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    Dudas De Amor

  • Título del capítulo: 6. Tai, bebé de amor.
  • Fecha de publicación: 08/04/2019
  • Lecturas: 41
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  • Notas iniciales:
    La lucha contra sentimientos, el nacimiento de un nuevo ser y las dudas que resurgen con violencia.

    ¿Puede una pequeña porción de amor cambiar todo?



  • La Montaña Sagrada se encontraba en el mundo de los humanos albergando una variedad de animales y la belleza de flora, nunca se había imaginado Aya que estaría en un lugar que se viera tan normal y que al mismo tiempo fuera mágico guardando muchos secretos. Ahora la Montaña Sagrada sería un testigo silencioso de lo que ocurría en esa cueva cuando un grito desgarró el silencioso lugar.

     

    Sus garras se clavaban en la tierra, mientras que luchaba por respirar, el dolor constante le tenían al borde de derrumbarse, no tenía idea de cómo iba a salir su bebé, pero su instinto comenzó a prepararlo para lo que venía.

     

    Abrió los botones de la camisa y su pantalón, un nuevo dolor le obligó arquearse y luego volver a su posición fetal, era más de lo que podía tomar y comenzó admirar a cada mujer sin importar la raza el tener que pasar por un proceso tan agónico. Él sudor comenzaba a mojar todo su cuerpo, mientras que pedía agua que nadie llegaría a darle; sus blancas alas había salido de su escondite en el momento que una fina línea abría que se formaba abría su piel con el fin de expulsar al bebé.

     

    El llanto de un niño se escuchaba a lo lejos, no conseguía abrir sus ojos, pero sabía bien que alguien estaba a su lado, gimió cubriendo su cuerpo con sus alas, mientras que escuchaba murmullos, pero el cansancio y la falta de sueño de días atrás le habían llevado a un letargo del cual no deseaba salir.

     

    Los viejos recuerdos comenzaban a galoparse en su mente como un choque de trenes, podía ver a Kai, azotando su cuerpo y diciendo que le pertenecía, por otro lado estaba Fei quien le miraba en desaprobación, repudiando su existencia y ese llanto de un niño que le atormentaba, quería escapar de esa pesadilla, no deseaba estar consumido en la oscuridad, él odiaba la oscuridad como el silencio que se acentuaba desde que Kai se había marchado lejos de él.

     

    Sabía que estaba llorando porque algo húmedo bajaba por sus ojos, pero la calidez de algo, le entregaba un poco de paz al igual que ese murmullo que no conseguía comprender ya que sus palabras no eran tan claras como esperaba.

     

    —Es bueno que regresaras, él no ha dejado de preguntar por usted, siempre sentado en esa mecedora en la espera de su llegada. El niño está sano y me preguntaba a quien se parecería, al verlo es igual a usted, pero tiene los ojos de Aya.

     

    Negaba con su cabeza, la duda que ese pequeño ser que lloraba era su hijo se albergaba como mil puñales en su corazón, se negaba ante el pensamiento de ser su padre, no era algo posible cuando Aya Collins era la ramera de muchos hombres que le compraban por un poco de droga. Él estaba cumpliendo su parte y esa parte consistía en protegerlos y velar por el bienestar de ambos, pero los sentimientos no estaban en la lista de la consideración que le brindó al llevarlo de nuevo a la montaña.

     

    Estudió el sereno rostro de Aya cuando pasaba su mano por sus cabellos y mejilla secando esas lágrimas, podía sentir su tristeza balancearse a él con violencia al punto de darle repugnancia, no debería estar tan sumergido en la desesperación, pero comprendía bien la razón de ello.

     

    Por largo tiempo se quedó vigilando tanto al bebé como a Aya, la noche se cernía sobre el paisaje que dejaba escapar los tintes violetas y rojos dando paso al gris que se oscurecía, nunca se cansaría de ver aquellos cambios en el cielo, eran un consuelo en su solitaria vida en aquel confinamiento. Acomodó al pequeño en sus brazos, dejando que su pequeña cabeza estuviera en su pecho, era tan pequeño que parecía que podría quebrarlo con un solo dedo.

    < ¿Realmente eres mi hijo?, no puedo rechazarte u odiarte, la calidez que emanas me intriga porque solo eres un bebé.>

     

    El peso de una mano le obligó a despertar, mostrando en su rango de visión a Aya que estaba frente de él sacando el pequeño capullo que mantenía muy cerca de su pecho. Notó que el hombre le sonreía y mostraba en sus hermosos orbes una esperanza.

     

    —Gracias, por cuidarlo mientras estaba desmayado, gracias por volver Kai. El cielo sabe cuánto te he extrañado.

     

    — ¿Le has puesto ya un nombre?

     

    —Esperaba que su padre se lo diera, pero por el momento es mi bebé del amor.

