían, solo escuché unos murmullos. No pude descifrarlo, Natsumi había salido y cerrado la casa. Nos subimos al auto y ella me observó fijamente antes de conducir.

     

    -Por kami –comenzó a reír-. ¡Por qué traes un antifaz! –se burló y arrancó el auto. Ella se veía muy bien, a pesar de que quizá sólo había dormido un par de horas. No pude contenerme ante su burla y le dije:

    -Claro, ¡como yo no liberé un santiamén de endorfinas anoche, mi cara se ve así de mal! -le reproché, pero ella rió aún más fuerte.

    -Pensé que ya estabas dormida -se encogió de hombros, sin quitar aquella sonrisa de su rostro.

    -No me dejaron dormir.

    -Pues tendrás que acostumbrarte novata.

    -¿Qué?

    -O ¿qué? ¿Cuántos novios has tenido? ¿Acaso tu ya…? –dijo soltó el volante un instante e hizo una seña con la mano refiriéndose a que si ya había tenido sexo.

     

    La observé molesta.

     

    -He tenido dos novios –le dije.

    -Ajá –dijo picarona-. ¿y ya has…?

    -No.

    -No-va-ta -sonrió divertida.

     

    Comencé a reír, ella en realidad se no parecía nada a la descripción que mis padres me habían dicho, quizá me empezaría a llevar bien con ella, no era lo que en un comienzo pensé, toda una chica mandona, egocéntrica y odiosa, y es que, según mis padres, ella había sido el primer lugar para ingresar a la universidad y elegir carrera. No podía creer que tratar con ella fuese tan sencillo, en realidad, pensaba que ella era algo así como una niña pequeña.

     

    -Oye, oye –dijo empujando mi brazo levemente.

    -¿Natsumi-san? –dije mirándola y volviendo en mi. Frunció el ceño.

    -No me digas así, basta de formalidades –hizo un puchero-. ¡Umi! ¡Umi! –dijo como niña pequeña tras un berrinche.

    -Umi…

    -¿Hum?

     

    Olvidé de lo que hablábamos y mi boca sólo articuló una frase.

     

    -¿Hoy también vendrá Shisui?

    -¿Por qué? –dijo con cierto recelo, entrecerrando levemente los ojos, sin quitar la vista del frente. Quizá ya sabía que de hacerlo, me aterraría.

    -Sólo quiero saber a que hora debo llegar para no interrumpir –me excusé ante su aparente molestia.

    -Bueno… -dijo viéndome con ojos sospechosos-. En todo caso, le pediré que lleve a su primo –dijo y me dio un codazo-. Es soltero y guapo –finalizó alzando las cejas de par en par.

    -Te veré en casa –le dije abriendo la puerta del auto sin agregar nada ante su comentario.

    -No te vayas a perder, te voy a mandar a tu celular la dirección de la casa. Si crees ir mal, pide un taxi o llámame.

    -Te veo en la tarde Umi.

    -Hasta pronto Rin.

     

    Salí del auto y entré por las puertas del enorme colegio, noté que tenía un desnivel, ya que desde la entrada podía visualizarse la cancha del fondo. Miré un poco más la estructura y comencé a caminar, con mi mochila colgada al hombro y portando el habitual uniforme, una falda azul marino y camisa blanca con un corbatín que combinaba con la falda. Busqué el salón marcado en el papel que llevaba en mis manos “Aula 25“, recordaba mientras caminaba por el amplio pasillo, si que el lugar era enorme, di gracias a que Natsumi me había despertado temprano. Caminé y subí por las escaleras un buen rato buscando el aula hasta que la encontré, debía recordar:  tercer piso, edificio derecho, mano izquierda. Entré en ella, estaba vacía.

     

    -¿Me habré equivocado? –pensé, estaba por salir a buscar el número cuando vi a una chica, parecía de mi estatura; cabello corto, ondulado y negro, ojos obscuros, cejas pobladas, labios gruesos, frente ancha y antejos. Ella estaba sentada ahí, recargada en una banca sin moverse, visualizando a la nada. Pretendí no hacer ruido y entré al salón, me acomodé a un lado de la pared, pero pareciera como si la chica tuviese poderes, porque justo cuando me senté ella levantó la cabeza, giró viéndome y sonrió.

