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    Dudas De Amor

  • Título del capítulo: 3. Perdiendo el control.
  • Fecha de publicación: 21/03/2019
  • Lecturas: 38
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  • Notas iniciales:
    El reconocer un sentimiento puede ser lo más hermoso cuando se es correspondido, pero todo se vuelve triste cuando comprendes que la única emosión que ensiendes en la otra persona es el desprecio.

    Un acto dice más que cualquier palabra.



  • Dos semanas en aquel confinamiento en que su verdugo le obligó a estar al punto de ni siquiera poderse asear un poco. Se le daba la comida y él en ocasiones se negaba a probar a menos que Kai tomara cartas en el asunto y le obligara a que ingiriera los alimentos que le daba. Sabía muy bien que el demonio no le permitiría matarse de hambre y eso le costó que le marcara sus nalgas cuando le golpeó con rudeza con esa fusta al punto de orinarse.

     

    Cada ruido procedente del vestíbulo o del viento agitando las hojas de los árboles le ponía a temblar, logrando que se odiara por ser tan cobarde y no enfrentar a Kai como debía, por el contrario, se dejó vencer pronto por el miedo que le carcomía las entrañas.

     

    Se dirigió al rincón más oscuro cubriendo su desnudo cuerpo con la manta que le había dado para que se abrigara, no quería más dolor, no quería otra sesión de castigo, solo necesitaba recuperar su propia confianza. Las gradas gimieron ante el peso de Kai y no era para menos cuando el sujeto medía en un aproximado de dos metros quince, si se ponía a pensar detenida mente él era hermoso, pero no dejaría que tales pensamientos dieran lugar en su mente.

     

    —No me lastimes más, se lo imploro.

     

    —Ven conmigo, no le haré nada, quiero que te bañes y salgas. 

     

    — ¡Mentira!, solo intentas engañarme para torturarme, ¡quiero que me dejes ir!

     

    — ¿Cuándo dejarás de luchar contra mí?, ¿por qué te empeñas a obligarme que te someta? 

     

    —Nunca me someteré a usted maldita escoria. ¡Te odio!

     

    —Te sugiero que subas y te asees, luego que bajes al comedor, no te gustará que venga por usted.

     

    Le dio la espalda subiendo las gradas dejando a un Aya, que solo le gritaba improperios y de los cuales ya estaba cansándose de escuchar, para su tranquilidad observó como este llegaba al comedor, pero no se atrevió a entrar así que con un simple gesto le invitó a sentarse, podía notarse los indecisos pasos que daba, lentos, medidos. Se incorporó comenzando a servir la comida que había preparado.

     

    Ambos comieron en completo silencio y sin tener que estar forzando a Aya para que llevara una cucharada a su boca, eso estaba bien. El sol del mediodía alumbraba toda la estancia en donde se encontraban, por suerte no llovería por el momento y quizá su pareja pudiera recibir un poco de calor y aire fresco.

     

    —Tienes permiso de salir un rato, he construido un pequeño kiosco con unas bancas donde podrás sentarte. Es una hermosa vista la verdad, sé que te gustará.

     

    Con una disculpa se marchó llevando consigo los platos sucios, debía atender sus responsabilidades, se había dedicado en hacer una pequeña granja y un huerto, se había tomado la libertad de comunicarse con Kouta y preguntar sobre las cosas que le gustaban a Aya, nunca se imaginó que un chico de ciudad y tan mundano gustara de los caballos y de la siembra.

     

    Tenía el pensamiento de cambiar las cosas entre ellos, necesitaba mostrarle a Aya Collins, que no todo debía de ser malo, que podía ser feliz y que su antigua vida podía quedar atrás en su pasado donde debía de estar, quizá no resultaría, pero estaba dispuesto a intentar y comenzar el cortejo.

     

    Pasó su enorme mano por el suave pelaje de aquél pura sangre que logró conseguir a un buen precio, supo que era perfecto para que su pareja lo montara. Lo llevó al establo antes de que las primeras gotas de lluvia comenzaran a caer, pasó el resto de la tarde y parte de la noche terminando el recinto donde estaban el par de caballos, dejaría que Aya hiciera su propio huerto así que solo compró los artículos necesarios para que comenzara con ello.

     

    Todas las luces se encontraban apagadas, ya era pasada las diez de la noche, subió las gradas que le llevarían a su habitación, necesitaba ducharse antes de bajar a cenar algo, pero no sin antes revisar a su pareja.

    Abrió la puerta y encendió la luz de la recamara notando que esta estaba vacía, esto le estaba cansando. Cómo un huracán salió de la cabaña la montaña podía ser engañosa en la noche y peor aún con aquella lluvia que aumentaba más. Sacó a su caballo y comenzó la búsqueda. Una hora después le encontró encogido entre una cueva, temblaba de manera incontrolada, desmontó sacando al chico al que cubrió con su abrigo como forma de evitar que la lluvia le golpeara, lo subió al caballo y se lo llevó a casa.