     

    Un manto de tristeza nubló la esperanzada mirada de Aya, haciendo que Kai, solo asintiera y se marchara, ninguno iba a decir más y era mejor en aquel momento, no importaba lo que la Sacerdotisa mencionaba sobre los rasgos que se asemejaban a él.

     

    Incluso una punzada de celos le invadió al solo imaginar que Aya era mancillado por otros, es más dudaba que Aya supiera quien era en verdad el padre de su hijo. Ese amargo sentimiento le ensimismó poniendo distancia entre ellos lo mejor que podía, solo se dedicaría a proveer sus necesidades. La duda y desconfianza se mantenían vigentes.

     

    No hubo día que Aya no cantara al bebé del amor como solía llamarlo, no se atrevía a darle un nombre asegurando que debía ser el padre quien se lo diera y él por su parte se rehusaba a creer que era de su linaje, pese a notar ciertas cosas del pequeño, como esa mirada de truhán que Kouta solía hacer cuando busca algo de su interés, o esa nariz respingada de su padre, el color de su propio cabello.

     

    No era su hijo, era de Fei Zaho, quizá de Xian, por lo que le había contado Aya el hombre le sometió a todo tipo de torturas aberrantes que hasta sus genitales estaban tan maltratados que pensó que nunca funcionarían. Dejó que Aya terminara de darle el biberón al niño y despejara la cocina y así comer algo, estar cerca de ellos solo le recordaba lo que nunca podía tener. A veces le pedía a la Sacerdotisa que le brindara un tiempo para salir de ese infierno en que él mismo se confinó, pero solo se alejaba un par de horas o cuanto mucho día y medio.

     

    Las risas y llantos avivaban la silenciosa cabaña, en especial cuando el chiquillo comía algo que le gustaba o estaba irritado, todo dependía de su estado de ánimo, podía decirse que Aya había cambiado, ya no era aquel adolescente que llegó a su casa con un problema de adicción, ese nuevo Aya era muy distinto, más calmado quizá la palabra era sumiso, aún mantenía sus rasgos juveniles y un poco más larga su roja cabellera.

     

    Katze, llegaba con Kouta y eso siempre terminaba en una disputa de opiniones que no agradaban para nada a Kai, ellos venían a ver al pequeño bribón con sus manos llenas de regalos, no los necesitaba la verdad ya que él se había hecho cargo de esos detalles, pero no comenzó con la misma cantaleta de siempre.

     

    Kouta estaba orgulloso de saber que por fin era tío, aceptaba como un hecho de que Bebé de Amor era su sobrino y el hijo de su gemelo, Katze solo parecía estar en sueño, las asperezas entre Aya y él habían pasado a un segundo plano, pero lo que más maravillaba era que Aya poseía unas largas y blancas alas, una cola semejante a la de un gato así como las orejas, le hacían verse más hermoso, según la Sacerdotisa se debía al milagro de tener un hijo que había conseguido quebrantar los sellos de la Montaña Sagrada.

     

    —No estoy de humor Kouta, te lo advierto.

     

    —Estás perdiendo momentos muy importantes hermano, no puedes ser tan terco y mantenerte escéptico, si bien es cierto que él tuvo sus fallas, no mentiría ante algo tan importante.

     

    —Me ha mentido en otras ocasiones, incluso me intentó matar. Sé honesto conmigo Kouta, ¿le creerías cuando el ama a otro?

     

    —Para ser sincero no tengo una respuesta a ello. Amar duele, pero tiene sus buenos momentos, pero resulta solo un suspiro. Perdí al hombre que amaba Kai, simplemente una mañana ya no lo tenía conmigo, no te niegues a lo que la vida te está ofreciendo.

     

    Se había sumergido en las palabras de su hermano sobre tomar lo que se le ofrecía, pero el miedo a volver a padecer le impedía dar ese paso. Observó cómo Aya llegaba a él con platillo variado de aperitivos y un refresco el cual gustó aceptó, dejando a todos atrás para volverse a encerrar en su estudio donde pasa la mayor parte del tiempo. Esquivó el agarre del hombre de cabello rojo, no quería estar a su lado, no cuando su mente estaba fracturándose y el cúmulo de sentimientos le impedían ver o analizar todo con mejor objetividad.

     

    Le detuvo el gruñido procedente de Aya, no era amenazador, pero si demandaba atención, girando sus pies le estudió de manera minuciosa, podía ver como el que una vez tomó como pareja fruncía el ceño mostrando una mirada cautelosa y llena de dolor.

     

    —Nos evitas como la peste y puedo comprender las razones que intentas dar, pero es demasiado para soportar, no cuando se trata de nuestro hijo al que eludes gruñendo a todo el tiempo. Me puedes despellejar a mi señor Winchester, pero a mi Bebé de Amor no se le tiene permitido que lo juzgues ni condenes.