     

    -Eres nueva ¿verdad? –me dijo poniéndose de pie y acercándose a mi.

    -Sí –dije un poco tímida. No solía hablar mucho con extraños, pero una vez que tomaba confianza mi actitud cambiaba.

    -Yo soy Akemi Akarui – estaba parada frente de mi, con una enorme sonrisa-. Ven, siéntate a mi lado -hizo un ademán para que la siguiera -. Así podemos platicar de… -hizo una pausa, visualizó alrededor y luego alzó las cejas-. ¡YAOI!

     

    Empecé a reír, no podía creerlo, había encontrado a una chica lo suficientemente extrovertida como para hablar de eso sin siquiera sonrojarse.

     

    -Numa Midori –le dije y me acerqué a un costado de ella, cambiando mi lugar.

     

    Comenzamos a platicar de cómo era que había llegado a la institución, de la misma forma, empezaban a llegar más chicos, poniéndome nerviosa. Estaba en el centro del salón.

     

    En un instante, la alarma que anunciaba el inicio de la clase sonó, fue entonces que me percaté que gran parte de mis compañeros ya habían llegado puesto que entraron al salón, encontrándome con muchas miradas sobre mi.

     

    -Tranquila Midori-chan –dijo Akarui dándome algo de ánimos-. Ya verás que el primer día es genial, aunque ya nos “conocemos“ los maestros también son nuevos para nosotros –dijo brindándome un poco de esperanza.

    -Sí, todo irá bien –pensé y me puse cómoda en mi asiento.

     

    Escuchaba murmullo en el salón, hasta que de repente alguien mayor entró, de cabello blanco y sumamente alto, con dos líneas rojas cada una bajo sus ojos, llegándoles hasta la barbilla.

     

    -Buenos días –saludó él y colocó sus cosas sobre el escritorio. Estaba preparándose cuando alguien llamó a la puerta, logrando que todas las miraras se acoplaran.

    -¿Me permite pasar? –preguntó una chica alta, de cabello rizado y café claro, de piel muy blanca. Ella llevaba una sudadera que le quedaba grande y su falda era larga, pero aún así el profesor le dirigió una mirada no muy discreta. Al parecer era muy distraída, ya que no notó como la veía.

    -Sí, adelante –dijo y ella entró, se sentó al lado de Akarui.

    -Hola Dei-chan –escuché como le murmuraba Akarui.

    -Hola –escuché responderle.

     

    La clase comenzó y el viejo se presentó. Ágilmente escribió sobre el pizarrón “Jiraya“.

     

    -Yo seré su maestro de literatura. Junto con Tsunade he...- empezó a platicarnos la historia de su carrera, lo típico del primer día.- Pueden llamarme Jiraya-sensei o Jiraya el galante si se les dificulta menos- dijo esbozando una sonrisa, en ese instante dirigió una mirada nada discreta inspeccionado el salón. Lo noté porque en algún momento me observó.

    -Quedaría mejor Ero-sennin -dijo un joven rubio, sentado detrás, pero antes de que pudiésemos reír, el timbre sonó.

    -Tú, el rubio -lo señaló -. Te quedas un momento.

    -¿Quedarse? -pensé e hice una cara de desconcierto.

    -Midori-chan -me habló Akarui-. Salgamos un momento, es receso, ¿quieres? – Asentí,

    nos pusimos de pie y salimos.

    -Dei-chan -Akarui abrazó a la chica de cabello rizado y ella le correspondió el abrazo acariciándole la cabeza, si que era alta-. Ella es Midori-chan, es nueva y... ¡Le gusta el yaoi! -sonaba emocionada.

    -Ah… -dijo ella sin mucho ánimo. Me vio directamente a los ojos, por un instante sentí un escalofrío, su mirada era fría. - Mi nombre es Hieru Deiji –dijo estirándome la mano como saludo, enseguida correspondí el gesto.

    -Numa Midori.

    -Un gusto –dijo ella y seguido pude ver como su mirada se desviaba a la puerta.

    -¿Eh? ¡Claro que no-ttebayo! –pude escuchar un grito detrás de mi, que seguramente provenía en la dirección a donde veía Deiji.

    -¡Naruto! –le habló ella-. Con permiso –dijo y se separó un poco de nosotras.