     

    —Tengo el poder de permitir quien sale o quien entra en esta montaña. No hay forma de que escapes señor Collins, pensé que habías comprendido eso.

     

    —Déjame ir, odio este maldito lugar, lo odio a usted.

     

    —Dime algo que yo no sepa querido. 

     

    Lo besó devorando con hambre esos apetecibles labios, mientras que obliga al permanecer quieto entre sus brazos, quería volver amarlo, poseer su cuerpo y hacer que este gritara su nombre. Le acarició el pecho al paso que lo despojaba de su camisa empapada por la lluvia, sintiendo sus pequeños espasmos, no estaba seguro si era por el frío o por el miedo de que sería castigado por escaparse, no pensaba en ello ya que solo quería amarlo de la forma que él sabía.

     

    Lo acostó despojando su cuerpo de su ropa y terminar de desvestir a su pareja, estar piel con piel resultaba ser una sensación muy placentera, pero el llanto y los ataques de Aya, le obligaron a detener su avance cuando este le suplicaba que no deseaba ser violado, que no quería sentir más dolor y eso consiguió incorporarse para atraer ese cuerpo a sus brazos. Besó sus rojos cabellos pasando su mano por la espalda de este que solo se encogía, ¿tanto miedo le tenía Aya?

     

    —No temas mi hermosa pareja, solo siente el placer que te puedo dar.

     

    Logró mantenerlo sereno mientras que se introducía entre sus piernas, besando su rostro hasta bajar a uno de sus pezones el cual atacó con pequeños mordiscos y lamidas, con su mano libro acogió sus bolas dando un poco de masaje estas, quería que su amante se perdiera en el placer y se fundiera en el deseo, que comprendiera que nadie jamás le desearía tanto como él.

     

    Serpenteaba su lengua jugando de manera alternada en sus pezones ya erectos y sensibles, siguió su camino hasta el ombligo donde se entretuvo unos pocos segundos hasta llegar al comienzo de su pelvis. Admiró el vello que apenas mostraba una capa alfombrada sobre su semi despierto miembro, le dio un par de latigazos a la punta con su lengua escuchando los gemidos de placer que comenzaba a tener su pareja.

     

    Era reconfortante que el saber que este estaba disfrutando de lo que él le hacía a su cuerpo infantil, era perfecto. Engulló todo el pene hasta detrás de la garganta donde comenzó a dar un masaje con los músculos de esta, lo sacó dando varias repeticiones de lo mismo, mientras que su mano libre hurgaba por el botón rosado que comenzaba abrirse y cerrarse por la necesidad de ser invadido. Sonrió cuando Aya daba cortas y desesperadas estocadas a su boca, hasta que este se corrió con un fuerte grito y el por su parte tragó todo, pero no lo soltó continuó chupando, mientras que lo estiraba, luego soltó el flácido pene que intentaba volver a la vida para lamer ese orificio entre sus nalgas.

     

    Se deleitó ante tal espectáculo en que su pareja era el protagonista de sus más oscuras pasiones. Al percatarse de que estaba ya listo retiró sus dedos y se posicionó entre sus piernas guiando su pene al interior de ese espléndido cuerpo. Atacó sin presión esos labios que se abrían dándole la bienvenida, se detuvo al notar el malestar de Aya, sabía que era grande y debía de dolerle así que le dio el tiempo necesario para que se acostumbrara a la invasión.

     

    Solo bastó el sutil movimiento de este al intentar empalarse, así que arremetió con vaivenes lentos y profundos toda una danza en que ambos estaban sudando y gimiendo, la primera vez que había tomado a su pareja no se preocupó por darle placer, sabía que Aya no se corrió por la manera en que fue tomado, ahora sería diferente.

     

    —Puedo ser una bestia o un caballero, pero que te quede claro que eres mío, pareja.

     

    Aumentó el ritmo de sus estocadas hasta que ambos sincronizados gemían al sentir la pronta llegada del orgasmo que se formaba el cosquilleo por la columna hasta tensar sus cuerpos. Mordió el cuello de Aya, rompiendo su porcelana piel uniendo sus almas una vez más. Gruñó su placer llenando la entrada de este cuando el calor del semen impactó el abdomen de ambos.

     

    No dijeron nada, Kai se salió de su interior poniendo su antebrazo cubriendo los ojos y Aya por su parte le dio la espalda dejando escapar lágrimas, al darse cuenta que había disfrutado de aquel momento, que una vez más Kai le había humillado.