     

    El protestar sería muy fácil, así como dar una conferencia de argumentos por el cual Kai tenía dicho comportamiento contra Aya y su hijo, pero algo le silenció, quizá fue la verdad que se formó en cada palabra y ese gesto estoico para enfrentarlo. Desde que él llevó de nuevo al hombre este no gritaba o intentaba escapar, no hasta ahora que le hablaba de manera directa sin temor en su voz.

     

    Era muy distinto una pequeña fiera protegía a su cría con caninos y garras, le concedía el valor para defender lo que consideraba tan sagrado y especial. Su espalda erguida, mirada desafiante y una seguridad que nunca llegó a imaginar que poseía después de los sucesos en su vida, no dejaba ninguna posibilidad de debatir.

     

    Los pequeños pasos apresurados lograron interrumpir cualquier posible comentario, ambos estaban de acuerdo en que el inocente no debía estar rodeado de alguna disputa que ellos tuvieran, no ahora que el pequeño era como una esponja absorbiendo todo lo que la vida le estaba brindando a manos llenas.

     

    Aya miró una vez más a Kai antes de alejarse, nada empañaría el quinto cumpleaños de su hijo, aunque doliera que Kai rechazara a su hijo, él haría todo porque no sintiera nunca la usencia de su padre, ese niño era todo lo que le hacía feliz, su mundo, esa luz que alejaba la oscuridad de sus pesadillas, el consuelo de no tener al hombre que amaba entre sus brazos.

     

    Ciertas eran la palabras de Kouta que los momentos era un suspiro. Cinco largos años pasaron y sin poder detenerlos, ya no tenía apetito, no quería un sermón más, solo necesitaba meditar con respecto a lo que estaba sucediendo. Pensó por un momento que lo más sabio era fabricar un nuevo hogar al otro extremo de la montaña de esa manera tanto Aya como él estarían más cómodos sin tener que enfrentarse en alguna pelea verbal.

     

    Por momentos se maldijo ante la estupidez de haber acogido a Aya, él debió de llevarlo desde un inicio con Katze y que este se hiciera cargo de lo que ahora para él era un infierno cuando algo le tiraba desde sus entrañas por estar cerca del pequeño embustero y arrullarlo por las noches o enseñarle el oficio de carpintero, a pescar, habían tantas cosas que con gusto le ensañaría, pero lo que realmente le alejaba era el hecho de comprobar si el niño era suyo, ¿entonces qué haría, ¿cómo pedir perdón por fallar en esos largos cinco años?, ¿tan cobarde era para enfrentar que Aya había cambiado y que lo amaba?

     

    Podía ser que el nombre de Bebé de Amor fuera algo cursi o bien ridículo. Aya Collins le gustaba llamarlo así y parecía que el niño era feliz con su nombre, eso le recordaba que Kai lo negaba, pero no se permitió ir por esos caminos de torturantes pensamientos, así que sonrió cuando sujetó la mano de su pequeño y marcharon al otro lado del río donde iban cada cierto tiempo de picnic, luego se marchaban a la cueva donde Aya le contaba la historia de su nacimiento y terminaban comiendo golosinas en la casa del árbol que Kouta había hecho para su sobrino y que este disfrutaba estar.

     

    El enorme peluche le daba el abrigo necesario, mientras que ambos entablaban una conversación animada sobre lo que su pequeño señalaba, no había un día en que no se sintiera orgulloso de ser el padre de Bebé de Amor. En los calurosos días siempre dormían en una tienda de campaña admirando las nubes y sacando de estas alguna figura o solo admirando las estrellas, mientras que bebían un poco de chocolate caliente.

     

    No se preocupaba más por Kai, él iba y venía a su antojo, pese a que eso le hería profundo, dejó de decirle que lo amaba, a cambio recibía su ausencia. La Sacerdotisa no dejaba de mostrarse, era como si degustaba estar en la compañía del niño y sus cuentos sobre esa figura o luz, logrando que tanto Katze, Kouta o él soltaran carcajadas.

     

    Ciertos días se le podía ver a Kai teniendo pláticas dispersas con el niño, este entrelazaba cada tema, pero no se puede esperar mucho de un pequeño de cinco años, estaba creciendo rápido para el gusto de Aya, quería detener el tiempo y evitar el curso, no deseaba tener sus brazos vacíos cuando su niño fuera grande.

     

    Percibió una sombra correr al establo abandonado, molesto de que alguien encontrara una manera de entrar al sagrado lugar se dirigió con cautela, pero fue el llanto desconsolado lo que le obligó a correr. En el suelo estaba el hijo de Aya y en su pie descalzo hundido una estaca que salía entre el heno, se apresuró para auxiliar a Bebé de Amor, no entendía como estaba solo, ¿y dónde estaba Aya?, nunca le permitía estar lejos de él.