     

    Ellos empezaron a hablar, en un movimiento me giré y no pude contener la risa; ese chico, el rubio de ojos azules estaba haciendo un movimiento nada discreto con las manos, como dibujando una silueta de una chica, enseguida dijo, en un tono muy audible.

     

    -Sí, de verdad, me dijo que le consiguiera una fruta bien madura con esas medidas –dijo con los ojos cerrados, como que no entendiendo las palabras de aquél viejo pervertido.

     

    Akarui estalló a carcajadas en cuanto lo escuchó, al igual que yo, pero Deiji sólo lo observó sin decir nada. Quizá fuimos demasiado escandalosas porque Naruto, como lo había llamado Deiji, volteó a vernos.

     

    -Oye, Akarui –dijo y se acercó a nosotros, siguiéndole el paso Deiji.

    -Ay –suspiró tomando aire Akarui-. ¿qué sucede Naruto?

     

    Entonces sentí una mirada en mí, el chico me estaba inspeccionando.

     

    -¿Qué? –le solté.

    -Ella es nueva –dijo Akarui presentándome amablemente.

    -Ah –exclamó Naruto y seguido me dedicó una sonrisa muy linda-. Soy Uzumaki Naruto.

    -Numa Midori.

    -Numa… -dijo y se llevó una mano al mentón, como si reconociera o recordara mi apellido de algún lado-. Numa…

    -¿Sí? -no entendía por qué lo repetía.

    -Hmp –escuché tras de mí-. Ni el primer día puedes llegar temprano.

     

    Deiji se giró con la mirada pesada, parecía molesta.

     

    -No sabía que había solicitado una nana –respondió ella y se volteó con nosotras.

    -Hmp, retrasas mis clases – dijo el chico de tez blanca, cabello y ojos negros al lado de nosotros. Siguió caminando, pero antes de haberse marchado se detuvo. -Dobe, vámonos -dijo y enseguida Naruto giró la cabeza, desconcentrándose de lo que estaba haciendo.

    -Nos vemos después chicas –dijo y se alejó con el otro chico -. ¡Qué quieres teme!

    -Midori-chan, Dei-chan –habló Akarui.

    -¿Sí? –respondí sonriendo.

    -¿Qué taller van a elegir?

    -Aún no lo sé –respondió Deiji con una mueca.

    -¿Taller? –pregunté, no sabía que lleváramos alguno.

    -Sí, están cocina, carpintería, paramédicos, corte y confección…

    -Dibujo técnico, electricidad, música, judo.

    -Son muchos –dije asombrada.

     

    Akarui rió.

     

    -No admiten muchos en cada taller, debes de ser de los primeros -dijo decidida Akarui.

    -Los más solicitados son judo, por los hombres y corte y confección por las mujeres –me respondió Deiji.

     

    En ese momento la alarma sonó y fuimos dentro del salón. Esperamos unos cinco minutos cuando entró un señor con apariencia fuerte, casi sin parecer humano, me recorrió un escalofrío. Su mandíbula y nariz se veían reconstruidas. Llevaba una camisa hawaiana y unos pantalones diminutos, así como una enorme cadena de oro como collar.

     

    -Buenas –dijo tomando asiento detrás del escritorio-. Mi nombre es Franky y les impartiré inglés II, yo sé que ustedes ya se conocen pero…- no acabó de hablar, el rubio habló.

    -¡Ella es nueva! –dijo poniéndose de pie y señalándome.

    -¿Eh? ¿quién? –dijo otro despistado, de cabello negro y corto, con una cicatriz debajo de su ojo izquierdo.

     

    La mirada del profesor se enfocó en mi.

     

    -Mierda –pensé, me comencé a poner nerviosa.

    -Entonces la presentación empezará por aquí -sonrió y me tendió la palabra.

    -Emmm –no sabía que decir y eso fue lo que escapó de mi boca.

    -Tu nombre, tu edad, algo que te guste, algo que te disguste y en tu caso, por qué cambiaste de escuela.

    -Hola soy Midori, tengo 16 años, me gusta el chocolate, los perros, bailar, me disgustan los gatos… Y… Mis padres escucharon de esta escuela y pues,  decidieron que vendría aquí dejando a mis amigos en la vieja escuela. Ahora vivo solamente con mi prima.

