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    Dudas De Amor

  • Título del capítulo: 5. Búsqueda de sentimientos.
  • Fecha de publicación: 04/04/2019
  • Lecturas: 40
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  • Notas iniciales:
    Aya Collins lleva dentro de él un gran secreto, cuando Kai guiado por sus sentimientos se embarca en la búsqueda de su pareja se le revela la verdad oculta. El impacto que recibe le llena de dudas, pero de igual manera daría lo mejor de él para ayudar al hombre que le robó su corazón.

    Nota: Espero que les guste.



  • El aguacero se incrementó haciendo que temblara por causa del frío. Aún estaba conmocionado por la revelación de que en su interior estaba un ser creciendo, posó sus pálidas y frías manos en una forma de resguardar el producto de algún tipo de daño, luego de que Fei al darse cuenta de su estado le comenzara a dar golpes por un intento de matar lo que fuera que estaba dentro.

     

    Recorría cada callejuela oscura en busca de comer entre los contenedores de basura, estaba realmente asustado al punto de que no podía ir con Katze, Ya habían pasado dos meses y su abdomen estaba bastante pronunciado, según le dijo el doctor que en su raza la gestación tenía una duración de cuatro meses. Se encontraba cansado de vagar y soportar la humillación diaria al pedir algo de comer.

     

    No faltaba una mamada por un poco de droga, muchos dirían que un ser sobrenatural no podría estar afectado por algo humano, pero él lo era un caso extraño según Zaho. Vomitó al ingerir un poco de arroz rancio que sacó de una bolsa, esto no era vida y lo sabía muy bien.

     

    Kai ignoraba a su gemelo que intentaba sacarlo de aquel amargo estado en que se encontraba, eso aumentaba más si irritación, no quería la compasión de nadie, solo esperaba continuar su vida como era antes de la llegada de Aya Collins a su Montaña Sagrada, en una riña sin sentido para él Kouta desistió y no había vuelto ni llamado y eso le hacía sentirse mejor ya bastaba con la exasperante compañía de la Sacerdotisa que se empecinaba de que fuera en busca del hombre que amaba.

     

    Esbozó una siniestra sonrisa ante aquellas palabras que bien sabía eran pura patrañas y engaños por parte de ella con el fin de seguir destruyendo su ya solitaria existencia. Vagaba por el campo abierto mirado el huerto muerto y los caballos los llegó a vender, todo era sombrío y oscuro como resultaba ser él.

     

    Los discursos de la entidad le resultaban ser una tortura constante de que le siguiera recordando al que siempre le maldijo, ella por su parte alegaba que debía ir a buscarlo, que si no lo hacía pronto se arrepentiría por la eternidad, que el dolor que surcaría en él podría llegar a cegar su vida. No era fácil matar un demonio, pero si conseguían invocar la maldición podría morir por su propia mano. Los poderes podían ser usados contra sus enemigos, pero nunca para herirse a sí mismos.

     

    — ¿Dices que me concederás un tiempo fuera de la montaña para salir a buscarlo?, no soy tan estúpido para volver a caer en sus artimañas.

     

    —Te he condenado, pero ahora comprendo el error, por eso te he mostrado la visión, si no llegas en dos días por él este morirá y lo que han creado juntos se perderá para siempre.

     

    No llegó a comprender  aquellas palabras, solo podía ver a Aya en un callejón drogado y siendo golpeado por un borracho que le daba licor con el fin de aplacar su hambre. Sintió la ira elevarse ante ese acto y peor cuando Aya le suplicaba. Si era verdad lo que decía en esa visión la Sacerdotisa él debía llegar y salvar al chiquillo.

    Con un desganado asentamiento de cabeza la Sacerdotisa conjuró su libertar a la montaña, era el momento de salir y buscar a su tormentoso amor. El lugar no le era conocido, pero descubrió que no estaba en ese sitio y una vez más fue engañado por aquel maldito ser.

     

    Solo le restaba doce horas antes de que el plazo se terminara y ya podía sentir sus entrañas agitarse causando un agudo dolor evitando que continuara con su búsqueda no lo conseguiría y así fue. Solo le habían concedido dos días y no tuvo resultado, pero la visión de la Sacerdotisa volvió a él como si se tratara de algún cortometraje y pudo escuchar un gemido lastimero cargado de agonía que provenía de un edificio abandonado.

     

    El aroma a orín y otras más le llegó de impacto haciendo que se cubriera la nariz para evitar inhalar la podredumbre que se revelaba ante sus ojos. Entre cartones y un viejo borracho estaba Aya encadenado con unas esposas a la muñeca del hombre. No lo pensó mucho para acercarse y destruir el artefacto que le ataba a ese infeliz humano. Lo alzó notando cuan delgado estaba, pero él se encargaría de ellos cuando estuvieran en casa.