     

    Aya se incorporó saliendo de esa habitación al notar que Kai se había dormido, él por su parte se sentía bastante cansado por cómo llegó a cambiar su vida de la noche a la mañana, ahogó el grito de frustración cuando este amenazó con salir resultando casi imposible respirar, pero no le daría gusto al verdugo que le escuchara llorar de nuevo.

     

    Dejó que el sereno de la noche entrara por los ventanales corredizos dejando que su opresión en el pecho dejara de doler, Katze le había condenado y ahora estaba emparejado a un demonio que no amaba, un ser que le robaba con cada acto de castigo su voluntad. Nunca antes había sentido tanto miedo, ni siquiera a la oscuridad y ahí estaba con todas las luces encendidas que alejaran todas las sombras que quisieran llegar a él.

     

    Cierto era que la vida al lado de Fei no era la mejor, pero eso que le podía importar cuando era un adicto, el hombre le había enseñado muchas cosas, le instruyó de cómo debía satisfacer sus necesidades y le mostró que cada error tenía una consecuencia, pero si lograba hacer algo de su agrado obtendría siempre la mejor de las recompensas. En algún momento de ese duro estilo de vida él se enamoró de Fei.

     

    Su pasado fue muy tormentoso él conocía ciertos secretos del refinado hombre, pero de Kai no conocía nada, solo que tomaba todo de él cuando quería y eso a Aya no le gustaba. No deseaba ser su pareja y el maldito demonio le condenó a ello declarando por medio de una violación que le pertenecía.

     

    Los guardianes le hicieron humano solo su parte del Dorado podía al menos sacar sus pequeños colmillos y garras, sabía que era rápido al correr, pero su demonio estaba sujetado por el conjuro de restricción, pero eso no impedía que pudiera vengarse de Kai, por tantos golpes que le dio, por haber mancillado su cuerpo sin su consentimiento. 

     

    — ¿Qué haces aquí?, ven conmigo tienes que descansar, antes de que el sol salga debemos partir.

     

    — ¿Me podré ir mañana de este infernal lugar?

     

    —No. Tengo una sorpresa que te gustará, cabalgaremos juntos, pero no saldrás de mis dominios Aya, es mejor que proceses ya ese conocimiento. Eres mi pareja y no te alejarás.

     

    — ¡Maldito seas!

     

    Un beso fue la respuesta a su insulto, eso le molestó mucho más, estaba agotado de ese juego y su corazón se sentía diez veces más pesado por causa de la desesperación de encontrarse cautivo, si solo pudiera marcharse de una buena vez sería el hombre más feliz, pero no pasaría a menos que planeara muy bien su próxima jugada.

     

    Aya observó cómo se marchaba dando largos pasos hasta la escalinata la cual subió de tres en tres, dejando por fin entrar aire a sus pulmones al darse cuenta que de nuevo estaba solo, mientras que sus pensamientos se dirigían a un solo objetivo. Matar a Kai.

     

    Amaba los caballos, la libertad de cabalgar le gustaba, Fei tenía centenares de esos espléndidos animales cuales vendía a precios exagerados, pero podía comprender la razón de ello por ser solo una raza pura. Según descubrió Aya en su momento era un buen negocio y mampara para ocultar el verdadero trabajo de Fei como líder de la Mafia.

     

    Pasó sus manos por el pelaje del animal que relinchaba y se agitaba un poco, era hermoso y esperaba de verdad poder montar. Kai lo tenía ensillado para él y sin dudar le ayudó a subir en el caballo. Rojo, así le había nombrado ya que su largo crin era de ese color como su cabello, Kai había pedido que nombrara su caballo y él accedió con una sonrisa genuina y le dijo que debía llamarse Death. 

     

    Este parecía conforme con ese nombre y por un momento sintió pena por el animal llevando ese horrible nombre. Esbozó una sonrisa genuina al comenzar la cabalgata, sintiendo que le bañaba una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo.

     

    Recorrieron hasta los límites de la Montaña Sagrada y Aya reconoció que el lugar era impresionante, si no hubiera sido retenido a la fuerza y obligado a permanecer en ese lugar estaría disfrutando todo el tiempo. 

     

    Luego de un par de horas vagando por esas tierras y poniendo a descansar a los caballos las gotas de lluvia comenzaban a caer haciendo que el aroma de la tierra se intensificara. Con un asentamiento de cabeza estuvo de acuerdo en volver a la cabaña, pero él tenía otros planes que le concederían su libertad. 

     

    Antes de que Kai le volviera ayudar a subir Aya le clavó repetidas veces en el pecho la daga que llegó a encontrar en el encierro oscuro donde solía Kai dejarlo por días como castigo. No se atrevió a pensar en nada más que matar a su captor con el fin de ser libre.