    -Dejaste a tus amigos y a tus padres –dijo el profesor con algo de sentimentalismo en la voz y seguido se llevó una mano al rostro-. Oh disculpen –frotó uno de sus ojos –me entró una basura al ojo –tosió disimulando-. Bien, el siguiente.

     

    Continuaron presentándose poco a poco y así descubrí los nombres de mis demás compañeros. Rápidamente pasaron dos horas de nuestra clase.

     

    -Nos veremos después –se despidió el profesor y salió.

     

    Estábamos por salir cuando una persona de cabello corto y negro se presentó ante nosotros, impidiéndonos la salida.

     

    -Esperen –dijo deteniéndonos -. En quince minutos deben presentarse en el auditorio, van a elegir su taller –fue lo único que dijo y se retiró.

    -Deberíamos ir adelantándonos, si no, no tendremos lugar –dijo Deiji.

    -Sí –respondimos a la par Akarui y yo.

     

    Tomamos nuestras cosas y comenzamos a caminar, bueno, en realidad yo las seguí. Llegamos al auditorio y para nuestra sorpresa ya había más alumnos. Tomamos asiento donde pudimos, las tres juntas.

     

    Pasaron exactamente los quince minutos que la chica de cabello negro y corto había mencionado y la platica comenzó. Empezaron a explicar en qué consistía la dinámica de la elección de los talleres, los horarios, los requisitos y demás. Sólo puse atención en cuanto empezaron a mencionar los diferentes tipos de talleres que existían, pero para mi sorpresa eran los mismos que me habían mencionado antes. Repartieron unas hojas que debían firmar los tutores y en ellas, debía llevar escrito tres opciones de los talleres que queríamos cursar.

     

    -Joder –pensé, ellas tenían razón, tenían ahora tantas opciones por el maldito cupo.

     

    La sesión acabó y el auditorio comenzó a vaciarse.

     

    -Dei-chan –habló Akarui-. Vamos a comer –sonaba ansiosa, la sujetó del brazo, tirando un poco de ella.

    -No, la siguiente clase que marca el horario es biología y si pienso que nos la impartirá quien creo, es mejor no llegar tarde,

    -Anda, tengo hambre -trató de convencerla.

    -No, comeremos al salir- se mostraba firme.

    -Dei-chan -suplicó Akarui haciendo un pequeño berrinche aún de pie.

    -Vamos –dijo y la seguimos. Preferí seguir su instinto, la forma en la que se veía, parecía saber de lo que hablaba.

     

    Llegamos y el salón estaba casi vacío, únicamente estábamos nosotras, uno de los pelinegros y un chico pelirrojo. Nos sentamos, esperamos un par de minutos y por la puerta, cerrando ésta tras de sí, entró una señora de cabello rubio y ojos miel.

     

    -¿Sólo ustedes? ¿por qué? –dijo mirándonos fijamente y colocando sus cosas sobre el escritorio. Tragué saliva ante el contacto, me estremecí y miré de reojo a Akarui que se encontraba a mi lado, ella estaba igual o más nerviosa que yo-. ¿No hablan? –preguntó.

    -Seguramente se desviaron a comprar algo para comer –habló una voz tras de nosotras, era del chico pelirrojo, si mal no recordaba, Gaara.

    -Tendrán su respectiva falta –dijo volviendo al escritorio y acomodando unos papeles.

     

    No sé por qué, no se presentó, quizá creyó que al ser muy pocos era una perdida de tiempo, ya que tendría que hacerlo de nuevo cuando estuviese la mayoría del salón.

     

    Pasaron unos veinte minutos y por fin se escuchó la puerta sonar, pero gracias a que la profesora la había cerrado, no pudieron abrir. Ella no se inmutó, para nada, continuaba concentrada revisando unos muchos papeles que tenía sobre la mesa.

     

    Los minutos fueron eternos, pero por fin esas dos horas de tortura terminaron.

     

    -Recojan sus cosas y salgan. Hasta mañana –avisó la profesora.

    -Hasta mañana –nos despedimos las tres y abrimos la puerta para salir.

     

    Afuera pudimos observar como estaban todos sentados, quizá se habían cansado de esperar el momento en el que la puerta se abriera. Bajamos las escaleras, caminamos por el pasillo y salimos del instituto, por fin había acabado el primer día.

     

    -Nos vemos mañana –se despidió agitando la mano Akarui.