     

    — ¡Kai!, te amo Kai.

     

    —Tranquilo, hermoso, estás a salvo.

     

    El dolor agonizante le obligaba a ir más rápido de lo que podía, sus fuerzas estaban por ceder, pero al ver el cuerpo inerte de Aya en sus brazos se rehusaba a darse por vencido, eso no estaba en sus planes. La lluvia comenzó azotar con más fuerza y se vio obligado a envolver ese cuerpo lo mejor que pudo hasta que consiguió ver el sendero que le llevaría a su hogar. Pronto se encargaría de las necesidades de su Aya.

     

    La voz femenina se alzó sobre la fuerte tormenta, mientras que él descubría lo que tanto protegía Aya con sus brazos al no salir de esa posición fetal. Su abdomen estaba crecido y se notaban los sutiles movimientos dentro de este, posó su mano en ese abultamiento sintiendo como el ser dentro de Aya se agitaba más.

    ¿Un hijo?, las preguntas comenzaban a saltar desde ¿quién era el padre? y ¿el cómo Aya, pudo quedar embarazado?, solo el chico que temblaba entre sus sueños podría responder a cada una de las preguntas, pero juró en ese momento que él velaría por ambos.

     

    Desnudó su cuerpo notando cortes y golpes que comenzaban a sanar, lo que no gustó fue ver aquella marca en el pecho de este, él podía quitarla ya que total era un hecho de que Aya era su pareja aunque él había negado la unión cuando lo dejó libre, quizá por eso otros le pudieron tocar sin morir.

     

    Esperó tranquilamente sentado en una silla a que su pareja despertara, ya comenzaba a preocuparse por ello. Dos semanas en que volvía y de nuevo quedaba dormido, podía sentir el cansancio, pero apartarse no era una opción justificable, cuando lo invadía la culpa de lo que le había pasado a este. Si hubiera luchado más Aya estaría no solo protegido si no que amado.

     

    — ¡Kai!...

     

    —Estoy aquí Aya, todo estará bien.

     

    — ¡Te amo!, no lo sabía en ese entonces y cuando fui yo supe que te amaba.

     

    —Traeré algo de comer, necesitas alimentarte y al bebé.

     

    Aya se mordió sus labios para no suplicar que le creyera, Kai no hizo mención alguna sobre su declaración, él había intentado matarlo y lucho en su contra tantas veces como pudo con el fin de salir de aquel lugar. Se giró abrazando su abultado abdomen, sabía que Kai era el padre del pequeño que llevaba dentro ya que si bien era cierto nadie lo tocó incluso Fei se mantuvo alejado de él cuando observó como Xian caía al suelo sin vida.

     

    Se enjugó las lágrimas que salían contra de su voluntad, no deseaba que Kai le viera en un lastimero estado más del que ya se encontraba cuando le recogió de ese lugar. Se encontraba perdido y consumido en una abrumadora soledad y ahora que estaba de vuelta en la Montaña Sagrada todo volvía a encajar a la perfección aunque Kai le ignorara tuvo la urgencia de gritar de llorar, pero nada conseguiría dejando escapar esas reacciones. Aprendió muy bien a quedarse en completo silencio.

     

    Se esforzó en incorporarse para recibir gustoso esa sopa caliente, por fin algo decente que comer y no sobras rancias, desperdicios que encuentras en los basureros, esto era distinto y exquisito, pero lo que más le reconfortaba era aquella presencia varonil una fuerza que gustaría siempre sentir cuando Kai estaba a su lado. Sus manos le temblaban al poder una de esas manos enormes rozar su brazo al intentar ayudarle. Ahora todo iría bien estando con él.

     

    —Prepararé una mejor habitación para que descanses, la verdad no tuve el tiempo suficiente para poner en orden esta.

     

    — ¿De verdad quieres que me quede?

     

    —Cuidaré de usted y el bebé que llevas Aya. Puede que sea un monstruo, pero incluso nosotros tenemos sentimientos.

     

    — ¿Eso significa que me perdonas y podemos estar juntos?

     

    —Nada ha cambiado Aya, solo ofrezco mi ayuda.

    < Duelen sus palabras y yo quiero que me ame, que me crea cuando le estoy diciendo la verdad.>

     

    No consiguió levantar su cabeza y mirar aquellos hermosos orbes que le asechaban en sus sueños eliminando cada pesadilla, no articuló palabra alguna ya que su garganta estaba seca, solo asintió, era mejor obtener las migas a que carecer de ellas, por lo menos podría estar cerca y se repetía en su mente que si le decía a menudo que lo amaba quizá él por fin le podría creer.