    Cuando el cuerpo del demonio cayó en la tierra montó a Rojo y cabalgó sin mirar atrás, era libre y su corazón comenzaba a latir de la emoción de que alcanzaría su mayor deseo desde el momento que llegó a ese infierno. Nadie le volvería a retener en contra de su voluntad, luego pensaría en como vengarse de Katze.

     

    La lluvia comenzó aumentar, pero eso no le detendría, no podía darse ese lujo cuando ya podía ver el pueblo a una corta distancia, soltó un grito de triunfo cuando llegó a la falda de la montaña y sonrió, pero el característico sonido de unos casquillos le hicieron detenerse al notar que Kai le alcanzaba, no podía creer que siguiera vivo, no había manera de que el demonio siendo humano podía continuar con vida.

     

    Se vio obligado a reanudar la carrera sin importar que el animal pudiera estar cansado, tenía que alejarse de Kai, porque si este llegaba a él todo estaría perdido y fue cuando una ola de miedo se incrustó en su pecho, estaba a escasos metros del sendero que bajaba al pueblo cuando su caballo se elevó en sus patas traseras logrando quitarse a Aya de su lomo, el animal parecía estar agonizando cuando intentaba que diera un paso fuera del bosque.

     

    —Avanza maldita bestia, tenemos que marcharnos cuanto antes.

     

    Sacudía aún su cabeza por el aturdimiento del golpe, pero era imposible lograr que Rojo diera un paso por el contrario comenzó a elevarse lanzando a él sus patas delanteras cuando jaló más las riendas, cayó al suelo viendo a la fiera que le iba a tacar, así que intentó cubrirse esperando que el caballo arremetiera en su contra, pero no sucedió así que se atrevió abrir sus ojos para ver a Kai, calmando a rojo.

     

    Podía ver la camisa llena de sangre, pero él estaba completamente sano, este le dio unas palmadas en el hocico del caballo atando las riendas en la montura de Death, Quiso incorporarse para salir corriendo, pero la intensa mirada y la negación de cabeza que le hizo Kai, le mantuvo quieto y con un fuerte deseo de obedecer.

     

    El ceño fruncido y esa mirada tan fría, le sacudió las entrañas, no había una pizca de gentileza que llegó a notar en la mañana cuando desayunaban, fue todo un caballero educado, incluso le había tomado en cuenta su opinión para hacer arreglos en la cabaña. ¡No!, el hombre que estaba ahora frente de él destilaba un aura de poder, algo maligno, una fuerza a temer, quiso articular unas palabras, pero solo un gesto con su mano le hizo callar.

     

    —No quiero escuchar nada de lo que tengas que decir. Ni siquiera sé que castigo te mereces por atacarme. ¿Dime Aya que castigo te mereces?

     

    Espetó observando al chico que solo negaba con su cabeza sin poder dar una respuesta, Kai ardía de ira por el acto tan desalmado que recibió, pero el dolor desgarraba su ser al saber que fue su pareja quien intentó asesinarlo. No se arrepentía de su proceder para tratar al chiquillo, pero nunca había cruzado por su mente matarlo. 

     

    Llegaron a casa en un sepulcral silencio en el que ninguno de los buscó la manera de quebrantar. Aya se dejó caer en el enorme sofá mirando de reojo a Kai, que caminaba por la estancia con pasos medidos.

     

    —No me arrepiento de aplicarte castigos, no me arrepiento de haberte tomado a la fuerza.

     

    — ¡Me violaste!

     

    —No me importa escuchar cuanto me odias, pero hay algo de lo que realmente me arrepiento dulzura. 

     

    Se detuvo a unos cuantos pasos de donde Aya se encontraba sentado solo para inclinarse y sujetar con fuerza aquel mentón admirando tan hermosos luceros que poseía como orbes los cuales admiraba así cómo cada rasgo delicado de aquella criatura que deseaba solo para él, pero era evidente que no conseguiría nada por parte de Aya más que palabras hirientes y quizá nuevos intentos de matarlo.

     

    — ¡Aya!, ¡mi Aya!, tan hermoso, cómo me arrepiento de haberte hecho mi pareja.


  • Notas Finales:
    ¡Hola!
    Es un placer poderles dejar este nuevo capítulo, el cual espero sea de su agrado. Mil gracias por darme el apoyo en todo momento.
    Un fuerte abrazo. Les quiero mucho.
    Kisus pervertidos.



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Reviews de Dudas De Amor
Por: Anónimo Fecha: 09/04/2019 12:32 Capítulo: 3. Perdiendo el control.
Review:
Kai TwT mi bb....olvide cuanto sufrio....ambos

Respuesta:
Sí, igual yo sentí mucho su dolor. Me alegra que te gustara.
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