    -Hasta mañana –dijo Deiji y también emprendió camino.

     

    Abrí mi celular y revisé la dirección que me había enviado.

     

    -Idiota –pensé, les pude haber preguntado sobre alguna manera fácil para volver a casa, bueno ya me las apañaría sola. Guardé el móvil en mi bolsillo, estaba por dar un paso cuando escuché una voz.

     

    -Oye- me giré, era el chico pelinegro que estuvo con nosotras en la última clase.

    -Sasuke, ¿cierto?

    -Sasuke-sama para ti –dijo y sonrió de lado.

     

    Instintivamente hice una mueca de lado.

     

    -Eso quisieras -susurré.

    -¿Y tú eres…? -preguntó no muy convendio.

    -Numa Midori.

    -Hmp –dijo y sonrió frunciendo un poco el ceño-. ¿Umi es familiar tuyo? -dijo de golpe y me sentí extraña.

    -Sí, es mi prima -mencioné sin entender a qué se debía la alusión.

    -Hmp.

    -¿Y bueno…? –no entendía para qué me había hablado, estaba por preguntárselo cuando una voz chillona me interrumpió.

    -¡Sasuke-kun!

    -Tsk -hizo un gesto de molestia y desvió la mirada.

    -Espérame –dijo ella, era la chica de extraño cabello rosado corriendo.

    -¿Qué quieres Sakura?

    -Etto…

    -Hmp.

    -Nos vemos –le dije y comencé a caminar, en realidad no me importaba su conversación.

    -Oye Midori –alcanzó a decirme, me detuve y giré la cabeza para verlo-. ¿Vas con Umi? –preguntó y asentí un poco confundida-. Vámonos.

     

    Empezamos a caminar juntos por unas cuadras, en realidad no sabía el rumbo que llevábamos hasta que él me lo hizo notar.

     

    -Sin mí estarías perdida –dijo arrogante.

    -¿Eh? -me detuve de golpe observándolo.

    -Hmp. Eres una tonta, no tienes ni idea de a donde te diriges –sonrió divertido.

    -¡Idiota, yo soy nueva en la ciudad y tu te ofreciste a llevarme! –le reclamé.

    -No, yo te dije que fuésemos, pero viendo que eres tan tonta, tendré que llevarte –dijo deteniéndose enfrente de un auto.- Sube –me dijo y enseguida él fue al asiento del conductor.

     

    -¿De dónde conoces a mi prima? –le cuestioné mientras me colocaba el cinturón.

    -Es la novia oficial de mi primo -arrancó el auto sin dirigirme la mirada

    -¿Shisui?

    -Hmp. Veo que a él también lo conoces -dijo sonriendo.

    -E-espera –dije reaccionando-. ¡Hija de su reputa! –pensé, ¿él era el primo del que Umi estaba hablando en la mañana?

    -¿Qué?

    -Eeeh… -fue lo único que pude articular.

    -Hmp, idiota –sonrió.

     

    No dije más, intenté concentrarme y memorizar el camino a casa, no todos los días Sasuke estaría ahí para llevarme. Por fin llegamos, el auto de mi prima estaba estacionado afuera, bajé y llamé a la puerta, enseguida alguien atendió, un chico guapo, era parecido a Sasuke pero tenía unas marcas en la cara, el cabello largo y era más alto.

     

    -¿Sí? –dijo él.

    -Hermano –escuché decir detrás de mí.

    -Hola Sasuke –dijo formando una sonrisa, tras de él venía corriendo mi prima.

    -¡Rin! –dijo, esquivó a el chico parecido a Sasuke y se lanzó a mi-. ¿qué tal el primer día?- me dio un par de palmadas en la espalda.

    -Bien –le dije correspondiendo un abrazo.

    -Hmp –dijo Sasuke serio, mi prima me soltó y vio a Sasuke, le sonrió y le sacó la lengua.

    -Bienvenido Sasuke –le dijo y seguido, aunque con esfuerzo, le acarició la cabeza.

    -¿Por qué no vamos todos dentro? –dijo el chico que no conocía y entonces entramos.

    -¿Cómo fue su primer día? –dijo emocionada mi prima sentada en el sofá.

    -Bien –le dije-. Conocí a unas chicas que…

    -La extrovertida gritona y el témpano de hielo –dijo Sasuke, interrumpiéndome rápidamente.