     

    Lucharía por conseguir que Kai al fin le perdonara y comprendiera que no mentía, pese a tener la necesidad de consumir más drogas, pero al parecer su pequeño le quitaba desde adentro tal necesidad, había notado que su bebé le curaba y de alguna forma le protegía aunque los dolores eran fuertes, siempre terminaba sanando.

     

     

    Kai observaba desde la ventana de su balcón como Aya acariciaba el pronunciado bulto, podía escuchar como este le cantaba y reía de alguna locura que pensaba hacer cuando él o ella tuviera la suficiente edad para divertirse. Había construido un pequeño campo de juegos para el bebé, pero parecía que a Aya le gustaba solo el columpio porque todos los días iba y sentaba por horas en el mismo lugar.

     

    Le había informado a Katze que Aya regresó con él contando a este cada uno de los detalles, pero lo que más le sorprendió fue que este le confesara que Aya solo podía quedar en cinta si le reclamaban. La duda comenzó afectarle al no saber si era posible que ese bebé fuera o no suyo, la inquietante incertidumbre le tuviera en pendiente y por mucho que trató de abordar el tema con Aya este se negaba a decir palabra.

     

    Con justa razón le comprendía cuando él mismo le llegó a dejar en claro que solo velaría por el bienestar de ambos no que se metería en su vida privada. Muchas veces pensó en formar una familia tan grande como lo hizo su padre Aron, pero esa posibilidad le fue arrebatada cuando le condenaron y ahora podría conseguirlo.

     

    Sacudió la cabeza alejando todo pensamiento, no iría por ese camino, esperaría el momento y solo entonces sabría la verdad. Ya se aproximaba la llegada del retoño y no podía evitar esbozar alguna sonrisa discreta cuando Aya intentaba caminar normal, pero lo redondo de vientre no se lo permitía. Le ayudaba a bajar las gradas, levantarse o acostarse, eran momentos hermosos que estaban compartiendo.

    Él mismo que había puesto distancia entre ellos se veía emocionado mostrando un catálogo de como querían una habitación perfecta para el nuevo invitado que inesperadamente estaba por llegar. Aya por su parte nunca perdía su tiempo en decirle cuanto lo amaba y él dejó de luchar contra ello, solo asentía y le revolvía sus cabellos, pero no gesticulaba una palabra referente a ese tema, que aún le dolía.

     

    No quería alterar al hombre en su estado, eso no iba con él a pesar de ser un maldito en muchos aspectos. Era mejor no alimentar con esperanzas falsas de algo que no podía ni consideraba dar de nuevo que era su corazón al chico que con afán dejaba en claro si odio. Se rehusaba a toda clase de sentimientos que le hicieran cometer los mismos errores que casi le cuesta su cordura y algo más esos largos días fueron tortuosos, nunca antes imaginó volver a llorar de esa manera. La primera vez que lo hizo fue por la pérdida de Kaim y luego por Aya Collins.

     

    — ¿A dónde se ha marchado?

     

    Dio un sorbo al chocolate caliente en espera de la respuesta por parte de la Sacerdotisa, quería saber la razón por la cual Kai se marchó, ese hecho le embargó de angustia, solo esperaba el pronto regreso. Acarició su barriga que resultaba ser su mayor consuelo en momentos así.

     

    Kai le esquivaba cuando expresaba sus sentimientos por él, sí era doloroso más no pensaba rendirse. Buscó la mejor manera de acomodarse en esa mecedora imaginando a su bebé en sus brazos y Kai a su lado. Secó esa solitaria lágrima sin dejar de soñar.

     

    —Él va y viene a su antojo, solo me ha solicitado un prolongado tiempo para salir de la montaña y sin preguntas se lo concedí. Volverá.

     

    —Lo escuché hablar con Kouta, le confesó que no estaba seguro de haber tomado la decisión correcta al traerme aquí. Sin embargo habilitó una habitación especial para el bebé, yo quiero que regrese, lo necesito.

     

    Los días continuaban pasando y sin rastro de Kai, cada dos días Kouta su gemelo le llevaba lo necesario para alimentarse, por mucho que implorara al gemelo donde se encontraba Kai este no dijo palabra solo se marchaba. Podía sentir el frío asentarse en su corazón al no poder estar junto al hombre que amaba.

     

    Comprendió que era solo un caso de caridad y el hecho de que le permitiera quedarse en ese lugar no tenía que ser necesario quedarse ahí. Ese pensamiento le hizo temblar por causa de un sollozo, pronto tendría su hijo y pese que Katze llegaba con el fin de ayudarle se negó a recibirlo, no quería a nadie que no fuera Kai.