     

    — ¡Joder!, tranquilo te sanaré.

     

    — ¡Papi, papi!

     

    Con un rápido movimiento sacó la estaba incrustada en su pie y comenzó lamer la herida hasta cerrarla, agradecía que su lado demonio tenía esa habilidad y no solo la destructiva, el sabor metálico en su lengua le hizo desear probar más de ese pequeño, pero las fuertes imágenes comenzaron a llegar a él y el arrebatador sentimiento le golpeó con fuerza.

    < Es mi hijo, este niño es mi hijo>

     

    Ingerir la sangre de otros resultaba benefactor en momentos de crudas batallas, encontrando en la sangre de los enemigos sus más oscuros pensamientos, pero en ese pequeño ser, vio el momento cuando fue concebido. No dudó en sujetarlo en sus brazos, mientras que intentaba controlar la gama de emociones que le embargaban. Aya no le había mentido, él dijo siempre la verdad y realmente lo amaba.

     

    Lloró como nunca pensó hacerlo, mientras le pedía perdón a su hijo por haberlo negado durante tantos años, no quería soltarlo, quería recobrar lo que él mismo se negó y no podía culpa a Aya de su propia estupidez, su pareja al que negó de igual manera esa unión sagrada no le privó de que compartiera con su hijo, pero su dolor y el resentimiento ganaron ante toda razón.

     

    Las pequeñas manos del niño acariciaban sus mejillas borrando el rastro de sus agónicas lágrimas hechas de sangre, mientras que le sonreía como si le entendiera, pero Kai esperaba más su perdón.

     

    Siempre deseó la estabilidad de una familia, el tener su casa llena de niños que hicieran todo tipo de travesuras, pensó que nunca se daría tal sueño desde que le confinaron. Hablaba hora y horas con Kouta y Kaim sobre lo que significaba una familia para él, la prueba de su sueño hecho realidad estaba en sus brazos viendo directo a sus orbes inyectados de sangre por el incipiente llanto.

     

    Besó su cabeza observando la delgada figura de Aya en la entrada del establo, les miraba con curiosidad y nostalgia, no dudó en incorporarse para llegar al hombre de cabellos rojos y devorar sus labios con hambre de pasión, lujuria, posesividad, besarle con amor, que le fue correspondido con el mismo ímpetu de necesidad.

     

    Sonrió admirando a su pareja, mientras que su hijo buscaba la manera de escapar del encierro de esos dos cuerpos que no le permitía respirar. Kai soltó una carcajada por la manera tan enérgica con que luchaba su pequeño truhán y pese a no querer dejarlo marchar, lo hizo solo para escuchar cómo le contaba a Aya sobre su accidente y lo que Kai hizo para sanarlo, claro que en esa historia habían hadas, dragones y otras especies de seres, sabía que la Sacerdotisa le contaba cuentos y este degustaba de ello.

     

    —No tengo las palabras…

     

    —No hace falta decir nada Kai. Lo importante es que ahora sabes la verdad. A partir de esto podemos reconstruir todo lo que dejamos atrás.

     

    —Nada será fácil, tendremos nuestras peleas y reconciliaciones. No supe manejar las cosas desde un inicio.

     

    —Por eso somos pareja Kai, eso es todo lo que importa, Bebé de Amor es la muestra de que estamos destinados a estar juntos. Quiero ser parte de algo de pertenecer algún lugar.

     

    —Creo que ese no es un nombre apropiado para la criatura, muchos se burlarán de él cuando descubran como lo llamas.

     

    —Deja de burlarte de mí Señor Winchester, no eres gracioso.

     

    —Usted y nuestro me pertenecen solo a mí. Tardé mucho en salir de mi mundo Aya, pero ahora todo será distinto. Nos pertenecemos, supe cuando te vi aquella primera vez que eras el aliento de mi vida Aya Collins.

     

    —No me di cuenta que te amaba desde que te conocí Kai Winchester.

     

    —Tai Winchester Collins, será su nombre.

     

    Fin


  • Notas Finales:
    ¡Hola!, un fuerte abrazo a todos desde la distancia.
    Les he traído el final del fic, el cual espero que sea del agrado de ustedes.
    Son bien recibidos sus mensajes, buenos o malos.
    Gracias por darme el apoyo y seguirme.
    Kisus pervertidos.



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Reviews de Dudas De Amor
Por: Anónimo Fecha: 09/04/2019 14:03 Capítulo: 6. Tai, bebé de amor.
Review:
bebe de amor ....amo esta pareja

Respuesta:
Me hace feliz que sea de su agrado. Que te gustara por completo la historia.
Kisus pervertidos.
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