     

    Shisui, mi prima y el otro chico, se miraron y sin pensarlo un segundo comenzaron a reírse.

     

    -¿Qué? –pregunté sin entender.

    -Mira quién habla de témpano de hielo, Sasuke –le dijo burlón Shisui.

    -Y extrovertido… gritón… ¿no te recuerdan a alguien? -mencionó Umi moviendo sus manos simulando bigotes.

     

    Enseguida pensé en él, Naruto y por ende, comencé a reír.

     

    -No le veo lo gracioso –dijo Sasuke enfadado.

    -Tranquilo Sasuke –le dijo el chico de cabello largo con una sonrisa en el rostro.

    -Y, a todo esto, ¿por qué llegaron juntos? –preguntó curiosa y picarona mi prima, pero Sasuke respondió rápidamente sin dejarme hablar.

    -Me dijo que tú eras su prima –hizo una pausa-. Y la muy tonta no sabía como llegar.

    -Sasuke, ten más respeto –le regañó el extraño.

     

    Lo vi con molestia, era todo un maleducado. Iba a contestarle algo cuando mi estómago respondió por mi, avergonzándome.

     

    -Rin, ven conmigo a la cocina –mi prima se puso de pie, me hizo una seña con la mano y la seguí-. Por hoy, yo hice la comida, pero ya tengo los roles listos para ser sorteados y veamos que nos toca hacer a cada quien –dijo divertida.

    -¿Enserio? –dije incrédula, no podía creer que lo dejaríamos a la suerte.

    -Sí, podemos cambiar papeles si algo te incomoda, pero por lo pronto, ayúdame a poner la mesa.

     

    Pusimos la mesa y nos sentamos a comer, Umi a la cabeza, Shisui a un costado y yo del otro, junto de mi el extaño y a su lado, Sasuke. Hablamos un poco y por fin me presentaron al desconocido, quien resultó ser el hermano mayor de Sasuke, Itachi. Acabamos de comer y la familia Uchiha se marchó.

     

    -Muy bien –dijo Umi colocando todos los platos en el fregadero-. Es hora de la verdad –dijo tomando un par de dados y entregándome unos.

     

    Mi suerte estaba jodida. Casi todas las labores me tocaban a mi, aunque no eran tan complicadas realmente.

     

    -Excelente Rin –dijo anotando en una hoja las labores que me tocarían-. Los lunes, miércoles, jueves y viernes, te toca poner la mesa y lavar los platos; martes, jueves y viernes, sacar la basura y bueno, cuando nos toque lavar ropa ya volveremos a hacer este juego –dijo feliz, bailando discretamente-. Y pues para barrer y eso, ya nos turnaremos –sonrió ampliamente.

    -Te odio –pensé.

    -¿Qué quieres hacer ahora? -me observó intricada, recargando un codo sobre la mesa.

    -¿No tienes tarea de tu universidad? – pregunté. No sabía si ella estudiaba o trabajaba, pero pensé que lo más acertado era inclinarme por el estudio, debido a lo mencionado por mis padres.

    -Sí, pero la haré en la noche, ya para dormir, ¿que te parece conocer un poco de aquí? -sugirió.

    -¡Sí! -respondí gustosa con la idea.

     

    Salimos directamente al auto, a un centro comercial, vimos las tiendas y la ropa. Nos tardamos varias horas, en cuanto volvimos al auto recordé lo que había pasado en mi mañana, me armé de valor y hablé.

     

    -Umi.

    -¿Si? -voltéo su cabeza hacia mi un momento, mientras aún conducía.

    -El primo de Shisui, el que mencionabas en la mañana…

    -Ah, Itachi -respondió tranquilamente. - ¿Qué pasa con él?

    -¿No era Sasuke? -pregunté intrigada.

    -La verdad no pensé en Sasuke- se rió e hizo una pausa-. Aunque… ¿te gusta Sasuke? –dijo viéndome de nuevo, alzando ambas cejas.

    -No –negué rápidamente, moviendo mis manos a la par.

    -Bueno, qué se le va a hacer -se encogio de manos y continuó manejando.

     

    Regresamos un poco tarde a la casa, terminamos agotadas luego de dar todas esas vueltas en el centro comercial. Umi hizo la cena, comimos y fui directamente a la cama.




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