     

    La cabaña tenía ese silencio y quietud que le conseguía atemorizarlo, odiaba estar a solas. Envolvió su desnutrido cuerpo con una manta y salió al sereno de la noche, podía ver la deslumbrante luna y las estrellan con su tintineante brillo, sonrió para sus adentros al ver una enorme figura caminar directo a él. Kai se veía hermoso y no dudó en salir corriendo a sus brazos, pero este clavó la misma daga que él usó en su contra abriendo su abdomen con el fin de matar a su bebé.

     

    —No puedes matar a nuestro hijo Kai.

     

    Abrió sus ojos en un incontrolado llanto, había tenido muchas veces la misma pesadilla que le producía un siniestro temor, quizá era mejor irse de aquel lugar, sus pensamientos se dispersaban por todas partes, no quería continuar de esa manera que solo le estaba atormentando más.

    Sus manos le temblaban, mientras que en un intento desesperado buscaba un poco de consuelo al frotarse los brazos para darse algo de calor. Kai, no volvería y él le amaba, todo estaba perdido y comenzó arrepentirse de su actuar. Se incorporó alistando una pequeña bolsa con la ropa necesaria para él y su hijo, era momento de marcharse y hacer su vida lejos de un imposible.

     

    Podía escuchar la voz de la Sacerdotisa que intentaba persuadir su locura de alejarse en su estado, eso solo podría complicar las cosas, el bebé nacería en cualquier momento y no estaba pensando en ello. Con aflicción en su mirada respondió a las palabras del ser que se proyectaba en una esfera de luz.

     

    —No destruyas lo poco que queda Aya, Kai solo actúa por instinto y es el instinto más fuerte que toda razón. Regrese a casa y piense en ese pequeño que pronto nacerá.

     

    —Escuché una vez Kai decir que no confiaba en usted, ¿por qué debo yo hacerle caso a sus elocuentes palabras?

     

    —Puede que sea cierto engañé a Kai, pero recuerda que el tiempo que hemos estado solos los dos tiende uno a cambiar. Hago esto porque de alguna manera le quiero.

     

    —Ambos le hemos herido, ¿no es así?, lo odiaba por retenerme, por humillarme, pero todo cambió cuando llegué con Fei, descubrí que al que realmente amaba era a Kai y sé que él no me lo cree.

     

    —Solo está luchando contra sus sentimientos, cuando esté listo vendrá, no quiere lastimarte, pero debes saber que aun así las cosas no serán fáciles.

     

    Todo su mundo había cambiado de la noche a la mañana, las cosas eran diferentes y llegó a comprender que la espera resultaba ser un juego lleno de angustia. Esperaría la llegada de Kai, ya fuera un pronto regreso o uno muy largo, no importaba estaba dispuesto a ello, quería recuperar lo que tuvo en su momento y perdió.

     

    Como consuelo entró en la exquisita habitación de su pareja y se apoderó de una de sus camisas, esta mantenía su aroma así como toda la habitación, pudo notar que cada mueble era tallado a mano una obra ante la apreciación de Aya, hurgó un poco entre los cajones de la cómoda y el closet. Se llevó consigo varias prendas y las puso en su cama con el simple fin de dormir con ellas para hacer de esa espera menos dolorosa.

     

    Rondaba el lugar observando el establo que tiempo atrás Kai llegó a construir, quería saber que sucedió con los caballos, pero no tendría respuestas por parte de la Sacerdotisa, ella solo se presentaba cuando quería hacerlo, así la llegara a invocar. Comenzó a trabajar en su pequeño huerto tras darse cuenta que Kai poseía diferentes semillas, eso le gustó.

     

    Pasaba sus días en ese huerto comiendo algo ligero aunque le resultaba difícil por tener un vientre muy abultado y que apenas le dejaba caminar, pero ni su hijo ni nadie le impediría hacer lo que deseaba, pero en esa mañana todo era distinto, se había aventurado en buscar al pueblo un abono cuando a mitad de regreso a la cabaña un dolor punzante cruzó en un costado logrando que cayera de rodillas jadeante, no podía enderezarse del todo, pero continuó hasta volver a caer cerca de una cueva a sabiendas que no llegaría más lejos y que la noche le alcanzaba se vio forzado a quedarse en ese espacio frío y lleno de maleza que se aferraba a la entrada mostrando una profunda oscuridad. 


  • Notas Finales:
    Gracias a todos los que me han seguido durante tanto tiempo y leen mis escritos, espero que este capítulo fuera de su gusto.
    Kisus pervertidos.



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